Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

Biblioteca
www.iglesiareformada.com

PREFACIO

Antes de comenzar, convendría decir algo acerca del alcance y propósito del presente libro. No pretende ser una Introducción General al Antiguo Testamento, sino más bien una Introducción Especial. Tampoco trata de agotar el campo en esta materia, pues el asunto en cuestión es tan vasto, que no puede estudiarse completa y adecuadamente dentro de los límites de un solo libro. Por lo tanto, el presente estudio sólo se limita a considerar aquellos aspectos más fundamentales de la Introducción Especial. Es por ello que será a las características literarias de los libros del Antiguo Testamento a las que daremos énfasis en estas páginas. ¿Cuál es la naturaleza de estos libros? ¿Se trata de una recopilación fragmentaria heterogénea, escrita en distintas épocas, y finalmente arreglada por editores o redactores? O, como este volumen trata de demostrar, ¿es una unidad literaria que presenta una armonía intrínseca y una correlación fundamental?
Como la consideración de estas preguntas, cuya respuesta correcta resulta de tanta importancia para el bienestar de la Iglesia de Jesucristo hoy en día, ha sido necesario omitir el examen de otros problemas que no son de valor inmediato en relación con el propósito de este volumen. Así, por ejemplo, no se ha mencionado realmente casi nada acerca de cronología y arqueología pues tales temas—como la fecha en que se efectuó el éxodo—son indudablemente atractivos, pero no caen directamente dentro de la esfera de esta obra. Los descubrimientos en Nuzu han sido mencionados, sólo porque en opinión del autor nos ayudan para rebatir el punto de vista del carácter del Génesis, defendido por Julio Wellhausen. Tampoco he dedicado mucha atención al asunto de interpretación, a menos que, como en el caso de Job y el Cantar de los Cantares, tal cosa ayudase el entendimiento de la estructura del libro mismo; y he dicho poco sobre el problema de la identidad del Siervo del Señor en la profecía de Isaías.
Las breves referencias sobre el canon que se encuentran en la página 20 se incluyen allí para que el lector pueda comprender más claramente la actitud adoptada hacia el Antiguo Testamento. Las referencias textuales se omiten en su mayor parte porque me parece que el asunto del texto es de tan vasta importancia que requiere un libro aparte. El discutir asuntos textuales en una forma precipitada no es de mucha ayuda, por lo tanto me pareció mejor omitirlos; pues de no ser así, el tamaño del libro hubiera crecido demasiado. La necesidad inmediata de la Iglesia es la de un conocimiento del contenido de las Sagradas Escrituras. Las observaciones juiciosas de Keil son apropiadas aún hoy en día: "Y a pesar de que es cierto, que es una gran ventaja establecer una comparación cuidadosa y sin prejuicios entre el texto del hebreo y las versiones antiguas, y también entre el contenido y el espíritu de los escritos históricos del Antiguo Testamento, y la forma en la cual la historia hebrea fue tratada después tanto por judíos como por samaritanos, hasta donde sea preciso para confirmar la teología y la iglesia ambas en su creencia en la integridad y autenticidad de nuestros libros canónicos; y aun así, la gran necesidad de nuestra iglesia, en el día de hoy, es una comprensión clara del Antiguo Testamento, en su plenitud y pureza, para que el Dios de Israel pueda ser otra vez reconocido universalmente como el Dios eterno, cuya fidelidad es inmutable, el Dios verdadero y viviente, que llevó a cabo todo lo que hizo por Israel para nuestra instrucción y salvación, habiendo escogido a Abraham y su simiente para ser su pueblo, para conservar sus revelaciones, para que de él, el mundo entero pudiera recibir la salvación y en él todas las familias de la tierra fueran bendecidas". (Prefacio a Josué, E. T. págs. v, vi).
Este libro es el resultado de una serie de cuarenta artículos sobre Introducción al Antiguo Testamento que aparecieron durante 1947-1948 en el Southern Presbyterian Journal. Esta serie fue el producto de una sugerencia hecha por el Rev. Juan R. Richardson de Atlanta, Georgia, He utilizado estos artículos libremente al preparar estas páginas y a menudo los he citado. Es un placer hacer público mi reconocimiento al Journal y también a su editor, el Rev. Enrique B. Dendy, por el permiso para usar así estos artículos.
El acceso al Antiguo Testamento adoptado en estas páginas, se expresa en aquellas palabras de las Sagradas Escrituras que usó Wilheim Moeller como lema para su Introducción, "No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tu estás, tierra santa es" (Ex. 3:5). Este versículo efectivamente acaba con el llamado método "científico", a tal método. No es científico, porque no toma en consideración todos los datos, y el hecho principal que pasa por alto es el de Dios y su relación al mundo creado por El. A menos que primero pensemos correctamente en Dios, estaremos en un error básico para considerar todo lo demás.
Al acercarnos a la Biblia, por tanto, necesitamos recordar que es "tierra santa". Necesitamos acercarnos a ella con corazones humildes, listos para escuchar lo que el Señor Dios dice. La historia variante de la crítica negativa no es sino una evidencia más, de que a menos que nos acerquemos a la Biblia con una actitud receptiva, dejaremos de entenderla. Tampoco es necesario que nos vergüence reconocer que las palabras de la Escritura son de Dios. Porque estas palabras resplandecen con la gloria de la majestad divina. El esfuerzo de explicarlas como algo menos que divino, es uno de los más grandes fracasos que jamás ha figurado en la historia del pensamiento humano. ¡Cuánto valor nos debe infundir este hecho! ¡Cómo debemos agradecer a Dios día tras día, que, como Warfield admirablemente ha dicho, El, "nos ha amado de tal manera que nos da un legado tan puro de su voluntad,—dado por Dios en todas sus partes, aunque fundido en las formas del lenguaje humano,—infalible en todas sus declaraciones,—¡divino hasta la última partícula! Estoy lejos de sostener que sin tal inspiración no existiría el cristianismo. Sin ninguna inspiración hubiéramos podido tener cristianismo; si, y los hombres todavía pudieran haber oído la verdad, y a través de ella haber sido revividos y justificados y santificados y glorificados. Las verdades de nuestra fe hubieran permanecido históricamente comprobadas y verdaderas para nosotros—tan generoso ha sido Dios en su cuidado alentador—aunque no tuviéramos Biblia; y a través de esas verdades, la salvación. ¡Pero de cuántas incertidumbres y dudas seríamos víctimas!-jAcuántos refu¬gios, todos ellos refugios de mentiras, nos veríamos arrastrados! Consideremos a quienes han perdido el conocimiento de esta guía infalible: veámosles hacer patente la necesidad más apremiante del hombre inventando para sí una iglesia infalible, o hasta un papa infalible. La revelación no es sino revelación a medias, a menos que esté infaliblemente comunicada; y está comunicada a medias a menos que esté infaliblemente inscrita. Los paganos en su ceguedad son nuestros testigos de lo que sucede con una revelación no inscrita. ¡Bendigamos a Dios, entonces, por su Palabra inspirada! ¡Y que El nos conceda siempre poder estimarla, amarla, venerarla y conformar a ella toda nuestra vida y pensamiento! Así podremos encontrar seguridad para nuestros pies y confianza pacífica para nuestras almas" (La inspiración y autoridad de la Biblia, 1948, págs. 441-442).
Al preparar esta obra he procurado tener debidamente en cuenta lo que ha sido escrito en Introducciones modernas basadas sobre un punto de vista hostil a la que aquí se adopta. He tratado de prestar atención benévola a la que ha sido escrito por Aage, Bentzen, Eissfeldt, Cornill, Sellin, Oesterley y Robinson, Driver, Pfeiffer y otros. Debo reconocer la deuda tan tremenda que debo a sus escritos. Al mismo tiempo he consultado escritores antiguos, tales como Eichhorn, Michaelis, De Wette, Ewald, Hitzig, y otros; y estoy impresionado por la igualdad monótona del juicio contrario a la Biblia. Los argumentos que Eichhorn, De Wette, Bertholdt, von Lengerke, y otros opusieron hace mucho, son más o menos los mismos que aparecen en las más recientes Introducciones. Este hecho, porque es un hecho, ha fortalecido en mí la convicción de que la llamada escuela de crítica moderna está basada sobre ciertas presupocisiones filosóficas que desde el punto de vista cristiano son negativas en carácter y revelan un concepto completamente inadecuado de Dios y su revelación.
    Por esta razón yo veo con dolor la influencia cada vez más grande de la última fase de la escuela moderna, comúnmente conocida Formgeschichte, pero más adecuadamente designada como el "estudio de la historia y tradición". Esta fase de la crítica es también  verdadero aliado de todo el movimiento neoortodoxo; y a neo-ortodoxia, con su débil concepto sobre la Biblia, es en mi opinión una enemiga de la verdadera exégesis Y del estudio bíblico.
    La neoortodoxia ofrece un dualismo en el hecho que hace una distinción entre lo histórico Y suprahistórico o supratemporal. En este último campo coloca todas las grandes verdades del cristianismo. La caída del hombre, por ejemplo, de acuerdo con la neoortodoxia no se llevó a cabo en realidad sobre este mundo en un día determinado en la historia. Más bien, se nos dice, es una idea que pertenece al campo suprahistórico. Estos puntos de vista por lo general se presentan el terminología ortodoxa, pero una vez despojados de sus ropas bíblicas y lenguaje cristiano permanecen solamente como un árido dualismo. El mundo supratemporal de algunos escritores modernos posee un fuerte parecido al mundo numenal de Emmanuel Kant. En realidad, son parientes cercanos: es el antiguo campo del mito y la leyenda. Las ideas del cristianismo es¬ tán presentes, pero las realidades han desaparecido. Este es un cristianismo "sombra" o "fantasma"; no es el cristianismo verdadero. Por su aceptación de las Escrituras como una revelación divina objetivamente dada, la presente obra trata de hacer su parte para detener el progreso de esta última forma de crítica.
    En una obra de esta naturaleza es necesario declarar puntos de vista de una manera concisa. A menudo sólo puede darse una conclusión mientras que es necesario omitir las razones que han producido esta conclusión. La cortesía hacia algunos puntos de vista opuestos, algunas veces tal vez parezca demandar una discusión más extensa de ciertas materias. Sin embargo, la naturaleza de esta obra y la necesidad de no extender indebidamente su tamaño, me han obligado a ser conciso. No obstante, me he esforzado por ser exacto y justo para representar aquellos puntos de vista a los cuales me opongo.
    Al final de la discusión de cada libro del Antiguo Testamento hay una sección que llama la atención hacia la literatura pertinente del libro en cuestión. El propósito de estas secciones no es dar una lista completa de libros y artículos para lo cual no estoy capacitado sino solamente presentar algunas obras que son indispensables para un estudio serio de tal libro en particular y que guiará al estudiante a investigaciones más extensas. No pido disculpas por incluir citas de tantas obras alemanas. Al estudiante serio no le conviene descuidar lo que se ha escrito en alemán, y espero que lo que aquí he mencionado servirá de ayuda para aquellos que quieran estudiar más.
Quien trata de escribir una Introducción descubre inmediata¬mente cuán grande deuda tiene para los demás. En esta obra he tratado de reconocer específicamente tal deuda dondequiera que ha sido necesario. Sobre todo me siento obligado para con mi antiguo maestro, el Dr. Oswald T. Allis, quien ha influido profundamente sobre mis puntos de vista acerca del Antiguo Testamento. Otros para quienes también tengo deuda de gratitud por su enseñanza son el Dr. José Reider, Gurdon Oxtoby, Allan A. MacRae, Albrecht Alt, Joachim Begrich, Karl Elliger, y el finado Dr. H. H. Powell. Deseo expresar mi gratitud a los editores, la compañía Wm. B. Eerdmans, por su paciencia en esperar el original de la obra, y por darme completa libertad para llevar a cabo el trabajo. Por último, estoy profundamente obligado con la Srta. Ruth Stahl por ayu¬darme a prepara el original y a la Sra. Meredith G. Kline por los dos esquemas que aparecen en el libro.

                                                                           --E.J.Y.
1 de octubre, 1949