La autoridad de las Sagradas Escrituras, por la cual deben ser creídas y obedecidas, depende no del testimonio de algún hombre o iglesia, sino enteramente de Dios (quien es la verdad) su autor; y por tanto, deben ser aceptadas, pues son la Palabra de Dios. (WC, I:IV).1 Es un hecho innegable que estas palabras exponen una alta opinión de la autoridad de las Escrituras y por tanto del Antiguo Testamento. Las Escrituras, de acuerdo con este punto de vista, poseen una autoridad de una naturaleza tan grandiosa que se les debe creer y obedecer absolutamente. Esta autoridad se deriva no del hombre, ni aun de la iglesia, sino solo de Dios, quien es su autor.
La Iglesia Cristiana histórica, por lo general, ha mantenido esta alta opinión, la cual se encuentra comprendida en sus credos oficiales. Los padres primitivos apelaron a la Biblia como Escrituras llenas de autoridad y, a través de su historia, la iglesia ha mantenido la misma actitud.2 Sin embargo, ha habido algunos, tanto dentro como fuera del cuadro de la iglesia, que han objetado a esta noble y elevada opinión acerca de la Biblia.
Es muy difícil descubrir con precisión cuándo apareció la primera crítica hostil contra la Biblia. Naturalmente, todo pecado es una crítica contra la Biblia, es una manifestación del deseo de ser más sabio que todo lo que Dios ha ordenado. Pero el primer descontento consciente con el Antiguo Testamento probablemente apareció en la ciudad egipcia de Alejandría. Esta, que se había convertido en un centro de la cultura y de la filosofía griega, por lo que era de esperarse que en tal ciudad se le dedicara seria atención también a la Biblia. Tal estudio, además, podía esperarse que se llevara a cabo bajo la influencia de la filosofía griega. Clemente de Alejandría (Stromata, 1:15, etc.) menciona a un tal Aristóbulo, un peripatético, quien enseñaba que la filosofía judía era más antigua que la griega y que Platón habla obtenido sus ideas de la ley mosaica. Aparentemente existía en Alejandría una buena escuela bíblica, y es evidente que, aun antes del tiempo de la Septuaginta, el Antiguo Testamento ya haya sido traducido al griego (Stromata, 1:93:3). Además, Clemente también menciona a un cierto Demetrio, el cual había escrito un libro sobre los reyes de Judea, y que difería de Filo en su lista.
También se puede mencionar a un tal Dositeo, el Samaritano quien rechazó los profetas apoyándose en la creencia que ellos no habían hablado bajo la inspiración del Espíritu Santo (“quiprimus ausus est prophetas quasi non in spiritu sancto locutos repudiare”) (“Contra todas herejías” en Oehler, Corporis Haereseologici, vol. 1, págs. 271-279; cf. también Jerónimo en PL 23, col. 87; Clementine Hornilies, PG, Vol. 2, col. 92, 96). En el Indiculus de Haeresibus, se menciona a un grupo llamado Meristae, los cuales se dice dividían las Escrituras y no creían a todos los profetas (ed. Oehler, pág. 283).

LOS PRIMEROS DOS
SIGLOS

I. Las sectas gnósticas3

El nacimiento del segundo siglo fue testigo del principio de una tremenda lucha de la Iglesia Cristiana contra un formidable enemigo, el fenómeno, conocido con el nombre de gnosticismo, un sistema filosófico, que por un tiempo amenazó seriamente el avance de la iglesia.
El sistema gnóstico era hostil al Antiguo Testamento, y manifestaba una fuerte antipatía hacia el judaísmo. De acuerdo con el gnosticismo, el espíritu y la materia estaban opuestos el uno al otro. El mundo debía su existencia final al espíritu o al mundo espiritual Su causa inmediata, sin embargo, era el Demiurgo, una emanación del Dios supremo. A este Demiurgo se le consideraba un ser inferior, el Dios de los judíos, y en este pensamiento se debe encontrar la causa fundamental de la crítica hostil del gnosticismo en contra del Antiguo Testamento.
(1) Simón el Mago. En Hechos 8:10 leemos de Simón a quien los Samaritanos consideraban como “la gran virtud de Dios”. De acuerdo con Epifanio (Against Heresies, PG, Vol. 41, col. 292) había un cierto Simón—que éste sea el Simón de Hechos 8:10 o no, éste es un asunto sujeto a discusión-el que sostenía que ni la ley ni los profetas provenían del Dios bueno. Las Clementine Homilies (PG. Vol. 2, col. 436) representan a Simón criticando ciertos antropomorfismos del Antiguo Testamento. Así, por ejemplo, pensaba que pasajes tales como Gn. 3:22; 18:21 demuestran que Dios es ignorante; Gn. 3:22 que Dios es envidioso; y Gn. 22:1 que El es tanto malvado como ignorante.
(2) Los ofitas. Evidentemente esta secta se originó en fecha anterior al cristianismo y fue precursora de las principales escuelas gnósticas. De acuerdo con los ofitas (ophis, “serpiente”) fue la serpiente quien dio al hombre el conocimiento del bien y del mal. La caída, por tanto, fue una caída hacia arriba. Se debía ensalzar a la serpiente, y despreciar al Dios del Antiguo Testamento. (Cf. Catalog of Philaster, ed. Oehler, 1:5; PG, Vol. 41, cols. 641 y siguientes; PG, Vol. 7, cols. 694-704; Lipsiup, “Ueber das ophilische System” en Zeithschriftfür wissenschaftliche Theologie, 1863-64).
(3) Los camitas. Este grupo glorificaba a Caín, Esaú, Coré, los sodomitas, reconociéndolos como antepasados suyos. Consideraban a Caín como un mártir de la ira del Demiurgo. Sus errores o corrupciones contra el Antiguo Testamento se debían sin duda a su filosofía (cf. PG, Vol. 41, col. 656).
(4) La escuela siria; Satornilo y Tatiano. (a) De acuerdo con el dualismo fundamental gnóstico, Satornilo de Antioquía, contemporáneo de Ignacio, enseñaba que algunas de las profecías habían sido dichas por los ángeles que habían creado el mundo, y algunas por Satanás (cf. Ireneo, PG, Vol. 7, cols. 675 y siguientes). (b) Tatiano, mejor conocido por su Diatéssaron, o Armonía de los evangelios, consideraba al Antiguo Testamento como la obra de un dios inferior, y le negaba salvación a Adán (cf. PG, Vol. 6, col. 848; Vol. 41, cols. 831 y siguientes).
(5) La Escuela Egipcia. Habiéndose educado en Alejandría, Valentín viajó más tarde a Roma y allí alcanzó la cumbre de su influencia y poder.
Aparentemente aprobaba ciertas partes de la ley, y censuraba otras y también, con el propósito de mejorar el texto sagrado, lo corrigió o alteró. Se dice asimismo que cambió y adaptó pasajes y pasó por alto el orden y la continuidad del texto. Tal acción, de acuerdo con Irineo, debe atribuírsele al engaño. Pero la actitud de Valentín hacia las Escrituras necesita juzgarse a la luz de sus antecedentes filosóficos (compare PG, Vol. 7, col. 523).
(6) La Escuela Italiana: La Epístola de Ptolomeo a Flora. De Ptolomeo no se sabe prácticamente nada, aparte del hecho que fue el autor de una carta a cierta dama cristiana con el nombre de Flora, en la cual trataba de convertirla al Gnosticismo y apelaba a las Escrituras para respaldar sus argumentos.
Algunos opinan que las actividades de Ptolomeo se llevaron a cabo entre 145-180 D.C. y esta fecha es probablemente correcta. La carta de Ptolomeo fue conservada por Epifanio (Pg, Vol. 41, cols. 557-568).
Los argumentos de Ptolomeo, en breve, son como sigue: La Ley, de acuerdo con algunos, la estableció Dios el Padre. Pero otros se la atribuyen al demonio, el cual dicen que también fundó el mundo. Sin embargo, ya que la ley es imperfecta, no pudo haber procedido de un Dios perfecto, y como ordena justicia, no pudo haber procedido del adversario, pues él es injusto.
La Ley comprendida en los cinco libros de Moisés, no fue dada por un solo autor; algunas partes han venido de Dios, otras de Moisés y aun otras, de los ancianos del pueblo. Por ejemplo, Dios unió al hombre ya la mujer, y prohibió el divorcio; sin embargo Moisés lo permitió y en esta forma actuó en contra de los designios divinos. Ptolomeo aduce otros ejemplos y concluye que la Ley tiene tres distintos autores, que comprenden ordenanzas de los ancianos, de Moisés y de Dios.
La parte de la Ley que proviene de Dios, se subdivide en tres partes: la Ley misma, que contiene preceptos auténticos, libres de toda mezcla de mal, tales como los Diez Mandamientos; la parte que Cristo abolió, como por ejemplo la ley de la venganza; leyes típicas y simbólicas, las cuales Cristo usó en una forma espiritual. El Dios autor de esta ley fue el Demiurgo.
No debemos pensar que Ptolomeo haya negado la paternidad literaria mosaica del Pentateuco. El Pentateuco fue escrito por Moisés, pero no todas las leyes allí contenidas eran la obre de Moisés como legislador. Sin embargo, se colocó a todas las leyes en los cinco libros; a Moisés se le podría considerar un recopilador, pero no el autor de estas leyes.

II. Marción y el Antiguo Testamento.

Nativo de Ponto e hijo de un Obispo Cristiano, Marción llegó a Roma por el año 138 D.C. y allí se unió con la Iglesia. Estando en esta ciudad, cayó bajo la influencia del Credo Gnóstico el cual proclamaba que el Dios del Antiguo Testamento y el del Nuevo, eran seres distintos.
Marción llegó a enseñar que había dos dioses, uno austero, un árbol corrupto que producía mal fruto, hacedor de mal moral; el otro, el Dios bueno y benevolente del Nuevo Testamento. Marción también separó la ley y el Evangelio, y en la opinión de Tertuliano se le llegó a conocer como “el autor del quebrantamiento de la paz entre el Evangelio y la Ley” (Contra Marcionem, 1:19).
Ya que, de acuerdo con Marción, el Creador estaba corrompido, era de esperarse que también su obra, la Ley, estuviera corrompida. Las corrupciones e imperfecciones que Marción pensó encontrar en el Antiguo Testamento las presentó en su obra, The Antithesis. Sin embargo, debido a que esta obra se perdió, dependemos por completo de Tertuliano para informarnos de lo que contenía.
Marción razonaba que si el hombre había caído en el pecado, debíase concluir entonces, que Dios no era ni bueno ni poderoso ni tampoco poseía omnisciencia. También afirmaba que la debilidad e ignorancia de Dios se dejaban ver en la pregunta hecha a Caín, “¿Dónde estás tú?” Lo mismo decía que ¿por qué le tenía que preguntar Dios a Adán si había comido de la fruta prohibida, a menos que no supiera?
En el relato del Becerro de Oro, Marción cree que Moisés aparece mayor que Dios. La lex talionis autoriza una injuria mutua; y piensa también que los sacrificios y ceremonias son pesadas y molestas y probablemente Dios mismo las necesitaba. Además, al tomar el oro y la plata de los Egipcios, los Israelitas actuaron en forma deshonesta y Dios fue directamente responsable de esto.
También debería acusarse a Dios por endurecer el corazón de Faraón.El Dios del Antiguo 'Testamento de acuerdo con Marción, era voluble, y no se mantenía fiel a sus propios mandamientos. Prohibió el trabajo en el séptimo día, y sin embargo, en el sitio de Jericó ordenó que se cargara el arca alrededor de la ciudad durante ocho días, lo cual naturalmente comprendía trabajo en el Sábado. Asimismo era injusto y le faltaba perspicacia en su trato con los hombres.
En su interpretación de profecías Escritúrales, Marción rechazaba la alegoría, pero a la vez creía que las profecías o ya se habían cumplido en la historia, o serían cumplidas en el futuro cuando el Anticristo apareciera; de cualquier manera, debían interpretarse las Escrituras como una alegoría y no literalmente.
Marción les guardaba poco aprecio, a la mayoría de los santos del Antiguo Testamento, y a algunos de ellos aún les negaba la salvación. Esto iba de acuerdo con lo opinión tan baja que Marción tenía de los judíos. No puede considerarse en ningún sentido a la crítica de Marción como una crítica científica; procedía de antecedentes filosóficos llenos de prejuicios.
Su crítica severa y su exégesis a menudo parecen ser superficiales, y aparentemente muchas veces las expuso sin una consideración seria del texto y sus fundamentos. La forma en que ataca a las Escrituras, no es la de un estudiante imparcial sino de uno que las utiliza para satisfacer sus propósitos. (Compare Tertuliano, Contra Marionem, PL, Vol. 2, cols. 263 y siguientes; Harnack: Marcion, das Evangelium vom fremden Gott, 1924).

III. Sectas No-Gnósticas de los primeros Dos Siglos

(1) Los Nazaritas. Este grupo aparentemente estaba formado por cristianos judíos de nacimiento, que practicaban la forma judía de vivir. De acuerdo con Juan de Damasco, negaban - y esta parece ser la primera negación de que se tenga memoria - la paternidad literaria Mosaica del Pentateuco. (Compare PG, Vol. 94, cols, 688-9; Epifanio: Adversus Haereses, PG, Vol. 41, col. 257; Harnack: Lehbuch der Dogmengeschichte5, 1931, 1; ps. 310--334).
(2) Los Ebionitas. Este grupo, algunas veces conocido como Ebionitas Farisaicos, de acuerdo con Epifanio, (PG, Vol. 41, col. 436) detestaban a los profetas, negándose a aceptar a alguno de ellos. Asimismo rechazaban algunas palabras del Pentateuco argumentando que no procedían de Moisés.
(3) Las Homilías Clementinas.4 Estas Homilías presentaban una forma de Ebionismo con ciertas similitudes con el Gnosticismo. En ellas se afirmaba que Moisés había entregado la ley a setenta hombres escogidos, pero más tarde le fueron agregadas ciertas falsedades por el maligno. En esta forma se dice que las Escrituras ofrecen una interpretación falsa de Dios en muchas formas; por ejemplo, presentan a Dios como ignorante y en esta forma son falsas, la obra un hombre. También dan una falsa interpretación de hombres santos; Adán en
realidad nunca fue un trasgresor, Noé el justo, nunca se emborrachó, Abraham nunca tuvo tres esposas a la vez; Jacob no tuvo cuatro; ni Moisés fue asesino.
El relato de la muerte de Moisés no lo escribió él, pues ¿cómo es posible que haya escrito sobre su propia muerte? Como unos quinientos años después de los tiempos de Moisés, se encontró la Ley en el templo, y quinientos años más tarde, en los tiempos de Nabucodonosor, se quemó y destruyó por completo.
La hipótesis que se utiliza en las Homilías para explicar pasajes difíciles de la Biblia es en realidad la de interpolación, la cual fue hecha por el demonio mismo. Y el criterio para decidir lo que es o no es interpretación diabólica, es si un pasaje dado se cree que esté en armonía con la creación. El juez de esto, naturalmente, es la mente humana, y en esta forma la crítica de las Homilías Clementinas es en realidad sólo una forma de racionalismo filosófico.
Algunos de estos mismos puntos de vista aparecen en la Epistle of Peter to James (PG, Vol. 2, col. 25), en donde se afirma que los compatriotas de Moisés corrigieron las anomalías de la Biblia, de tal manera que nadie se confundiera con las declaraciones de los profetas.
Algunas sectas secundarias, como por ejemplo los Ossenoi, rechazaran algunos de los profetas, y los Valessi rechazaban tanto la Ley como los profetas. Sin duda que existieron también otras sectas de las cuales no poseemos ninguna información, las cuales adoptaron una actitud hostil hacia el Antiguo Testamento.

IV. Celso5

Uno de los ataques más fuertes que la recién nacida Iglesia Cristiana tuvo que soportar, provino de un tal Celso. Un convertido de Orígenes, de nombre Ambrosio, le envió el tratado de Celso, The True W ord, y le suplicó preparara una contestación. Orígenes tenía poca disposición para iniciar la tarea, ya que creía que la mejor refutación a tales ataques consistía en mantener silencio. Una reflexión más madura sin embargo, le impulsó a tomar la pluma en defensa de la Fe.
Casi no se conoce nada acerca de Celso. De hecho, Orígenes mismo no estaba seguro de la identidad de su oponente. Quién quiera que Celso haya sido, era un hombre de gran inteligencia y habilidad, que se daba cuenta que ante el Cristianismo se enfrentaba a un poderosísimo movimiento, y estaba determinado a detener su crecimiento lo más que le fuera posible; de allí que en Celso encontramos a un representante del mundo greco-romano, un mundo que se ve a sí mismo en peligro.
Las objeciones de Celso al Antiguo Testamento no se basan en una investigación paciente y minuciosa, sino más bien reflejan la actitud de una mente con prejuicios. La gran obra apologética de Orígenes, Contra Celsum, fue escrita probablemente por los años 248 o 249 D.C. como setenta años después que Celso había hecho sus ataques.
Celso da evidencias de poseer un conocimiento muy vago de la historia del Antiguo Testamento. Creía que la nación judía había comenzado en una insurrección de los egipcios, y que los judíos eran descendientes de egipcios.
Tenía la tendencia de despreciar a los judíos como un pueblo que nunca
había hecho nada notable y “nunca tuvieron buena reputación o prestigio”. A la
doctrina de la Creación como se enseña en el Génesis, la hacia a un lado por ser
una historia “muy tonta” y afirmaba que el rito de la circuncisión lo adoptaron
los judíos de los egipcios. Celso en particular criticó las declaraciones
antropomórficas de la Biblia. A Dios lo considera un ser agotado y trabajado,
como resultado de los seis días de la creación. De esta naturaleza eran las
objeciones de Celso.
Se debe hacer énfasis en un punto importante sin embargo. Celso no negaba
la paternidad literaria mosaica del Pentateuco, como algunas veces se ha
llegado a afirmar.

Resumen de los Primeros Dos Siglos

Durante los primeros dos siglos de la era Cristiana, no existe registro de
crítica hostil a la Biblia entre los Padres de la Iglesia o en la Iglesia ortodoxa
misma. Los Padres Apostólicos y los subsecuentes Padres Ante-Niceanos, hasta
donde ellos llegaron a expresarse sobre la materia, creían que Moisés había sido
el autor del Pentateuco y que el Antiguo Testamento era un libro divino.
Los ejemplos de crítica hostil que no llegan de ese período, provienen ya
sea de grupos a los que se consideraba herejes, o del mundo pagano. Además,
esta crítica manifestaba ciertas presuposiciones filosóficas y eran de un carácter
definitivamente parcial y a la vez no científico. Por lo que toca a la evidencia
que poseemos, podemos decir que la Iglesia misma consideraba al Antiguo
Testamento como la palabra genuina de Dios.
Del Tercer Siglo a la Reforma
(1) En IV Esdras 14:21,22, leemos lo siguiente sobre Esdras, el Restaurador
de la Ley (c. 90 D. C.): “Porque tu ley ha sido quemada, por tanto ningún
hombre conoce las cosas que tú haces, o las cosas que habrán de principiar.
Pero si he encontrado gracia delante de Ti, envía al Espíritu Santo a mí, y
escribiré todo lo que se ha efectuado en la ley, para que los hombres puedan
encontrar tu senda, y para que los que vivan en los últimos tiempos puedan
vivir”. La opinión judía de que Esdras restauró los libros del Antiguo
Testamento que se perdieron o destruyeron en la caída de Jerusalén, la
adoptaron muchos de los Padres de la Iglesia primitiva, como por ejemplo,
Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría, Jerónimo, Basilio el Grande. El
idioma de estos Padres no siempre es tan cauto como fuera de desear, y un
estudio superficial de este idioma podría dejarnos la impresión de que ellos
creían que Esdras, bajo inspiración divina volvió a escribir los libros que se
habían perdido. Muy posiblemente sin embargo, lo que los Padres quisieron
decir fue que Esdras editó o reprodujo de varias fuentes los libros de las
Escrituras. De cualquier manera, sea lo que fuera el significado preciso, no
utilizan esta creencia para negar la paternidad literaria mosaica de la Ley.
(2) Porfirio, el notable antagonista del cristianismo, nació probablemente en
et año 232 o 233 D. C. en Tiro. Estudió en Atenas bajo Longino y más tarde en
Roma bajo el neo-platonista, Plotino. Estando en Sicilia y como a los cuarenta
años de edad, escribió su obra magna, Against the Christians. El décimo
segundo libro estaba dedicado a un ataque a Daniel, en el cual afirmaba que el
libro no había sido escrito por Daniel, sino por un autor desconocido del
segundo siglo A.C. Porfirio ingenuamente sugiere que esto debe haber sido así
ya que Daniel mismo no pudo haber relatado el futuro con tanta exactitud.
Con toda probabilidad, Porfirio negó la paternidad literaria mosaica del
Pentateuco. (Véase Edward J. y oung: HPorphyry and His Criticism of Daniel”
en CD, 1949, Ps. 317 y siguientes).
(3) Julián el Apóstata, sobrino de Constantino, nació en el año 331 D.C. y
se educó bajo el Obispo Ario Eusebio de Nicomedia. Renunció al cristianismo y
habló con gran desprecio del Antiguo Testamento, catalogando a Moisés y a
Salomón muy abajo de los filósofos y legisladores paganos. Consideraba que la
historia mosaica de la creación era defectuosa, y sostenía que Moisés enseñó
tanto el monoteísmo como el politeísmo.
(4) Jerónimo (murió en 410), al discutir las palabras Hhasta hoy” de Gén.
35:20 y de Deut. 34:5, 6, Observa, “Debemos ciertamente entender por la frase
“hasta hoy” la fecha de la composición de la historia [contesta est,] ya sea que
se prefiera el punto de vista de que Moisés fue el autor del Pentateuco o de que
Esdras lo reeditó. A ninguno de estos casos tendría objeción sive Moysen dicere
youeris auctorem Pentateuchi, sive Ezram eiusdem instauratorem operis, non
recuso”. (De Perpetua Virginitate. Pl. Vol. 23, col. 199). Algunos
aparentemente han creído que este comentario comprende una negación de la
paternidad literaria mosaica, pero ese no es el caso. Lo que Jerónico hace, es
simplemente no pronunciar declaración alguna sobre el asunto en esta ocasión.
Su preocupación es únicamente ver si las palabras “hasta hoy” se refieren a
la fecha de “la publicación o de la escritura de los libros”. Existe evidencia
disponible para probar que Jerónimo probablemente sí creía que Moisés había
sido el autor del Pentateuco (compare Adversus jovinianus, PL, Vol. 23, col.
226). Lo que Jerónimo sí declaró, es que el Deuteronomio se encontró en el
Templo durante el décimo segundo año del reinado de Josías (“quando inventus
est liber Deuteronomii in templo Dei”, Commentary on Ezekiel, 1:1 PL, Vol.
25, col. 17; against jovinianus, PL, Vol. 23, col. 227). Pero esto no demuestra
que Jerónimo haya negado la paternidad literaria mosaica del Pentateuco.
(5) Teodoro de Mopsuestia (murió aproximadamente en 428). Fue un
teólogo de la escuela de Antioquia y partidario del principio de la exégesis
gramático-histórica. Después de su muerte, el Segundo Concilio de
Constantinopla de 553, condenó sus obras. Aparentemente Teodoro sostenía
que algunas partes del libro de Job no pudieron haber sido escritas por un
hombre justo, y que el Cantar de los Cantares era un aburrido epitalamio escrito
por Salomón en honor del casamiento de una princesa Egipcia. También
rechazaba el título de los Salmos (“tas te epigraphas ton hierotaton hymnon kai
psalmon kai odon pante ekbalon”), y atribuía su paternidad literaria al período
de Zorobabel y Ezequías. Asimismo, parece haber sido el primero que situó la
paternidad literaria de algunos de los Salmos en el tiempo de los Macabeos.
(Véase Roberto Devreesse: Le Commentaire de Théodore de Mopsueste sur les
Psaumes, 1939; H. Kihn: Theodor von Mopsuesta und junilius Africanus als
Exegeten, 1880).
(6) Anastasio el Sinaíta, patriarca de Antioquía hacia el final del siglo
séptimo, escribió un libro, Hodegos, esto es, Guía; en el cual presenta ciertas
dificultades que le habían expuesto aquellos que habían dejado la Iglesia.
Algunas de estas, comprendían la paternidad literaria al período de Zorobabel y
Ezequías. Asimismo, etc. (Véase PG, Vol. 89, cols. 284, 285).
(7) Hiwi al Balkhi, fue un racionalista del siglo noveno que vivía en Balkh,
Persia. Escribió una polémica contra las Escrituras en la cual presentaba cerca
de doscientas dificultades. Trataba de probar que Dios era injusto, por ejemplo,
en el hecho de que aceptó la ofrenda de Abel pero rechazó la de Caín. Dios era
ignorante, no omnipotente, y además, cambiaba de parecer. Trató asimismo de
mostrar que la Biblia enseñaba el politeísmo, y que el Antiguo Testamento
contenía contradicciones. (Véase Judá Rosenthal: HHiwi al Balkhi” en JQR,
Vol. 38, ps. 317--342; 419-430; Vol. 39, ps. 7~94).
(8) Iba Hazm de Córdoba, España (994-1064), al tratar de defender el
Islamismo como la verdadera fe, intentó probar que la Biblia no era la
Palabra de Dios. Se quejaba de las representaciones antropomórficas de Dios, y
sostenía que la Biblia enseñaba el politeísmo. Además, pensaba haber
encontrado declaraciones erróneas y equivocaciones en la cronología, y atribuía
a Esdras la paternidad literaria de muchas declaraciones en el Pentateuco.
(Véase un breve resumen en A. Guillaume: Prophecy and Divination, 1938, ps.
415-420, y una traducción al español, de Miguel Asin: Abenhazan de Córdoba,
II, 1928).
(9) Abu Ibrahim Isaac ibn Yashush, conocido comúnmente como Isaac ben
Jasos (982-105¾), fue en gramático español y probablemente también médico.
Por referencias en los escritos de Ibn Ezra, parece ser que Isaac consideraba que
Génesis 36 no había sido escrito antes del tiempo de Josafat. Afirmaba que el
Adad de Gén. 36:35 y el Adad de 1 de Reyes 11:14, era el mismo; Ibn Ezra
denunció su obra como digna de fuego ya que su autor era un charlatán
vanidoso. (mah-bil).
(10) Abraham ben Meir ibn Ezra, el cual es comúnmente conocido como
Ibn Ezra (109%-1167), fue un exegeta español que escribió muchos
comentarios valiosos sobre el Antiguo Testamento. No existe duda alguna que
Ibn Ezra mantuvo la paternidad literaria mosaica del Pentateuco, pero aun así,
es evidente que creía que ciertos versículos eran adiciones posteriores. Por
ejemplo, con respecto a las palabras, “el Cananeo estaba entonces en la tierra”
(Gén. 12:6) pensaba que el versículo encerraba un secreto, y el hombre
prudente debería mantenerse callado. También se refirió a pasajes como Gén.
22:14; Deut. 1:1; 3:11, y evidentemente los puso en duda. Habló asimismo de
Isaías 40-66 como sugiriendo un origen posterior de esta porción.
(11) Andreas Bodenstein, comúnmente llamado Carlstadt por su lugar de
origen, fue contemporáneo de Lutero (1408-1541). Aparentemente consideraba
a Lutero como rival, y por un tiempo, mientras el desarrollo de la Reforma
quedó en sus manos, ésta casi naufragó. Carlstadt negaba la paternidad literaria
mosaica del Pentateuco, pero las razones que tenía para pensar en esa forma
eran sin duda extrañas. Decía que a menos que un hombre estuviera demente,
no podría creer que Moisés hubiera escrito la narración de su muerte (“nisi
plane dementissimus Mosi velut auctori tribuet”). Sin embargo, el estilo de la
sección que relata la muerte de Moisés, es el mismo que el de todo el resto del
Pentateuco, en lo general, por tanto, Moisés no pudo haber sido el autor de este
último tampoco. Además, Carlstadt pensaba que había muchas cosas en el Pentateuco
que Moisés nunca hubiera escrito.

De La Reforma Al Siglo Diecinueve
(1) Andrés Masius, un abogado católico-romano de Bélgica (murió en
1573) escribió un comentario de Josué (el cual se publicó en 1574 bajo el título
de Josuae Imperatoris Historia) en el cual exponía el punto de vista de que
Esdras y probablemente aquellos que con él estaban relacionados, bajo
inspiración divina pudieran haber hecho algunas interpolaciones en los libros de
Moisés. Una opinión algo parecida fue la que argumentó un erudito flamenco
de la orden de los Jesuitas, Jacques Bonfrere. Creía que no se podían atribuir
ciertas frases y palabras a Moisés hablando este en el oficio de profeta, sino más
bien, habían sido insertadas por una mano posterior. Opiniones esencialmente
idénticas, eran las que presentaba el jesuita español Benedicto Pereira (c. 1535-
1610). Aún cuando defendía la paternidad literaria mosaica de una gran parte
del Pentateuco, sin embargo, creía que existía una adición posterior muy
considerable.
(2) Tomás Hobbes no negó la paternidad literaria mosaica de aquellos
pasajes expresamente atribuidos a Moisés, pero sobre el resto, pensaba que se
escribía más bien acerca de Moisés, que por él Cvidetur Pentateuch pontius de
Mose quam a Mose scriptus”) (Véase página 21).
(3) Isaac Peyrerius (murió en 1767) fue un clérigo Francés de la fe
reformada quien más tarde se pasó a la iglesia católico-romana. Escribió el
Systema Theologicum ex prae-Adamitorium Hypothesi (1665), en el cual trataba
de demostrar que Adán había sido la cabeza sólo de Israel y no de toda la raza
humana. Por lo que toca al Pentateuco, pensaba que Moisés había guardado un
diario o apunte de los principales eventos y había iniciado esto con un relato de
la historia del mundo; sin embargo estos documentos se perdieron y el
Pentateuco actual consiste en extractos derivados de aquellos. Por tanto, no es
la obra de Moisés, sino de una fecha posterior. Peyrerius más tarde se retractó
de estas opiniones.
(4) Benedicto Spinoza (1632-1677) nació en Ámsterdam y fue descendiente
de una prominente familia judío-holandesa. Recibió una educación general
judía, estudió latín, matemáticas y medicina, y más tarde se volvió discípulo de
Descartes. En el año de 1670 publicó su Tractatus Theologico Politicus, en el
cual exponía ciertas críticas a las Escrituras. El propósito de su libro era mostrar
que la religión organizada y la filosofía debían ocupar diferentes campos.
Spinoza hace mención de Ibn Ezra y discute algunos de los pasajes que
éste había mencionado. Piensa que Ibn Ezra mismo no cree en la paternidad
literaria mosaica del Pentateuco (sin embargo, en esto probablemente estaba
equivocado), y luego Spinoza mismo niega esta paternidad al tratar de agregar
evidencia adicional. En esta forma, argumenta que al hablar de Moisés se usa la
tercera persona, se dice que era el más manso de los hombres (Núm. 12:3), y el
último capítulo de Deuteronomio claramente enseña que él no fue el autor. Por
otra parte concede que algunos pasajes fueron escritos por Moisés. Spinoza
pensó que en lo general, se podría considerar que el Pentateuco fue la obra de
un recopilador posterior, probablemente Esdras.
(5) Simón y Le Clerc (véase la páginas 19, 20).
(6) Epíscopo, el teólogo reprobador, en su lnstitutiones Theologicae (1650)
afirmó que había muchos pasajes post-mosaicos en el Pentateuco. Parece haber
hecho particular objeción a Núm. 12:3: “¿Quién puede creer que Moisés haya
escrito esto de sí mismo?”. Pensaba que también el libro Josué fue recopilado
en esa forma por Esdras.
(7) Campegius Vitringa al discutir Génesis 2 (Observationes Sacrae, 1689),
sugirió que Moisés había utilizado rollos antiguos de los patriarcas junto con
sus propias descripciones y derivó parte de su información de estos rollos
antiguos. Fue esta idea, la de que Moisés había usado documentos existentes
previamente para recopilar sus escritos, la que desarrolló Astruc más tarde.
(8) Antonio van Dale (1696) también sugirió que Esdras fue el restaurador
del Pentateuco y que había insertado los llamados pasajes post-mosaicos que
habían perturbado a hombres como Spinoza y Simón.
(9) H. B. Witter afirmó (Jura lsraelitarum in Palaestina, 1711) que había
dos narraciones paralelas de la creación, esto es, Gén. 1:1 - 2:4 y 2:5 - 3:24 y
que se distinguía a estas dos narraciones, por el uso de distintos nombres
divinos. Por lo tanto, Witter es, hasta donde se sabe, el primero en sugerir los
nombres divinos como criterio para distinguir documentos.
(10) Jean Astruc nació el 19 de marzo de 1684 en Sauve, Languedoc,
Francia. Su padre había sido pastor protestante, pero con la derogación del
edicto de Nantes, entró a la iglesia romanista. Astruc estudió en Montpelier, un
centro de estudios médicos, obteniendo su licenciatura en 1700 y su doctorado
en medicina en 1703. Continuó disertando en Montpelier y Toulouse hasta el
año 1729 en que se cambió a París y se dedicó por entero a la gran obra literaria
de su vida, De morbis venereis. Permaneció en París hasta su muerte.
En 1753, apareció la obra de Astruc sobre el Génesis con el título,
Conjectures sur les memoires originaux dont il paroit que Moyse s'est
servi pour composer le Livre de la Genese. A vec des Remarques, qui appuient
ou qui eclaircissent ces Conjectures. Astruc explicaba en el prefacio que había
titubeado al publicar su obra ya que temía que algunos abusaran de ella para
restarle autoridad al Pentateuco. Sin embargo, un amigo a quien se describe
como muy celoso por la religión (“tres zéle pour la Religion”,) le dijo que la
idea de que Moisés había usado memorias, había sido ya expuesta por autores
confirmados, los abates Fleury y le Francois. De alli que Astruc se animó a
publicarla, aunque lo hizo en forma anónima. .
Argumentaba que Moisés se refería a acontecimientos que se habían llevado
a cabo dos mil años antes de su tiempo. Esta información la tuvo que haber
recibido Moisés ya sea por revelación directa o por - informes de aquellos que
habían sido testigos de esos hechos. Pero como en Génesis Moisés habla como
un simple historiador, es obvio que recibió su conocimiento de sus antepasados.
Este conocimiento pudo haber sido pasado ya sea por tradición oral, o por
tradición escrita, esto es, en recuerdos que se habían dejado escritos. De
acuerdo con Astruc, esta última fue la forma en que se llevó a cabo.
Moisés en realidad poseía ciertas memorias antiguas que contenían la
historia de sus antepasados desde la creación del mundo. Para no perder
ninguna de estas, la dividió en partes Cpar morceaux”) de acuerda con su
contenido. Armó estas partes, una después de otra, y de esta armazón quedó
formado el libro de Génesis.
Existen cuatro razones principales por las que Astruc presentó esta tesis: (1)
el Génesis contiene sorprendentes repeticiones de los mismos acontecimientos,
por ejemplo, la creación, el diluvio. (2) A Dios se le designo con dos nombres
distintos, Elohim (Dieu), el cual indica que El es el Ser Supremo, y Jehová
(l'Eternel), el nombre que expresa su esencia. (3) Esta distinción aparece
solamente en Génesis y en los primeros dos capítulos de Éxodo. En esta forma,
Astruc limita su discusión a esta parte del Pentateuco. (4) Se narran ciertos
eventos antes que otros aunque hayan acontecido después.
Astruc piensa que estas consideraciones hacen natural el querer analizar
(décomposer) el Génesis. Y no es esta tarea tan difícil como se pensara. Se
necesita solamente unir todos los lugares donde a Dios se le llama Elohim.
Estos pasajes los colocó Astruc en una columna a la cual denominó A, a la que
consideró el documento original. A un lado de esa, Astruc colocó todos los
pasajes que utilizan el nombre Jehová y a esta columna la llamó B.
Sin embargo, Astruc pronto encontró necesario el descubrir otros
127
documentos, y estos fueron los siguientes:
C, repeticiones, por ejemplo, el Diluvio.
D, eventos extraños a la historia del pueblo Hebreo.
E, las guerras de los cinco reyes, Gén. 14.
F, Gén, 19:29 y siguientes, una “interpolación manifiesta”.
G, Gén. 22:20-24.
H, Gén. 25:12-19, la genealogía de Ismael.
I, Gén. 34, un capítulo con carácter similar al cap. 14.
K, Gén. 26:34 y siguientes.
L, Gén. 28:6--10.
M, Gén. 36:20-31.
N, Gén. 39, interpolación.
Astruc mencionaba que su éxito fue más fácil de lo que él se hubiera
atrevido a esperar. Es necesario hacer énfasis en ciertos puntos de la obra de
Astruc:
(a) Astruc no negaba la paternidad literaria mosaica del Pentateuco. De
hecho, en algunos lugares se esforzó en defenderla.
(b) Astruc reconoció que los nombres divinos no se podían utilizar como
criterio para analizar todo el Pentateuco.
(c) La obra misma de Astruc demuestra que no son suficientes los nombres
divinos como criterio para dividir al Génesis en documentos. Se ve forzado a
llevar cabo su análisis basándose en un criterio secundario. Además, su propia
obra muestra que ciertos pasajes, como por ejemplo, Génesis 14, no encajan el
análisis documental.
(d) Ya que los nombres divinos y aun ciertos criterios secundarios, no son
suficientes para analizar el Génesis, Astruc se vio forzado a descubrir la
presencia de “interpolaciones”.
(e) Al afirmar que Moisés pudo haber utilizado memorias escritas para
recopilar el Génesis, sin duda que Astruc acierta con la verdad. Su error básico
consistió en ir un paso más allá y decir que es posible para nosotros hoy
descubrir qué tan amplios son estos documentos. El curso subsecuente de la
crítica ha llegado a demostrar que el proceso para reconocer qué tan amplios
son estos documentos, de ninguna manera es tan fácil como Astruc pensó que
sería.
Parece que pasó desapercibida, la obra de Astruc, aun cuando Michaelis la
analizó con desagrado. Diez años después de su aparición, Voltaire en el
artículo Génesis de su Philosophical Dictionary, dice: “Es principalmente este
versículo Gén. 36:31 lo que indujo a Astruc a abandonar la idea de la
autoridad inspirada del libro entero de Génesis, ya suponer que el autor había
obtenido sus materiales de memorias y archivos que ya existían. Su obra es
ingeniosa y exacta, pero es precipitada por no decir audaz. Aun un concilio no
se hubiera aventurado a tal tarea. ¿Ya qué propósito ha servido la labor
peligrosa y nunca reconocida de Astruc - para confirmar la oscuridad que él
deseaba alumbrar? He aquí el fruto del árbol del conocimiento del cual todos
tenemos tantos deseos de comer. ¿Por qué será que el fruto del árbol de la
ignorancia es más digerible y provechoso?” (ET, 1901, Vol. 5, p. 187).6
(11) Juan Gottfried Eichhorn afirmó su independencia de Astruc, pero
desarrolló esencialmente la misma obra, aunque mucho más completa. En su
Einleitung (1780--83) analizó Génesis y Éxodo 1-2 en distintas fuentes, a las
cuales llamó J y E, letras derivadas de los nombres divinos. Estas fuentes, o
procedencias, Eichhorn pensó que probablemente descansaban en tradiciones
escritas, y fueron recopiladas por Moisés. Sin embargo, más tarde abandonó la
teoría de una redacción mosaica y declaró que las fuentes estaban unidas por un
redactor desconocido.
(12) Karl David Ilgen fue el sucesor de Eichhorn en la cátedra de idiomas
orientales en Jena. En el año de 1798, publicó una obra con el atractivo título de
Die Urkunden des jerusalemischen Tempelarchius in ihrer Urgestalt als
Beitrag zur Berichtigung der Geschichte der Religion and Politik (esto es, Los
Documentos de los Archivos del Templo de Jerusalén en su Forma Original,
como contribución a la Corroboración de la Historia de la Religión y la
Política). Para escribir la historia de los Israelitas, Ilgen deseaba presentar los
documentos literarios de ellos. Sin embargo, para hacer esto, trató de librarlos
de las exageraciones que él suponía poseían estos documentos. Pensaba que los
archivos originales del Templo, estaban despedazados y revueltos.
Ilgen llegó a la conclusión de que en el libro de Génesis había diecisiete
documentos distintos, los que él asignó a tres autores diferentes, dos Elohistas,
y un Jehovista. En esta forma: (a) El primer Elohista (El), diez secciones. (b) El
segundo Elohista (E2), cinco secciones. (c) El primer Jehovista (sefer eliyah
hari-'shon), dos secciones. El primer Jehovista principiaba con el capítulo doce.
Pasajes que Astruc había considerado como Jehovisticos, fueron asignados al
segundo Elohista.
Podemos hacer los siguientes comentarios: (1) Al mencionar al primer
Jehovista, Ilgen abrió la posibilidad de un segundo; sugiriendo en esta forma,
que aun las secciones J ehovísticas no constituían una unidad. (2) Al asignar los
pasajes Jehovísticos de Astruc en Gén. 1-11 al segundo Elohista, Ilgen
nuevamente mostró la insuficiencia de los nombres divinos como criterio para
llevar a cabo un análisis crítico. (3) Al dividir el contenido del Génesis entre los
dos Elohistas, Ilgen anticipó la posición de Hupfeld (1853).
Al poco tiempo de su publicación sobre el Génesis, Ilgen fue nombrado
rector de la Escuela Pforta, y aparentemente abandonó el estudio especializado
del Antiguo Testamento.
RESUMEN
Durante cierto tiempo después de la Reforma, a algunos eruditos les
preocupó la presencia en el Pentateuco de pasajes que ellos creían que no
pudieron haber sido escritos por Moisés. De allí que algunos declararon que
Moisés no pudo haber sido el autor de todo el Pentateuco. Esto constituia la
excepción. La mayoría de los eruditos, aceptaban y aún defendían la paternidad
literaria mosaica.
Vitringa, un teólogo ortodoxo, simplemente sugirió que Moisés pudo haber
utilizado memorias antiguas de los Patriarcas. Probablemente a Witter se le
considere el padre de la teoría documental ya que fue él quien llamó la atención
a los nombres divinos y también a los supuestos relatos paralelos. Sin embargo,
esto era solamente el germen.
Astruc valientemente defendió la paternidad literaria del Pentateuco.
Pensaba simplemente que Moisés había usado documentos que existían
previamente y que los nombres divinos daban la clave para identificar los
documentos. Esta fue esencialmente la opinión de Eichhorn. A estos hombres,
junto con Ilgen, se les puede considerar como los representantes de la Hipótesis
Documental Primitiva. 7

EL SIGLO DIECINUEVE
I. La Hipótesis Fragmentaria
En los escritos de los primeros partidarios de la Hipótesis
Documental, aparecen claramente las debilidades de esta Hipótesis. Los
nombres divinos que a Astruc le parecieron guías satisfactorios para el análisis
de documentos demostraron ser, después de todo, muy insatisfactorios. Astruc
se deleitó en lo que él pensaba era todo un éxito, pero Ilgen en realidad aplica
algunos de los pasajes Jehovísticos de Astruc a un escritor Elohístico. Además,
Ilgen tuvo que encontrar a dos escritores Elohísticos ¿A qué se debe que dos
hombres tan competentes llegaran a distintas conclusiones? ¿Acaso no es
posible que el proceso entero de dividir los diversos documentos sea demasiado
subjetivo? El carácter subjetivo del proceso se pone más en claro cuando
tracemos la historia más adelante.
(1) Alejandro Gedes fue un sacerdote escocés católico romano quien en el
año de 1792 publicó una traducción de la Biblia que abarcaba al libro de Josué
inclusive, y en 1800 sus Critical Remarks. En estas obras, Geddes declaraba
que el Pentateuco en su forma presente no era la obra de Moisés, sino que
probablemente había sido recopilado durante el reinado de Salomón en
Jerusalén. Aunque obtuvo su forma actual durante el tiempo de Salomón, el
Pentateuco fue tomado de documentos antiguos, algunos de los cuales “fueron
contemporáneos de Moisés, y algunos aún anteriores.” Estos documentos
formaban una multitud de fragmentos, grandes y pequeños, los cuales eran
independientes el uno del otro y un redactor los colocó en orden. Pensaba
Geddes que había entonces dos series de fragmentos, y este fenómeno se debía
a la presencia de los nombres divinos.
Por otra parte, Geddes definitivamente rechazaba la teoría de los dos
documentos de Astruc y Eichhorn como “una obra de la imaginación”. Además,
unió el libro de Josué al Pentateuco, “tanto porque creo que fue recopilado por
el mismo autor, como porque es un apéndice necesario a la historia contenida
en los libros anticipó el punto de vista moderno del Hexateuco, dándole
preponderancia sobre el Pentateuco.
Aun cuando Gedees declaró ser fiel a la religión, y aún llegó a decir, “Yo
voluntariamente profeso ser un discípulo indigno pero sincero de Cristo; mi
nombre es cristiano, y mi apodo católico”, sin embargo, apeló a la razón, y,
como lo revelan sus palabras, a la razón humana autónomo, como “el
único pilar sólido de la fe”. La posición de Geddes por tanto en el fondo era
racionalista y hostil al cristianismo sobrenatural. Por supuesto que el
cristianismo y la razón no son enemigos, porque el cristianismo es la única
explicación razonable de la vida, y la verdadera razón, que se deriva de Dios, es
tanto humilde como receptiva. Sin embargo, el consideraba la sola razón del
hombre como autónoma y como suprema corte del juicio, es elevar al hombre
como juez de la Revelación de Dios. Eso es racionalismo de un tipo demasiado
atrevido. Por tanto, Geddes, queriendo o no, atacaba a la religión cristiana, y
con razón la autoridad de su iglesia se le opuso.
(2) Juan Severin Vater en su Commentar über den Pentateuch (1802-05),
desarrolló en una forma más completa la hipótesis fragmentaria de Geddes.
Trató de demostrar el crecimiento gradual del Pentateuco a partir de los
fragmentos individuales, de los cuales encontró cerca de treinta y ocho.
Algunos de estos eran del tiempo de Moisés, pero el Pentateuco en su forma
actual pertenece a la edad del exilio.
Debe hacerse la observación, que hasta ese tiempo, el análisis
documentario, se había limitado en su mayor parte sólo al Génesis. Sin
embargo, Vater lo continuó a través del resto del Pentateuco. En realidad, él
consideró la médula del Pentateuco como un libro de ley, y enseñó, que el
Deuteronomio fue más bien del tiempo de David o de Salomón.
(3) Anton Theodor Hartmann en su Historisch-kritsche Forschungen über
die Bildung, das Zeitalter und den Plan der fünf Bücher Mosis (1831) llevó
adelante esta teoría. Pensaba que era de dudarse que el arte de la escritura se
hubiera conocido ya en los tiempos de Moisés, y creía en cambio, que los
hebreos llegaron a conocer este arte más o menos en los días de los Jueces. De
acuerdo con Hartmann, la mayor parte de las porciones del Pentateuco se
formaron durante el tiempo de Salomón o durante el exilio, y en su forma
actual, el Pentateuco es el resultado del período del exilio. Al mantener este
punto de vista sobre el origen histórico de los libros, Hartmann naturalmente
llegó a creer que los relatos del Pentateuco eran solamente mitos y tradiciones
deformadi.
(4) Wilhelm Martín Lebrecht de Weete. A este autor también se le debe
mencionar entre los que favorecieron la hipótesis fragmentaria. En su Beitriige
zur Einleitung ins at, (1806-07), afirmó que las partes más antiguas del
Pentateuco pertenecían al tiempo de David. Originalmente decía él, fueron
fragmentos individuales e independientes, los cuales se colocaron en el orden
debido por distintos recopiladores; así por ejemplo, el recopilador de
Levítico fue una persona diferente del de Éxodo, etc.; Deuteronomio fue escrito
durante el tiempo de Josías, y ya que a este libro se le presupone en los otros
libros del Pentateuco, estos deben ser posteriores. Este punto de vista encontró
expresión especial en la disertación de De Wette titulada, Dissertatio qua
Deuteronomium a prioribus Pentateuchi libris diversum alius cuiusdam
recentioris auctoris opus esse demonstratur (1805). Esta opinión acerca del
Deuteronomio, fue punto clave en discusiones posteriores.
Con respecto a Génesis, De Wette volvió a la hipótesis documentaria y
sostenía que el autor de ese libro poseía un documento Elohim el cual se
extendía cuando menos hasta el capítulo 6 de Éxodo y éste lo complementó él
con fragmentos de probablemente una o más fuentes Jehovistas. De Wette
rechazó definitivamente el carácter histórico de la historia mosaica y consideró
a Génesis como un libro que contenía cierto tipo de poema épico. Podemos considerar
entonces, que él apoyaba la hipótesis fragmentaria sólo en forma
limitada.
Consideraciones Generales sobre la Hipótesis Fragmentaria
(1) La hipótesis fragmentaria es un reductio ad absurdum de los principios
y métodos de una hipótesis de dos documentos anteriores. Como lo declara
Green, “Admítase la legitimidad de este proceso desintegral, y no habrá límite
hasta donde no se pueda llevar al gusto del operador; y podríamos agregar, que
no habría obra a la cual no pudiera aplicársele” (HCP, p. 72). El lector debe
consultar a E. D. McRealsham (C. M. Mead): Romans Dissected. A New
Critical Analysis of the Epistle to the Romans. fi
(2) Es absolutamente inconcebible que una obra que manifiesta en tal forma
la unidad interna y armonía del Pentateuco, pudiera haber sido recopilada de un
cúmulo de fragmentos independientes y revueltos.
(3) Las alusiones de una parte del Pentateuco a la otra parte, demuestran
claramente que la hipótesis fragmentaria es incorrecta.
(4) Los partidarios .de la hipótesis fragmentaria no sólo han negado la
paternidad literaria mosaica del Pentateuco, sino también su historicidad
esencial. El racionalismo de Geddes influyó en Vater, y éste a su vez influyó
sobre De Wette. El espíritu de Geddes prevaleció entre los que favorecieron
esta hipótesis, hayan estado ellos conscientes de ello o no.
(5) En vista del testimonio del Nuevo Testamento acerca de la
historicidad de los acontecimientos del Pentateuco, la hipótesis fragmentaria
debe ser rechazada, ya que niega tal historicidad.
Oposición a la Hipótesis Fragmentaria
La hipótesis de los fragmentos de ninguna manera atrajo la aceptación
universal. Por tanto es necesario considerar a algunos que, o escribieron
directamente en contra de ella, o defendieron sus propios puntos de vista.
Consideraremos primero a aquellos que presentaron opiniones propias.
(1) Entre los que manifestaron oposición especial a los escritos de Vater y
De Wette, estuvieron aquellos que trataron de mantener la paternidad literaria
mosaica esencial para el Pentateuco. Podemos mencionar entre estos a Kelle
(1811) Fritzsche (1814) Jahn, y hasta cierto punto también a Rosenmueller
(1821).
(2) En su Introducción Bíblica, L. Bertholdt (1813) afirmó que el
Pentateuco era esencialmente mosaico, aun cuando fue recopilado en su forma
actual en cierto período entre los tiempos de Saúl y el fin del reinado de
Salomón.
(3) El Conde Volney, en su “Recherches nouvelles sur l'histoire ancienne”
(1814), afirmó que nuestro Pentateuco actual fue recopilado por Hilcías (2
Reyes 22) utilizando archivos mosaicos genuinos y algunas adiciones
posteriores.
(4) J. G. Herbst, un profesor en Tübingen, afirmó que el Pentateuco se editó
en el tiempo de David y que consistía en escritos mosaicos genuinos con
algunas adiciones.
(5) En el año de 1832, Eichhorn modificó en cierta forma su creencia
primitiva acerca de la paternidad literaria mosaíca del Pentateuco.
(6) Heinrich Ewald le dio lo que podríamos llamar “el tiro de gracia” a la
hipótesis fragmentaria. En su obra sobre el Génesis, Die Komposition der
Genesis kritisch untersucht (1823), Ewald presentó una defensa poderosa a
favor de la unidad del libro. Trató de alejarse de lo que el llamaba la
Hypothesenstrudel, y descubrir lo que el narrador del Génesis quiso decir en
realidad. No afirmó que Moisés fuera el autor, pero sí opinó que el Génesis era
un libro sorprendente, que procedía de una época muy antigua (“der grauen
Vorzeit”) Decía que el Génesis parecía ser una unidad, destinada a exhibir
la historia del pueblo de Dios desde su origen hasta que se les trajo de Egipto.
Pensaba que ciertas expresiones idiomáticas demostraban la unidad del libro;
también decía que ciertas características de Génesis aparecían en la literatura
árabe, en donde por ejemplo, las que se pueden encontrar repeticiones y
encabezados especiales dentro de un libro mayor. Por tanto, esto no es
indicación de diversidad de autores. Ewald concluye diciendo que no debemos
buscar ya diferentes narradores en donde existe la más grande armonía ni tratar
de dividir en piezas sueltas aquello que está tan firmemente asido (“in einzelne
Stücke trennen, was taunsendfache Biinde aufs genaueste an- und ineinander
verknüpfen”).
En la opinión del autor del presente libro, Ewald contribuyó eficazmente a
la solución del problema de la unidad del Génesis, por medio de su mención de
la literatura arábica. (Véase Roberto Dick Wilson: “The U se of 'God' and 'Lord'
in the Koran” en PTR, Oct. 1919, Ps. 2-8).
(7) C. P. W. Gramberg en el año de 1829, trató de seguir la huella del
desarrollo de ciertas instituciones israelitas, tales como las festividades, el
sacerdocio, los sacrificios, los santuarios, etc. Pensaba que el Génesis y el
Éxodo provenían de viejas fuentes, tanto orales como escritas, y que fueron
recopilados en alguna ocasión entre el período de David y el de Ezequías.
Levítico y Números pertenecen al principio del exilio, mientras que el
Deuteronomio, recopilado de fuentes post-josianas, pertenece al final del exilio.
Gramberg declaró que el redactor, al combinar los documentos Elohista y
Jehovista, llevó a cabo ciertos cambios y adiciones propias de él; por tanto a
Gramberg, se le puede considerar legítimamente como el precursor de hipótesis
de la desarrollo de Wellhausen.
(8) Wilhelm Vatke afirmó que la situación mosaica no era histórica, y que
la Ley, más que un fundamento, era el producto de una situación ya existente.
El libro de la ley, descubierto durante el reinado de Josías, esencialmente
constituia partes del código del Exodo. Por otra parte, el Deuteronomio se
originó después de la reforma josiánica, y las últimas porciones de la ley,
provienen del exilio. Por tanto, aun con más énfasis que Gramberg, Vatke fue el
precursor de Wellhausen. Vatke ventiló sus opiniones en Su obra llamada Die
Religion des Ats nach den kanonischen Büchern entwickelt (Berlin, 1935).
(9) J. F. L. George, en su Die iilteren jüdischen Feste mit einer Kritik der
Gesetzgebung des Pentateuchs (Berlin, 1835), dividió la historia de Israel en
tres períodos. Al primero le atribuyó las porciones históricas del Pentateuco,
esto es, Génesis, parte del Éxodo y Números. Al segundo le asignó los
Jueces y los Profetas. Deuteronomio aparecía hacia el final de este período. El
tercer período es el de la jerarquía, y durante este tiempo se produjeron los
últimos libros del Antiguo Testamento, incluyendo porciones del Pentateuco.
Esta reconstrucción de la historia de Israel, tuvo la influencia de la filosofía de
Hegel.
(10) E. Bertheau (1840). Consideraba que los tres libros intermedios del
Pentateuco, contenían una gran colección de leyes genuinamente mosaicas, las
cuales estaban organizadas en siete grupos, cada uno de los cuales a su vez,
constaba de siete series, y cada una de estas, contenía diez preceptos. El resto
del asunto legal, y la porción histórica, fueron agregados después.
II. La Hipótesis Suplementaria
Al hablar del Génesis, De Wette afirmó que el autor de ese libro había
tenido ante él un documento (E) el cual complementó con partes de otras
fuentes. En esta forma, él esencialmente defendió una hipótesis de suplementos.
Este punto de vista se inclinaba hacia la dirección opuesta a la hipótesis
fragmentaria. En realidad, se inclinaba a mantener la unidad de los libros
bíblicos, y por tanto, hasta donde llegó, era un paso hacia el buen camino.
(1) Enrique Ewald, en un comentario a Krítísche Untersuchungen über die
Génesis (1830) por J. J. Staehelin, expresó la opinión de que la base para los
primeros seis libros de la Biblia, estaba en un escrito Elohístico en el cual el
autor había utilizado secciones más antiguas, tales como los Diez
Mandamientos. Más tarde, se originó un escrito paralelo, y éste utilizaba el
nombre de Jehová. Una mano posterior, tomó extractos de este documento J, y
los insertó en el documento básico E, y algunas veces, esto resulta visible.
(2) P. von Bohlen propuso una opinión algo similar (1835) en un estudio
sobre el Génesis. Asumió la existencia de un escrito original el cual fue tomado
por un autor israelita que lo adaptó a sus propósitos. Von Boblen también
consideró al Deuteronomio la porción menos antigua del Pentateuco, dándole la
fecha del tiempo de J osías. Consideró que el resto no fue terminado sino hasta
después del exilio.
(3) Federico Bleek también defendió una forma de la hipótesis
suplementaria en su obra sobre el Génesis llamada, De libri Geneseos origine
atque índole hístoríca observatíones quaedam contra Boh/.enum (1836), el
cual, como su título lo manifiesta, estaba dirigido en contra de Bohlen. El
redactor que suplementó la fuente Elohística, fue el mismo Jehovista, afirmaba
él. Sin embargo, Bleek también pensaba que muchos pasajes en el Pentateuco
eran originalmente mosaicos y que con estos libros, estamos pisando tierra
histórica. El Deuteronomio difiere de los libros anteriores, en que no es una
colección, sino una unidad, y está relacionado con Jeremías. De acuerdo con
Bleek hubo dos redacciones principales de todo el Pentateuco. Una se llevó a
cabo durante el período de la monarquía unida y fue hecha por el recopilador de
Génesis. La segunda la efectuó el recopilador del Deuteronomio, casi al final
del reino de Judea y también incluía a Josué. La obra entera, redactada en esta
forma, fue descubierta en el año dieciocho del reinado de Josías. Muchas de las
ideas anteriores, las presentó Bleek en sus primeras obras (1822, 1831). En la
5a. y 6a. ediciones de su IntroducciOn (1840, 1845), De Wette declaró que
había habido una redacción triple del Hexateuco: la Elohística, la Jehovística y
la Deuteronómica. La Jehovista había suplementado al documento Elohístico,
una obra del tiempo de Jeroboam l. En esta forma De Wette ahora estaba en
favor de la hipótesis suplementaria.
Podemos estudiar una expresión madura de los puntos de vista de Bleek en
la traducción al inglés de su Introduction (1869), una obra muy valiosa, la cual
está caracterizada por la moderación y la sobriedad. Bleek era un Cristiano
evangélico, y aun cuando algunos de sus puntos de vista parecen ser
insostenibles y discordantes con la posición Cristiana evangélica, sin embargo
Bleek, porque su deseo era ser un crítico constructivo, es digno aún hoy de serio
estudio.
(4) En 1843, Staehelin publicó su Critical Investigatiom en la cual
declaraba que el Pentateuco (y Josué) fue redactado en el tiempo de Saúl,
probablemente por Samuel. Sin embargo, tras todo esto, había otra obra, la cual
contenía mucho de Génesis, y la mayor parte de los libros intermedios, así
como la parte geográfica de Josué. Esto se compuso poco tiempo después de la
conquista de Palestina.
(5) César von Lengerke (1844) asumió una redacción triple del Hexateuco.
Pensaba que el escrito básico era Elohístico, compuesto en la primera parte del
reinado de Salomón. El redactor había sido un Jehovista, cuya obra contenía la
mayor parte del Pentateuco. Esto había sido escrito más o menos durante el
tiempo de Ezequías, mientras que la mayor parte del Deuteronomio y Josué
había sido escrito durante el tiempo de Josías.
(6) Franz Delitzsch, en su comentario de Génesis (1852), afirmó que todas
las porciones del Pentateuco que se le atribuían a Moisés (Deuteronomio y
Éxodo 19-24), fueron en realidad escritas por él. El resto de las leyes eran
mosaicas, pero habían sufrido codificaciones por los sacerdotes después de la
conquista de Canaán. Después de la conquista, probablemente Eliezer, escribió
el documento Elohístico y allí se incorporó el Libro del Pacto. Más tarde,
alguien suplementó esta obra, también incluyendo el Deuteronomio.
(7) Federico Tuch en su comentario de Génesis (1858) dio expresión clásica
a la hipótesis suplementaria. Declaró que en el Pentateuco existían dos
documentos, los cuales podían distinguirse por el uso de los nombres divinos.
De estos dos, el Elohístico es el básico, abarcando todo el período mosaico y
aún continuando hasta el libro de Josué. El que suplementó (Ergiinzer) es el
autor Jehovístico quien insertó material propio en el documento E. De acuerdo
con Tuch, el Elohista pertenecía al tiempo de Saúl, y el Jehovista a la época de
Salomón.
La hipótesis suplementaria se desmorona sin embargo, ante un hecho
sumamente claro. Ya que al que suplementó generalmente se le consideraba
como 'J', es perfectamente claro por qué los pasajes J contenían alusiones a los
pasajes E. ¿Pero a qué se debe que los pasajes E, que se suponen fueron escritos
antes que el que suplementó “J” iniciara su trabajo, contienen alusiones o
presuponen el contenido de las secciones J? Aquí es donde la teoría falla.
Existen también otras dificultades, pero esta es la principal. J. H. Kurtz sometió
esta teoría a una estricta refutación en 1844, en una discusión de Génesis 1-4.
Dos años después, en 1846, apareció su obra sobre la unidad del Génesis, Die
Einheit der Genesis, la cual constituye la refutación. Desafortunadamente,
Kurtz más tarde abandonó su opinión.
III. La hipótesis de cristalización
(1) Enrique Ewald tenía todavía que cambiar de opinión. En la forma en que
había ayudado a establecer, también ayudó a destruir la hipótesis suplementaria.
En su History of the People of Israel (1840-1845), declaró que existían en el
Pentateuco, fragmentos que no se referían ni a E, J, ni al Deuteronomio. Ewald
le asignó a Moisés el Decálogo y unas cuantas leyes. Consideró también que la
lista de los campamentos en Números 33, Génesis 14, etc., eran sumamente
antiguos. Además, encontró un libro, el Libro de los Pactos, el cual creyó que lo
escribió probablemente algún habitante de Judea durante el tiempo de los
Jueces. También creyó que había un Libro de los Orígenes, escrito por un
Levita en los primeros años del reinado de Salomón. Esto casi se aproximaba al
Elohista de la hipótesis suplementaria. Además, había un tercer narrador,
probablemente contemporáneo de Elías, el cual, con la ayuda de la primera obra
histórica, narró la historia mosaica. Debemos encontrar también un cuarto
narrador - profético -, y un quinto, un habitante de Judea del tiempo de Uzzías o
Jotham.
Este quinto narrador, utilizó constantemente el nombre de Jehová, y fue el
editor. De esta obra, derivamos nosotros nuestro Hexateuco, y tres manos
trabajaron en forma activa ella redacción final. Lev. 26:3-45, se insertó cerca
del año 600 A.C. En la primera edición de su obra Ewald sostuvo que el
Deuteronomio fue agregado durante la última mitad del reinado de Manases,
pero en ediciones subsecuentes, declaró que originalmente era una obra
independiente la cual fue añadida por un editor final por el año 500 A.C.
(2) Augusto Knobel, 1861, enseñó una forma más sencilla de esta hipótesis
de la cristalización. El estaba en favor de un documento básico, E, que
pertenecía al período de Saúl, por tanto algunas veces se le clasifica como un
defensor de la hipótesis suplementaria. Junto con este documento, había otro de
un origen posterior, un Libro de los Derechos. Además, existía el documento J,
el Libro de las Guerras, y el autor de este último era también el que había hecho
los suplementos. Por último venía el Deuteronomio, el cual era contemporáneo
de Jeremías.
(3) Eberhard Schraeder, 1869, al intentar presentar una forma de la
hipótesis de la cristalización, trató de unir varias hipótesis. Declaró que el
Pentateuco consistía dé dos documentos originales, E, y el narrador teocrático,
un segundo E. Estos dos fueron ordenados y hechos uno por un Jehovista, y el
Deuteronomio fue la obra de otro autor.
IV. La hipótesis documentaria modificada
La hipótesis de la Cristalización fue un esfuerzo por hacer a un lado las
dificultades que presentaba la hipótesis suplementaria por medio de la
introducción de suplementos adicionales. Cien años exactos después de la
aparición de la obra de Astruc, Hermann Hupfeld se echó a cuestas la tarea de
hacer a un lado la dificultad de una manera totalmente distinta. En su
importantísima obra, Die Quellen der Genesis und die Art ihrer Zusammensetzung van neuem untersucht, (1853), trató de probar lo
siguiente:
(1) Las secciones J en el Génesis, no eran sólo suplementos desconectados a
una base Elohística anterior, sino que ellos mismos formaban un documento
continuo.
(2) Por otra parte, las secciones Elohísticas, no eran un documento
continuo, sino más bien era un cuerpo compuesto, el cual consistía de dos
documentos. Ilgen ya anteriormente había expuesto esta idea, lo mismo había
hecho De Wette y hasta cierto punto KnobeI. Había entonces un primer Elohista
y un segundo Elohista. En una forma rara sin duda, Hupfeld se inclinaba en
favor del segundo Elohista, aunque empleando el nombre divino de Elohim, sin
embargo, en su lenguaje y en otras características, él se inclinaba más hacia el
Jehovista que al primer Elohista.
(3) Un redactor ordenó estos tres documentos y los dejó en su forma actual.
Hupfeld puso mucho énfasis en el redactor, y le otorgó gran libertad en su obra.
En realidad, se le pueden achacar a este redactor muchas de las "dificultades"
en el Pentateuco.
El arreglo cronológico de los documentos hecho por Hupfeld, fue por tanto,
como sigue:
Primer Elohista (die Urschrift)
Segundo Elohista
Jehovista
Deuteronomio
Hay que hacer ciertas consideraciones con respecto a la forma en que
Hupfeld dividió el Génesis. En primer lugar, Hupfeld comienza su segundo E
en Génesis 20, mientras que su primer E casi termina en este punto. Esto parece
ser la ruptura de, un documento que era continuo, especialmente debido a que el
segundo E parece presuponer algo del primer E. Cuando menos podemos decir
que se destruye la continuidad y lo completo del primer E. Otro punto de mucha
importancia, es que el contenido del primer E es en gran parte genealógico,
material estadístico, y acontecimientos extraordinarios, tales como la creación,
el diluvio, etc. Este material no es propiedad absoluta de ningún autor en
particular, sino más bien se debe a la materia en cuestión. Nuevamente la
insistencia de HupfeId de que el segundo E se acercaba más al J que al primer
E, es una evidencia clara del carácter insatisfactorio de los nombres divinos
como criterio para distinguir los documentos. Por último, sin el uso
acomodaticio del redactor hecho por Hupfeld, la teoría entera se
desmorona.
Sin embargo, los puntos de vista de Hupfeld, ganaron terreno, y
probablemente sería correcto referimos a él como el fundador de la hipótesis
documentaria moderna; esto es, la hipótesis de que el Pentateuco se compone de
cuatro documentos principales. Eduardo Boehmer, (i860), aceptó esta teoría en
sus fundamentos más básicos, y fue el primero en publicar el texto de los
distintos documentos en varios tipos de imprenta; Teodoro Noeldeke (1869),
quien también atacó la hipótesis suplementaria; Augusto Dillmann (1886),
quien utilizó las letras A, B, e, D, para distinguir los documentos; y Franz
Delitzsch (1880).
Consideraciones Generales Sobre la Hipótesis Documentaría
A los cuatro documentos que Hupfeld creyó haber descubierto se les llegó a
designar con distintos nombres. La designación que hasta nuestros tiempos ha
prevalecido, es la siguiente:
P (Sacerdotal) - El primer Elohista de Hupfeld
E - El segundo Elohista
J - Jehovista
D - Deuteronomio
No es nuestra intención enfrascarnos en una larga y tediosa refutación de
esta hipótesis. Esto se ha hecho ya en muchas ocasiones. Los principales
argumentos en contra de la teoría documentaría son los siguientes:8
(1) En las Escrituras se encuentran, distribuías en varias porciones,
afirmaciones categóricas al hecho de que el Pentateuco es mosaico.
(2) La teoría no es natural. Es forzar demasiado la credulidad de uno, el
pedirle que crea que una obra que exhibe la unidad interna y armonía de
propósito como se encuentra en el Pentateuco, haya tenido su origen en la
forma en que lo declara esta hipótesis. Este fenómeno no tiene paralelo en la
historia de la literatura.
(3) Los nombres divinos no están distribuidos adecuadamente en el Génesis
para que pudieran constituir la base para el análisis y la formación en
documentos. Debemos observar los siguientes puntos:
(a) El nombre Jehová (Yehowah) no ocurre en los siguientes capítulos, Gén.
1, 23, 33, 34, 35, 36, 37, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 50, ni en Ex. 1, 2. En
los últimos once capítulos de Génesis, aparece solamente una vez, esto es,
en Gén. 49: 18. Ocurre quince veces en los últimos veinte capítulos, siendo tres
de estas menciones en el capítulo 38, y ocho en el capítulo 39. A pesar de esto,
se dice que porciones de J se encuentran en cada uno de estos veinte capítulos
(véase por ejemplo, Carpenter y Harford: The Campasítían af the Hexateuch,
1902, ps. 511-514).
(b) No se encuentra el nombre Elohim en Génesis 10-16, 18, 29, 34, 36, 37,
38, 47, 49.
(c) La Deidad no se menciona como tal en Génesis 23, 24, 36, 37, Y 47. Sin
embargo, de acuerdo con Carpenter y Harford, esos capítulos se encuentran
distribuidos como sigue:
J
34:2b-3ac, 5, 7, 11
19, 26, 29b-31
36:32-39
37:2b, 2d-4, 12
13a, 14b, 18b,
21, 25b-27, 28b,
32a, 33b, 35.
47:1-4, 6b, 12-27a,
29-31
P
23:1-20
34:1-2a, 3b, 4, 6,
8-10, 12-18,
20-25, 27-29a.
36:1ab-5a, 5b-8,
9-28, 29.
37:1-2ac.
47:5-6a, 7-11,
27b-28.
E
37:5-11, 13b-14a, 15-17a, 17b-18a, 19, 22-25a, 28a, 28c-31, 32b-33a, 34,
36.

Un estudio cuidadoso de esta tabla y de las declaraciones anteriores,
dejará en claro que el análisis en realidad depende de un criterio distinto al de
los nombres divinos.
(d) La distribución de los nombres divinos es más pronunciada en las
porciones primeras del Génesis, particularmente en los capítulos 1-3. En el 1-
2:3, Elohim aparece treinta y cinco veces, y en el 2:4-3:24, Jehová Elohim
ocurre veinte veces. Esta es una frase que aparece solamente una vez en el resto
del Hexateuco (Ex. 9:30), y relativamente muy rara vez en el resto del Antiguo
Testamento.
(e) Las variaciones en los nombres divinos, particularmente en los primeros
capítulos de Génesis, se deben a razones teológicas. Por ejemplo, cuando en
Gén. 3:2, la serpiente se refiere a Dios como Elohim, es fácil de entender que el
nombre del Pacto, Jehová, no podía ocurrir en la boca de la serpiente.
Hengstenberg dio expresión clásica a este pensamiento en su DGP, Vol. 1, ps.
213-393. También debemos observar que en ciertos casos el uso de los nombres
puede explicarse como un deseo de evitar repetición innecesaria. Con respecto a
esto, también se podría anotar el hecho de que el uso de lo Septuaginta no
corresponde de principio a fin al del texto Hebreo. Este uso en ciertas ocasiones
se puede deber a otras razones; pero en ninguna ocasión indica verdaderamente
un autor distinto.
(f) El nombre de Jehová aparece en pasajes que se atribuyen a P, y Elohim
aparece en los llamados pasajes J. Así por ejemplo,
J
Gén. 7:9, "como mandó Elohim a Noe.
E
Gén. 20:18, "Por que había Jehová", etc.
P
Gén. 7:16b, “y Jehová le cerró la puerta".
Este fenómeno, del cual se da aquí solamente un ejemplo, ocurre en varias
ocasiones, y es sólo una evidencia más del hecho que como el Pentateuco está,
no se puede llevar a cabo el análisis basándose en los nombres divinos.
(g) Las características del uso de los nombres divinos en el Pentateuco, se
pueden comparar con las del Corán, al cual se le atribuye un sólo autor, Mahoma.
(4) Ya que el análisis no se puede llevar a cabo únicamente con la ayuda de
los nombres divinos, es necesario tener a la mano un redactor para cuando el
análisis no se pueda efectuar. Unos cuantos ejemplos penetrantes demostrarán
cuán débil es este proceso. (Véase E. S. Brightman: The Sources of the
Hexateuch, New York, 1918, para descubrir qué tan frecuentemente se usa a un
redactor). Las palabras en cursiva, son las que generalmente se le atribuyen a un
redactor.
Gén. 2:4b G), "el día que Jehová Elohim hizo" etc. (lo mismo a través de
esta sección).
Gén. 7:16 (P), "como le había mandado Dios, y Jehová le cerró la puerta".
Gén. 14:22 (?), "a Jehová, Dios El alto".
Gén. 20:18 (E), "porque Jehová" etc.
Gén. 21:1b (P), "e hizo Jehová" etc.
(5) El análisis destruye la unidad de un documento que de otra manera
exhibe absoluta continuidad. U nos cuantos ejemplos pondrán esto en claro:
(a) Gén. 5 (P) habla del amplio reino de la muerte sobre la humanidad, pero
Gén. 5 (P) dice que todo era bueno. Si entonces, todo lo que Dios creó fue
bueno, ¿por qué tenía que reinar la muerte sobre todo? P no explica esto. La
explicación se encuentra en JE (Gén. 3). En la forma como se encuentra P, por
tanto, está incompleto.
(b) Ex. 3:4 dice, «y viendo Jehová que iba a ver, llámalo Elohim", etc. Por
tanto, el 4a se asigna a J y 4b a E.
(c) Gén. 19:29, se asigna a P, y se refiere a la destrucción de Sodoma y
Gomorra. Sin embargo, la narración de la destrucción misma, no se encuentra
en P, sino en J.
(d) El documento tiene un carácter particularmente fragmentario. Sin
embargo, la similitud de su estilo, se debe a la igualdad de su contenido, y no
porque sea la obra de un autor distinto.
(6) Después de Ex. 6:3, ya no se pueden utilizar los nombres divinos para
distinguir los documentos. Este versículo que generalmente se asigna a P, se
supone que enseña que el nombre de Jehová no había sido revelado
anteriormente. De acuerdo con este pasaje, el nombre que los patriarcas
conocían, era El Shaddai, y no Jehová. Por tanto, los críticos de la escuela
documentaria, atribuyen apariciones previas del nombre de Jehová, a J.
Aquellas apariciones que se encuentran en P, tales como Gén. 17:1, se le
atribuyen a un redactor.
Esta sin embargo, es una interpretación errónea. Este versículo no
significa que el nombre de Jehová como vocablo, no se conocía antes de esta
fecha. En la Biblia, el nombre de una persona representa su carácter o ser. Este
versículo por tanto, enseña que en su carácter de Jehová, esto es, de Dios
redentor, y Dios del pacto, los patriarcas no le conocían, una declaración que es
perfectamente correcta.
(7) Un estudio cuidadoso de los supuestos pasajes paralelos en el Génesis,
pondrá en claro el hecho de que en realidad no existen tales pasajes paralelos.
(Compare por ejemplo, la discusión de la relación entre Génesis 1 y 2, ps. 54,
55).
V. Hengstenberg y su escuela
No debemos pensar de ninguna manera que universalmente se aceptaron las
distintas hipótesis divisivas. No fue ese el caso. Bajo el ímpetu espiritual de
Ernesto Wilhelm Hengstenberg, nació una escuela de erudición reverente y
consagrada. Esta escuela no era reaccionaria, sino representaba más bien un
esfuerzo por rendir entero respeto a la autoridad de las Santas Escrituras y al
mismo tiempo, tomar en consideración los resultados de la más reciente
erudición.
El líder indiscutible de este movimiento fue Hengstenberg, a quien B. B.
Warfield ha llamado "uno de los expositores más penetrantes de las Escrituras
que Dios ha concedido a Su iglesia" (The rantes de las Escrituras que Dios ha
concedido a Su iglesia" (The Divine Messiah in the Old Testament," in
Christology and Criticism, 1929, p. 5). Nacido en 1802, Hengstenberg pronto se
distinguió por su trabajo minucioso y erudito. Antes de los veinte años ya había
terminado una traducción de Metaphysics de Aristóteles, y también a temprana
edad publicó una traducción al Latín del Moallakah de Amr' ilkeis. Siendo
estudiante en Basel, se convirtió y de inmediato se enfrascó en el estudio y la
defensa del Antiguo Testamento. Escribió muchos comentarios, así como la
formidable Christology of the Old Testament. Sin embargo es principalmente su
obra sobre el Pentateuco, la que ahora nos concierne. Esta ha sido publicada en
el idioma inglés bajo el título de, Dissertation on the Genuineness of the
Pentateuch (1847). Todo estudiante serio del Antiguo Testamento, debe leer
esta obra. Hengstenberg contesta en una forma absolutamente categórica de una
vez por todos los multiplicados argumentos que se habían presentado en contra
de la integridad y exactitud de los cinco libros de Moisés.
Entre quienes podríamos clasificar como individuos que cayeron bajo la
influencia de Hengstenberg, está M. Drechsler (Die Einheit und Echtheit der
Génesis, 1838), H. Ch. Havernick y Karl Friedrich Keil. Aún cuando los
escritos de estos hombres pertenecen al siglo pasado, sin embargo, son
sumamente valiosos aún hoy en día. Si a sus palabras se les hubiera prestado
atención, el curso subsecuente de la crítica hubiera sido distinto. Sin embargo,
el espíritu del tiempo estaba en su contra, y su obra no pudo detener la
amenazante ola de la crítica divisiva. Sin embargo, no debemos medir la verdad
por las mayorías, y el estudiante del Antiguo Testamento, si verdaderamente
desea mantener la verdad, necesita poner atención cuidadosa a la obra de estos
eruditos consagrados.
VI. La hipótesis del desarrollo9
En una conferencia pronunciada durante el semestre del verano de 1834,
Eduardo Reuss había expresado la opinión de que el documento Elohístico
básico, en lugar de ser el primero, era en realidad el último. En 1850
nuevamente declaró este pensamiento, pero en esa ocasión encontró muy
indiferente reacción.
Durante los años de 1862-1879, el Obispo de Natal, John William Colenso,
produjo una obra, The Pentateuch and ] oshua Critically Examined, en la cual
atacaba al documento básico de la hipótesis suplementaria, basándose en el
hecho que era tardío y sin importancia histórica.
(1) Karl Heinrich Graf, escribió una obra sobre los libros históricos del
Antiguo Testamento (1866) que constituyó un punto clave en la crítica del
Pentateuco. George y Vatke habían ya sugerido que la legislación Levítica era
posterior al Deuteronomio y que por ningún motivo pudo haberse producido
antes del tiempo del exilio. En el año de 1862, un rabí, el Dr. J. Popper, había
atribuido Éxodo 35-40 y Levítico 8-10 a los escribas que vivieron en los
tiempos de Esdras. La obra de Graf tuvo en alguna forma el efecto de un clímax
de estos puntos de vista anteriores. El tomó su punto de partida no del Génesis,
sino de la legislación. Pensaba que el Deuteronomio había sido formado durante
el reinado de Josías y presuponía solamente, la legislación J ehovística del
Libro del Pacto. Por otra parte, las leyes Levíticas, pertenecían a los tiempos de
Esdras. Es de admirarse que Graf haya atribuido Levítico 1826 a Ezequiel. Por
lo que toca al resto del Pentateuco, Graf se inclinaba hacia la hipótesis
suplementaria, manteniendo que el documento básico había sido suplementado
por el Jehovista, y que la obra final había sido editada y redactada por el
Deuteronomista.
Riehm y Noeldke atacaron la obra de Graf en dos puntos principales.
Insistieron que el Jehovista no había sido quien había suplementado sino que
más bien era el compositor de un documento independiente, y además, que la
legislación Levítica no podía divorciarse del documento básico.
Graf cayó bajo la influencia de estas críticas, y modificó su opinión original
hasta el punto de afirmar que el escrito básico no era la primera porción del
Pentateuco, sino la última. Podrá observarse, que esto comprendía un cambio
completo en la fecha que se atribuía al documento básico. El orden anterior, P E
J D, ahora se convertía en E J D P o J E D P.
(2) La teoría de Graf se fortaleció, y se le dió ímpetu a su propagación, con
la publicación de la obra de Abraham Kuenen, De Godsdienst van Israel (1869-
70). Kuenen, cuando menos en cierto sentido, había trabajado
independientemente de Graf.
(3) Augusto Kayser expresó esencialmente el mismo punto de vista en
1874, (Das vorexilische Buch der Urgeschichte Israels). De claro que la base
del Pentateuco era un documento Jehovístico, en el cual se habían incorporado
partes de un documento Elohístico. Deuteronomio provenía de los tiempos de
Josías, y estaba íntimamente ligado con el documento Jehovístico. En seguida,
venía la legislación de Ezequiel, incluyendo Levítico 17-26. El documento
Elohim (P) provenía probablemente de Esdras. Finalmente venía la
incorporación de todos ellos en un solo documento. Kayser presentó este punto
de vista más que nada sobre la base de consideraciones crítico-literarias.
(4) Fue Julio Wellhausen (Die Komposition des Hexateuchs, 1876-77),
quien colocó esta hipótesis en el lugar preponderante. De acuerdo con
Wellhausen, las primeras partes del Pentateuco venían de dos documentos
originalmente independientes, el Jehovista y el Elohista. De estos dos, el
Jehovista compiló una obra que era esencialmente narrativa. En tiempos de
Josías, apareció el Deuteronomio, y el Deuteronomista incorporó esto en la obra
Jehovística e hizo una revisión de la obra total, principalmente de Josué. La
legislación sacerdotal del documento Elohim fue en gran parte la obra de
Esdras. Un redactor posterior entonces, trabajó en toda la obra. Aun cuando
Levítico 17-26 provenía del tiempo de Ezequiel, no era la obra de ese profeta.
Wellhausen combinó la fecha de los varios supuestos documentos con una
reconstrucción evolucionaría especial de la historia de Israel, una
reconstrucción basada en la filosofía de Hegel. Wellhausen pensaba que la
religión primitiva de Israel, no era sino una expresión espontánea del impulso
religioso natural. El carácter histórico de las narraciones patriarcales en el
Génesis se negaba, y a Moisés se le convertía más o menos en personaje
nebuloso. Antes de la reforma Deuteronómica, se ofrecían sacrificios por todos
lados en la tierra; no existía un santuario central. Para comprobar esta pluralidad
de santuarios, Wellhausen apelaba a Ex. 20:24-26. Esta situación sin embargo,
fue ajustada por la reforma Deuteronómica bajo Josías (622 A.C.). La
legislación Levítica fue muy posterior. Así entonces, en este arreglo, hay un
desarrollo de las instituciones religiosas de Israel y también hay un desarrollo
en la idea del Dios de Israel.
(5) Este arreglo de Wellhausen encontró amplia aceptación. En Alemania la
abrazaron Kautzsch, Smend, Giesebrecht, Bunde, Stade, Cornill, y otros. En la
Gran Bretaña la presentó principal mente un ministro presbiteriano, Guillermo
Robertson Smith, en sus conferencias, las cuales fueron publicadas bajo el título
de, The Old Testament in the Jewish Church (1881). También la presentó S. R.
Driver en su Introduction. En los Estados Unidos la aceptó Benjamín Wisner
Bacon de Yale en The Genesis ofGenesis (1893) y The Triple Tradition of the
Exodous (1894).10
Esta reconstrucción popularizada por Wellhausen, generalmente es
conocida como la hipótesis Graf- Kuenen- Wellhausen. Para poder distinguirla
de la hipótesis documentaria, que sin duda constituye su base y sin la cual no
podría mantenerse, nosotros preferimos referirnos a ella como la Hipótesis del
Desarrollo. De ninguna manera ha dejado de existir aún en nuestros tiempos. En
Inglaterra Oesterley y Robinsón la han presentado en H ebrew Religion: Its
Origin and Development2 (1937; véase la crítica de este autor en WThJ, Vol. 1,
1938, ps. 59-64), y en los Estados Unidos por R. H. Pfeiffer en su Introduction
(1941).
Oposición a la Hipótesis del Desarrollo
(1) La oposición a la Hipótesis del Desarrollo, tomó distintas formas. Los
eruditos Alemanes antiguos se mantuvieron alejados de ella. Dillmann colocó a
P antes de D, en esta forma; E, 90-50; J, 800-750; P, 800-700; D, 650-623. W.
W. Graf Baudissin declaró que la base esencial de P era anterior al
Deuteronomio, y así también lo expresó Rodolfo Kittel. Eduardo Riehm
escribió en forma por demás convincente (1872) contra la opinión de que el
documento sacerdotal, es la última parte del Pentateuco, y Franz Delitzsch
(1877) atacó esta idea definitivamente. Tampoco Noeldeke aceptó la teoría.
(2) Las reacciones opuestas de los eruditos judíos fueron interesantes. C. G.
Montefiore, en las Conferencias Hibbert de 18-92 (Lectures on the Origin an
Growth of Religion as lllustrated by the Religion of the Ancient Hebrews),
abrazó en sus partes esenciales la hipótesis del desarrollo. Por otra parte, David
Hoffman escribió en contra de Wellhausen basándose en un estudio del
Halachah (esto es, la parte legal de la tradición judía) y trató de probar que P no
podía ser de una fecha muy tardía (Die Neueste Hypothese Über den
Pentateuchischen Priesterkodex, 1879-1880).
(3) En 1892 A. Klostermann atacó la teoría completa de los cuatro
documentos, y la substituyó por lo que equivalía a una nueva forma de la
hipótesis de la cristalización. La ley mosaica original constantemente estaba
sufriendo ampliaciones, decía él, ya que se leía en la adoración. Especialmente
durante el tiempo de Salomón, sufrió muchas adiciones, por ejemplo, las leyes
acerca del Tabernáculo. Nuevamente bajo Josías, se le amplió al incorporarle el
Deuteronomio.
Los ataques más fuertes en contra de la hipótesis del desarrollo, fueron
lanzados por aquellos que estaban determinados a ser fieles al carácter
sobrenatural del Antiguo Testamento y quienes vieron correctamente en esta
nueva hipótesis, a un enemigo de sumo peligro para la religión cristiana
histórica.
(4) En 1885, Edwin Cone Bissel publicó The Pentateuch: lts Origin and
Structure, en el cual claramente presentó las debilidades de la teoría de
Wellhausen. Guillermo Moeller, en 1889, inició una serie de publicaciones, en
las cuales en forma convincente rechazó la hipótesis del desarrollo (Kistorisch-
Kritische Bedenken gegen die Graf-Wellhausensche Hypothese von einem
früheren Anhiinger). Y en el año 1886, Geerhardus Bos publicó The Mosaic
Origin of the Pentateuchal Codes, otra refutación convincente de los puntos de
vista de Wellhausen.
(5) Sin embargo, el verdadero caudillo fue W. H. Green, profesor de
Literatura Oriental y del Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de
Princeton. Descendiente espiritual de hombres como Hengstenberg, Haevernick
y Keil, Creen había sido ayudante especial de José Addison Alexander, y estaba
bien preparado para llevar adelante la antigua tradición de Princeton de otorgar
una lealtad inteligente a la Biblia. Creen había demostrado su habilidad
anteriormente en The Pentateuch Vindicated from the Aspersions of Bishop
Colenso (1863). En el año de 1883, apareció su Moses and the Prophets, el cual
era una respuesta directa a Kuenen y a Cuillermo Robertson Smith. A este libro
le siguieron las conferencias Newton para 1885 tituladas, The Hebrew Feasts,
una obra que atacaba la médula de la hipótesis del desarrollo. En 1888 se inició
un debate amistoso sobre "El asunto del Pentateuco" entre Creen y Guillermo
Rainey Harper en las páginas de Hebraica. El material presentado en estos
artículos es sumamente valioso. Creen, como resultado de este debate, publicó
en 1895 su obra maestra, The Unity of the Book of Genesis, y en ese mismo año,
también apareció su obra, The Higher Criticism of the Pentateuch. Las obras
eruditas de Creen sin duda, constituyen la refutación más completa y convincente
de la hipótesis del desarrollo. ¡La iglesia de Dios puede estar para
siempre agradecida porque El le haya dado tal apologista!
(6) En el año de 1906, apareció la obra de Jaime Orr, The Problem of the
Old Testament, la cual es también una discusión muy completa de la teoría
documentaria y de bastante valor.
Consideraciones generales acerca de la hipótesis del desarrollo
La hipótesis del desarrollo como ha sido propuesta por la escuela de
Wellhausen, es insostenible, y lo es por las siguientes razones:
(1) Es una teoría que esencialmente es anti-sobrenaturalista por lo que toca
a su carácter. Propone un desarrollo en la vida religiosa de Israel y en sus
instituciones que es naturalista. Este punto de vista declara que los israelitas
comenzaron aparentemente como cualquier otra nación; sin embargo,
basándose en cualidades que poseían en ellos mismos, se supone que
desarrollaron las concepciones gloriosas de Dios que se encuentran contenidas
en los profetas. Si esto es así, entonces ¿por qué solamente Israel desarrolló tan
sublimes doctrinas? Existían profundos pensadores en otras partes, así como
filósofos de mucha habilidad. Con todo yeso, ninguna otra nación produjo
conceptos de Dios tales como los que se encuentran en el Antiguo Testamento.
Por supuesto que a este fenómeno la iglesia Cristiana tiene una rápida respuesta.
Se debe a que Dios intervino en forma especial en la historia de Israel. Esta
también es la enseñanza de la misma Biblia. Pero la escuela Wellhausen trata de
arreglárselas sin esta intervención especial de Dios. Se esfuerza por dar
explicación a una revelación sobrenatural basándose en principios
naturalistas. Por tanto debe ser rechazada.
(2) Si la hipótesis del desarrollo es correcta, entonces dos de los
documentos legales del Pentateuco son fraudulentos. Tanto el Deuteronomio
como la llamada legislación sacerdotal, dicen las Escrituras que fueron dichas y
entregadas por Moisés. Sin embargo, se nos dice que no fue así. Más bien, el
atribuir esto a Moisés, era simplemente una estratagema para obtener una
obediencia absoluta a la ley. Es difícil creer que obras producidas de tal manera,
pudieran traer consigo obediencia del corazón. Y la naturaleza sorprendente de
esta declaración, queda particularmente en claro, cuando recordamos que fue
nada menos que el mismo Señor de la verdad, quien rechazó la tentación del
maligno citando al libro del Deuteronomio.
(3) La declaración de que el pasaje de Ex. 20:24 hace legal la adoración en
cualquier santuario, está basada en una falsa exégesis del pasaje en cuestión. El
pasaje simplemente enseña, que "en cualquier lugar" o "en todos los lugares"
donde Dios hiciere memoria de su nombre (esto es, donde hubiere una
revelación divina), se podía construir un altar. Esto no viola la unidad del santuario,
ya que el mismo Libro del Pacto (Ex. 23:14-19) demanda la aparición de
los varones tres veces al año ante Jehová, esto es, en el santuario central.
Debe observarse además, que la erección de un altar memorial (Jos. 22:10-
19) fue considerada al principio como un santuario rival, y tanto lo resintieron
las nueve y media tribus que estuvieron listas a ir a la guerra. Claramente
consideraban (v. 19) al Tabernáculo como el santuario central.
El Deuteronomio está perfectamente de acuerdo con el Libro del Pacto en
este punto, porque también señala hacia la ocasión en que después de la
conquista de la tierra, Jehová escogiera un lugar entre todas las tribus para
poner allí su Nombre, y para que en este lugar todo el pueblo le adorase.
(4) Aparentemente la unidad del altar fue la ley de la vida de Israel desde un
principio. Nunca se había permitido la rivalidad de los santuarios, ni existió
siquiera en tiempos patriarcales. Jeremías, contemporáneo de Josías,
consideraba a Siloé como el lugar donde Jehová había puesto su nombre antes
que en ningún otro lado (compare Jer. 7:12, 14; 26:6, 9). Juan D. Davis hace
algunas explicaciones valiosas sobre este punto en HThe Sancturary of Israel at
Shiloh", * PTR, Vol. 16, Ps. 204-220.
(5) Cuando Hilcías encontró el Libro de la Ley, dijo, "He hallado el libro de
la ley". La frase parece ser definitiva, como si el sumo sacerdote se estuviera
refiriendo a un bien conocido Libro de la ley. Sin embargo, no se debe poner
demasiado énfasis en esto.
(6) La reforma de Josías estuvo dirigida primordialmente contra la idolatría
y la extinción del paganismo. Esto es algo raro, especialmente si recordamos
que de acuerdo con la hipótesis del desarrollo, el Deuteronomio se produjo con
el propósito de efectuar la centralización de la adoración. Sin embargo, tal fue
el caso. El Deuteronomio no llevó a cabo lo que debería haber llevado a cabo,
porque en la reforma de Josías, la centralización de la adoración ocupó un lugar
muy secundario (compare 11 Reyes 23:8, 9), mientras que el énfasis principal
se puso en la extirpación de las prácticas idólatras.
(7) Jeremías fue un contemporáneo de Josías, y sin embargo aparentemente
él desconoce absolutamente la centralización de la adoración del santuario
como la meta del pacto (compare Jer. 7:10 y siguientes).
(8) Debe además observarse, que el Deuteronomio busca un santuario
central, sólo hasta que Jehová ha dado al pueblo descanso de todos los
enemigos que lo rodean (Deut. 12).
(9) Bajo Ezequías (2 Reyes 18?22) se efectuó una reforma en favor de la
unidad del santuario. Sin embargo, algunas veces se ha disminuido la
importancia de este pasaje, especialmente por aquellos que favorecen la
hipótesis del desarrollo.
(10) El Deuteronomio claramente presupone la existencia de porciones del
llamado Código Sacerdotal. Unos cuantos ejemplos serán suficientes. Levítico
11 es anterior a Deut. 14:3-21, y no al contrario (compare los comentarios sobre
Lev. 11); Deut. 22:9--11 muestra cierto conocimiento de Lev. 19:19; Deut.
24:14 de Lev. 19:13; Deut. 25:13-16 de Lev. 19:35; Deut. 28 de Lev. 26; Deut.
12 de Lev. 17; etc.
Desde Wellhausen hasta La Primera Guerra Mundial
(1) Es difícil caracterizar el período de crítica literaria que siguió a
Wellhausen. Por una parte, los que favorecían la opinion de Wellhausen fueron
siendo cada vez más minuciosos y hasta "atomísticos" en su división de los
documentos. En lugar de hablar solamente de J, E, D, Y P, los eruditos se
empezaron areferir a J, J, J2, J3; E, El, E2, E3; P, P1, P2, P3; etc. Kuenen mismo
principió a indicar ampliaciones a la llamada fuente E. En 1906, atto Procksch
dio un mayor ímpetu a la división del texto, llevando aun más adelante su idea
(Das nordhebriiische Sagenbuch. Die Elohim-Quelle). Algunos eruditos
trataron de dar a los documentos una fecha más temprana. En esta forma,
Eduardo Koening, uno de los Hebraistas más profundos de este siglo, y también
un decidido creyente en lo sobrenatural, dio las siguientes fechas a los
documentos: E, 1200; J, 1000; D, 700-650; P, 500.
(2) B. D. Eerdmans en el año de 1908 comenzó una serie de estudios
(Alttestamentliche Studien I-IV, 1908-14), en los cuales presentó una solución
al problema del Pentateuco bastante distinta a la de las hipótesis prevalecientes.
Eerdmans era profesor en Leyden, y se oponía decididamente a los puntos de
vista ortodoxos de Abraham Kuyper. Rechazó la idea de que los nombres
divinos podían utilizarse como criterio para distinguir los documentos. El más
bien sostenía que el material pertenecía a cuatro distintas etapas de desarrollo,
de las cuales, la primera era la politeísta, y la última la monoteísta. Como
fundamento de todo estaba un politeísta Libro de Adán (comenzando en Gén.
5:1) el cual se originó más o menos antes del año 700 A. C. Más tarde se unió a
este, otra obra politeísta, una llamada recensión "Israel". Sin embargo, después
del descubrimiento del Deuteronomio, los primeros escritos se reeditaron con
un sentido monoteísta, y luego toda la obra se amplió después del exilio.
Estos cuatro libros de Eerdmans fueron escritos en oposición consciente al
análisis documentario, y también a la idea de que los profetas habían precedido
a la ley. Sin embargo, las ideas de Eerdmans, no han encontrado aceptación
muy amplia.
(3) Harold M. Wiener, un abogado inglés, en el año de 1909 publicó el
primero de varios libros que trataban sobre el problema del Pentateuco. Wiener
atacó la hipótesis documentaria, apelando a la Septuaginta en donde los
nombres divinos difieren un tanto del texto Masorético. Este autor afirmaba que
existían ciertos elementos post-mosaicos en el Pentateuco, pero a la vez
defendía su pertenencia Mosaica esencial. Trató de armonizar supuestas
discrepancias, particularmente entre las leyes, y a menudo lo consiguió. En lo
general, donde más se distingue, es en su refutación de la opinión de
Wellhausen, más que en la presentación de una reconstrucción positiva.
(4) Ernesto Sellin en sulntroduction (1910) puso cierto énfasis en la
hipótesis del desarrollo, que hasta ese entonces había faltado. El pensaba que el
Pentateuco se desarrolló de una fuente J ehovística. Sin embargo, a Sellin se le
presentó un serio problema, esto es, ¿cómo pudo ser que al aparecer una fuente
posterior, no tuvo éxito en llevar a cabo las intenciones de su autor de substituir
a las fuentes ya existentes? Sellin pensaba que la respuesta se encontraba en el
hecho de que las fuentes se utilizaron para el servicio litúrgico.
(5) De particular importancia fue la obra de J. Dahse (teniendo su
clímax en su Textkritisch Materialen zur Hexateuchfrage, 1912), en la cual hizo
un estudio profundo y minucioso del uso de los nombres divinos en la
Septuaginta, indicando los lugares en donde se diferenciaban del hebreo.
También demostró cuán insostenibles eran los nombres de Jacob e Israel como
señales de distintas fuentes literarias. El libro de Dahse es sin duda un duro
revés en contra de la hipótesis documentaria. Aún el mismo Wellhausen llegó a
admitir que tocaba un punto débil.
(6) Rodolfo Smend, un partidario de la escuela de Wellhausen, en el año de
1912 publicó su obra sobre la narración del Hexateuco, (Die Erzahlung des
Hexateuchs auf ihre Quellen untersucht). En este volumen, proponía una
hipótesis documentaria propia. Sin embargo, ya que esta teoría ha ganado
algunos partidarios, habremos de referirnos a ella como la nueva hipótesis
documentaría. La esencia de la teoría era que había dos Jehovistas, lo cual ya
había sido indicado por Ilgen, y presentado en 1885 por Carlos Bruston. Smend
designaba a estos dos Jehovistas como J1 y J2, Y los consideraba como dos
autores paralelos, cuyas obras continuaban a través del Hexateuco. Al mismo
tiempo insistía en la unidad de la fuente E y negaba que E estuviera constituido
por muchas adiciones Por otra parte, P y D, según él, se caracterizaban por sus
muchas adiciones o suplementos.
(7) Ataques poderosísimos contra el análisis divisivo lanzó Wilhelm
Moeller. En 1912 apareció una de sus obras más convincentes, Wilder den Bann
der Quellenscheidung. En este libro, Moeller repasa los argumentos a favor de
la hipótesis documentaria y muestra claramente sus debilidades. Presenta
argumentos en favor del Pentateuco, y esto lo hace en una forma especialmente
dominante.
De la Primera Guerra Mundial hasta Nuestros Días
I. La escuela de crítica-forma
En 1901, se publicó un libro que contenía la expresión de un punto de vista
que habría de dar en realidad, un serio revés a la teoría Graf- Kuenen-
Wellhausen. Este libro fue el, Die Sagen der Genesis de Hermann Gunkel, el
cual en realidad no era más que la introducción a su comentario sobre Génesis.

De acuerdo con Gunkel, los narrativos o sagas (para usar sus propias
palabras) del Génesis eran las historias que circulaban entre los antiguos Israelitas.
Se contaron generación tras generación, y sin duda siglo tras siglo,
hasta que finalmente adquirieron una forma cristalizada. Entonces alguien las
escribió. No se escribieron todas estas historias en el Génesis, sino solamente
algunas. Al principio tales historias no poseían ninguna relación entre sí, pero
con el tiempo se las empezó a identificar con algún personaje favorito como
Abrahán o Jacob. En cierta ocasión antes de los profetas, fueron coleccionadas
en un grupo mayor, que son los documentos que ahora conocemos como J, E,
etc. Finalmente se las unió. La unidad para la investigación por tanto es la saga
individual. Pero de hecho, esta consideración borra las características peculiares
de los supuestos documentos.
Las sagas de Génesis, de acuerdo con Gunkel, no son necesariamente
ciertas; son simplemente cuentos folklóricos, como el folklore que se encuentra
en otras naciones, por tanto, sería un grave error considerarlas alegorías, no lo
son. Son únicamente historias y la tarea del investigador consiste en determinar
su forma original.
Existe cierto parecido superficial entre la teoría de Gunkel y la hipótesis
fragmentaria del siglo pasado. Esta última falló lamentablemente como hemos
visto, debido más que nada a la presencia de las verificaciones. Pero esta
objeción no podríamos aplicarla a la teoría de Gunkel, ya que de acuerdo con él,
los documentos no son el producto de los autores, sino una mera colección de
sagas.
Por tanto, se podrá observar que se defiende la gran antigüedad de la forma
original de estas historias, y esto está en absoluto desacuerdo con el arreglo de
Wellhausen. Además, como estas sagas se supone que poseen una naturaleza
similar a las de otras naciones, se les puede comprender únicamente con la
ayuda de la arqueología, religiones comparadas, etc. Por tanto, podríamos
hablar del método de Gunkel, como la escuela de religión comparada. Por esta
razón, existe mucha información valiosa en los escritos de Gunkel, y también
muchas ideas verdaderamente exegéticas.
Gunkel continuó escribiendo y aplicando sus principios a otros libros del
Antiguo Testamento. Hugo Gressmann hizo un estudio profundo del Éxodo
sobre bases similares. Un buen número de eruditos se han identificado con esta
escuela de pensamiento, entre los cuales podemos mencionar a Hans Schmidt,
Max Haller y Sigmund Mowinckel. Para examinar con más detalle esta opinión,
el estudiante debe consultar Die Schriften des Alten Testaments (3 vols. 1921-1925).
II. La Nueva Hipótesis Documentaria
Por medio de su argumentación en favor de la existencia de dos autores
Jehovísticos, Smend inició nuevamente el problema del análisis documentario y
su tesis ganó seguidores.
(1) Walther Eichrodt en 1916 publicó una obra (Die Quellen der Genesis,
cuya primera parte había aparecido un año anterior como su tesis para el
doctorado) en la cual trató de realizar dos propósitos. Por una parte, trató de
refutar a Eerdmans, y por otra, trató de establecer más firmemente la hipótesis
de Smend, esto es, la existencia de dos escritores Jehovísticos. Pensó que podría
llevar esto a cabo por medio de un estudio de las narrativas patriarcales. En
1921. J. Meinhold trató de hacer esencialmente lo mismo ("Die jahwistische
Berichte in Gen. 12-50", en ZA W, Vol. 39, ps. 42-57).
(2) En 1922, atto Eissfeldt dio una expresión clásica de esta teoría (es en
realidad una teoría de cinco documentos). En su Hexateuch-Synopse, Eissfeldt
identificó el p de Smend como el Laienquelle (la fuente laica), ya que la
consideraba como la más secular. Designó al segundo J de Smend sólo como J.
En esta forma, Eissfeldt identificó L J E P. En su Synopsis Eissfeldt pasó por
alto a Levítico y también los primeros treinta capítulos del Deuteronomio.
Basó su argumento principalmente en los relatos duplicados, y por medio de
la presencia de estos, trató de encontrar sus cuatro documentos. Creyó encontrar
como cincuenta pasajes donde estos elementos cuádruples aparecen, y por tanto
concluyó que se comprobaba la ilación cuádruple en la narración ("so darf die
Annahme eines vierfachen Erziihlungs-F adens als erwiesen betrachtet wer
den", p.6).

III. Estudios en el "Código Sacerdotal"

(1) En 1924 Max Loehr inició una re-investigación del problema del
Hexateuch en el cual prácticamente negó la existencia de un "Código
Sacerdotal". Pensaba que la existencia de un documento independiente P en el
Génesis, era una suposición que descansaba en el error. En lugar de esto, Esdras
había intercalado en nuestro Hexateuco un escrito que contenía unidades
literarias de tamaño regular. Esto casi resultó en un avivamiento de la
hipótesis fragmentaria. Volz también atacó la unidad del llamado P en Génesis.
(2) De particular importancia fue el estudio de Gerhard von Rad, Die
Priesterschrift im Hexateuch (1934). Trató de destruir la unidad del llamado
documento básico P, alegando que existían dos escritos paralelos e individuales,
Pa y Pb. De acuerdo con von Rad, estos dos manifiestan una definitiva relación
el uno para con el otro. Uno de ellos posee un cierto carácter clérigo-sacerdotal,
y exhibe una precisión más grande al nombrar fechas y personas. Por tanto,
representa un grado más avanzado de desarrollo.

IV. Estudios en el Deuteronomio

Si existía algún resultado que parecía tener asegurada a la crítica negativa,
este era que el Deuteronomio era un producto de la época de Josías, y que la
reforma de este rey había sido una reforma Deuteronómica. De hecho, al
Deuteronomio se le consideraba tan importante que algunos se habían referido a
él como el talón de Aquiles en la crítica del Pentateuco. Sin embargo, la
posición de Wellhausen con respecto al Deuteronomio, de ninguna manera era
segura.
(1) Juan Hempel en 1914, expresó el punto de vista que un sacerdote que
había iniciado el pensamiento de la centralización de la adoración, había
editado el Deuteronomio, incorporando una antigua regla del Templo del
tiempo de Salomón, y también un documento militar y legal. En 1920 Harold
Wiener nuevamente tomó su pluma (The Main Problem ofDeuteronomy,
Oberlin) y atacó la posición de Wellhausen. G. R. Berry también atacó esta
posición en un artículo (1920) en el cual sostenía que el código encontrado en el
Templo, no era el Deuteronomio, sino la Ley de Santidad. En el mismo año, R.
H. Kennett (Deuteronomy and the Decalogue) afirmó que el Deuteronomio era
un producto del exilio, compuesto en Palestina durante el tiempo en que se
suponía que los hijos de Aarón habían tomado el lugar de los sacerdotes de
Zadok en el Templo. Otros también han adoptado básicamente este punto de
vista.
(2) Gustavo Hoelscher (“Komposition and Ursprung des Deuteronomiums»
en ZA W, Vol. 40, 1923, ps. 161-255), encontró leyes e ideales en el
Deuteronomio que llegan hasta la fantasía, y declaraba que, por tanto, no
pudieron haberse originado mientras que existía el Estado de Judea. Más bien
pertenecían a una época cuando tal estado ya no existía y los judíos ya no
eran un pueblo independiente. Además, de acuerdo con Hoelscher, las profecías
de Jeremías y de Ezequiel, narraban abusos que el Deuteronomio prohibía, y
que hubieran sido corregidos si el Deuteronomio verdaderamente hubiera sido
el libro que ocasionó la reforma de Josías. Por tanto, Hoelscher asignaba una
fecha exílica o post-exílica al Deuteronomio. Por otra parte, T. Oestreicher,
(Das Deuteronomische Grundgesetz, 1923), colocaba al código del
Deuteronomio, mucho antes de la época de Josías. En 1924, W. Staerk afirma
que el capítulo 12 del Deuteronomio, no se refería a la centralización de la
adoración en Jerusalén.
(3) A. C. Welch (The Code of Deuteronomy, 1924; y Deuteronomy; the
Framework to the Code, 1932) argumentó en forma muy convincente a favor de
una fecha más temprana para el
Deuteronomio. Alegaba que solamente en un pasaje dentro del código,
existía una demanda por la centralización del santuario, ésta expresada en forma
inequívoca. El conflicto en el libro, no es entre uno y muchos santuarios, sino
entre el Jehovismo y Baalismo. Las leyes provienen de la monarquía primitiva o
más antes, y del norte de Israel.
(4) Wilhelm Moeller en 1925 apareció nuevamente, esta vez con una
defensa convincente de la paternidad literaria del Deuteronomio. Tal como lo
implica el título de su libro (Rückbeziehungen des 5. Buches Mosis auf die vier
ersten Bücher) Moeller trató de demostrar que el Deuteronomio contenía
referencias a y reflexiones sobre los cuatro primeros libros.
(5) Gerhard von Rad, en su disertación para la licenciatura de 1929, también
avanzó la idea de que al Deuteronomio se le debe presuponer como la base de la
reforma de Josías. En otro estudio (Deuteronomium Studien, 1947; ET, Studies
in Deuteronomy, 1953), le atribuyó el Deuteronomio a los círculos Levíticos
que deseaban restaurar la tradición de la Vieja Shechemita anfictonía.
¿Qué dirección tomarán los estudio sobre el Deuteronomio en el futuro?
nadie puede decirlo. Pero el talón de Aquiles ha sido herido. El punto de vista
de Wellhausen ya no tiene los seguidores que tuvo hace treinta años.

Segunda parte del capítulo 8
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Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO OCHO


LA CRÍTICA LITERARIA DEL PENTATEUCO