LEVITICO

Nombre

Levítico, el tercer libro de Moisés, se inicia con las palabras “Y llamó” (way yigra); así lo llaman los judíos. En tiempos talmúdicos, también se le daba el nombre la Ley de los Sacerdotes (torath kohanim). En la Septuaginta lleva el titulo de Levitikon (“Levitical”, un adjetivo que modifica a la palabra biblion, “libro”, la cual no está escrita pero se presupone). La Vulgata lo designa simplemente como Leviticus.

Propósito

El libro de Levítico contiene las leyes que habrían de gobernar al pueblo de Dios, ya organizado, en su vida civil y religiosa. En el Monte Sinaí se organizó formalmente a los israelitas en una nación teocrática. La ley básica les habla sido dada, se había ratificado el pacto, y se había construido el tabernáculo. En esta forma, Jehová había tornado habitación en medio de su pueblo. Sin embargo, antes que el pueblo pudiera continuar su jornada hacia la tierra prometida, era necesario que conociera las leyes que habrían de guiarle en su adoración a Jehová en el tabernáculo. Levítico contiene estas leyes. De aquí que resulte muy claro que aun cuando Levítico es una unidad, está colocado en su lugar propio y presupone, para poder ser comprendido, los relatos del Éxodo.

Análisis

Existe en el libro una unidad interna de plan y pensamiento, la cual se expresa a si mismo en un doble sentido. En primer lugar, el libro de Levítico trata acerca de la limpieza de esa contaminación que separa al hombre de Dios, y en segundo lugar, de la restauración de la comunión perdida entre Dios y el hombre.

A. La Limpieza de esa contaminación que separa al hombre de
Dios. Capítulos 1-16

I. Levítico 1:1—7:38. La ley del sacrificio

Desde el Tabernáculo, la morada de Dios, Jehová habló a Moisés tal como lo había prometido en Éxodo 25:22, revelando su santa voluntad acerca de los sacrificios por medio de los cuales pudiera quitarse la contaminación que era necesario que el pueblo pecaminoso eliminara para poder acercarse a El con humildad.
(1) Capítulo 1. El holocausto. El término general para “ofrenda” es korban, el cual se aplica a varios tipos de ofrendas. Significa aquello que ha sido traído a Jehová.
(2) Capítulo 2. Ofrenda cocida (minhah), Obsérvese en los versículos 4-16 la tierna individualización de la segunda persona del singular, como en el Deuteronomio; sin que esto sea una indicación de que este capítulo haya sido una combinación de distintas fuentes.
(3) Capítulo 3. El sacrificio de paces (zevah shalemim).
(4) Capítulo 4:1—5:13. El sacrificio por los pecados (hatta’th)
(5) Capítulo 5:14-26. El sacrificio por culpa (‘asham).
(6) Capítulo 6:8-13. Los holocaustos; 6:14-23, ofrendas cocidas; 6:24-30, sacrificios por los pecados.
(7) Capítulo 7. Diversos sacrificios.
Las declaraciones más completas que encontramos en el capítulo 4 acerca del sacrificio por los pecados (en comparación con Ex. 29:12; Lv. 8:15; 9:9, 15) no indican de ninguna manera un estado más avanzado en el crecimiento del sistema sacrificial; más bien, ya que este pasaje contiene la ley específica del sacrificio por los pecados como debían de observarla varios tipos de personas, su propósito es el presentar la ley en toda su plenitud.
Debemos observar que las leyes narradas en los capítulos 1 al 5 están dirigidas a todo Israel, las de los capítulos 6 y 7 a Aarón y sus hijos. Las leyes en estos últimos dos capítulos también, en algunos sentidos, exhiben un punto de vista ligeramente diferente de las que se encuentran en los capítulos 1 al 5. Esto no implica, sin embargo, distinto autor; podemos convencernos de ello al darnos cuenta que ambas secciones mencionan las mismas clases de sacrificio y que existen referencias muy claras de una sección a la otra. (Cf. 6:17 con el cap. 4; 3:5 con 6:22; el 6:30 debemos entenderlo a la luz del 4:22-27).

II. Levítico 8:1-10:20. La consagración de los sacerdotes

Moisés procede ahora a ungir a Aarón y sus hijos, de acuerdo con las instrucciones en Ex. 29:1-36 y 40:12-15.
(1) 8:1-5. La orden de Jehová; preparación para el ungimiento.
(2) 8:6-13. El lavado, investidura y unción de los sacerdotes.
(3) 8:14-32. La ceremonia del sacrificio en relación con la consagración.
(4) 9:1-7. Moisés instruye a Aarón sobre su toma de posesión.
(5) 9:8-21. Aarón y sus hijos toman posesión de su oficio.
(6) 9:22-24. Aarón bendice al pueblo, y la gloria de Jehová se manifiesta.
(7) 10:1-3. El fuego extraño de Nadab y Abiú.
(8) 10:4-7. Nadab y Abiú son sacados fuera del campo.
(9) 10:8-11. Se ordena a los sacerdotes la abstinencia del vino en el Tabernáculo.
(10) 10:12-20. Acerca de la comida de cosas santas.
No existe conflicto alguno entre la práctica que se menciona en el 9:11, 15 y 10:16-20; así como seria incorrecto decir que el 10:16-20, es una corrección (Driver) del 9:15b. La ley era (cf. 4:1-21) que se podía quemar sólo aquella carne del sacrificio por los pecados, cuya sangre se había Ira (do al tabernáculo y se había aplicado al altar del incienso. Pero el 9:8 y siguientes tratan de un caso especial, esto es, los sacerdotes que toman posesión de su oficio. La sangre en esta ocasión no se llevaba dentro del tabernáculo, sino que se aplicaba a los cuernos del altar del holocausto que era donde la congregación tenía comunión con Dios; esto se debía a que el propósito no era hacer expiación por algún pecado de Aarón, sino más bien el quitar cualquier pecado que le hiciera inútil para el servicio de su oficio sacerdotal.

III. Levítico 11:1-15:33. Los limpios e inmundos. Purificación

(1) Capítulo 11. Animales limpios e impuros. El capítulo sirve como una introducción a las leyes de la purificación. Es la penetración del pecado en la creación natural, la cual produce en la mente del hombre un horror o disgusto hacia ciertas clases de animales como comida.
Los versículos 2b-23 están esencialmente repetidos en Deuteronomio 14:6-20. No debemos considerar que ambas narraciones provienen de una fuente común más antigua, ni que Deuteronomio sea anterior a Levítico. Más bien, la de Levítico es una narración anterior a la del Deuteronomio, y esta última sirve como sumario; nos presenta en realidad la substancia de la ley, y contiene lo que uno esperaría encontrar en un sumario popular hecho por Moisés, lo cual el Deuteronomio dice ser.
(2) Capítulo 12. Purificación de una mujer después del alumbramiento.
(3) Capítulos 13, 14. Las leyes sobre la lepra. Aquí aparece una división cuádruple. (a) 13:1-44, la lepra en el hombre; (b) 13:47-59, la lepra en las ropas; (c) 14:1-32, purificaciones; (d) 14:33-35, la lepra en las casas. De las anteriores, b, c, y d, están subdivididas cada una en cuatro partes.
(4) Capítulo 15. Purificación de ciertos flujos. Versículos 1-15, flujo del hombre; vv. 16-18, derramamiento de semen; vv. 19-24, flujos de la mujer; vv. 25-33, flujo maligno de la mujer.

IV. Levítico 16:1-34. El Día de la Expiación

El capítulo contiene leyes para la expiación general de los pecados del pueblo durante un año (vv. 1-28), así como instrucciones para la celebración anual del festival (vv. 29-34). Estos dos asuntos no están relacionados imperfectamente (Driver), sino más bien, el y. 29 conduce naturalmente del uno al otro. “Y esto tendréis por estatuto perpetuo”. Estas palabras se refieren claramente a lo que se acaba de narrar e introducen la siguiente sección; de aquí que no exista base para asumir una paternidad literaria de varias personas.

B. La restauración de la comunión perdida entre Dios y el hombre. Capítulos 17-26

V. Levítico 17:1-16. La sangre del sacrificio

Muchos críticos piensan que los capítulos 17 al 26 contienen ciertas características que los distinguen del cuerpo general del llamado documento P. Se les ha designado generalmente con el nombre de La Ley de Santidad o H, un título que primero aplicó A. Klostermann en el año 1877 (das Heiligkeitsgesets).
Aun cuando estas leyes poseen en cierto sentido un parecido sorprendente con Ezequiel, sin embargo, forman una parte integral de la legislación mosaica; y no debemos considerarlas como un cuerpo independiente legislativo. Es cierto que hacen énfasis sobre el asunto de la santidad, y es este hecho lo que les da su formación especial. Contiene en una manera un tanto exhortadora parecida a la del Deuteronomio, y esto es absolutamente natural en una sección cuyo propósito es prescribir la santidad en la vida.
Es obvio que el capítulo 17 forma un eslabón conectivo con lo que lo precede. Observemos, por ejemplo, las siguientes expresiones las cuales presuponen un relato anterior, así como la legislación de Éxodo y Levítico: y. 2, “a Aarón y a sus hijos”; y. 3, “el real”; vv. 4, 9, “la puerta del Tabernáculo del testimonio”; y. 5, “al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paces a Jehová. . . quemará el sebo”; y. 8, “extranjeros que peregrinan”; y. 9 “será igualmente cortado de sus pueblos”; y. 11, “expiar”. No podríamos decir que se han agregado o insertado estas frases para poder encajar este capítulo con P, ya que si omitimos estas frases nos quedaría muy poco.
Debemos observar, asimismo, que los versículos 3 y 4 fueron escritos con el propósito de que fueran una ley temporal, la cual sería guardada en el desierto antes de entrar a la tierra prometida; de aquí que se debe considerar anteriormente al Deuteronomio a este capítulo.

VI. Levítico 18:1-20:27. Leyes éticas y religiosas y castigos

(1) Capítulos 18 y 19. Leyes éticas y religiosas. (a) 18:1-5. Introducción. Las palabras, “Yo soy Jehová”, tanto aquí como a través del capítulo (cf. los vv. 2, 4, 5, 6, 21, 30), sirven para hacer énfasis sobre el hecho de que Jehová requiere la santidad. (b) 18:6-18. Leyes contra el incesto. (c) 18:19-23. Prohibición de otros pecados sexuales. (d) 18:24-30. Diversas advertencias. En los versículos 24-30 no cambia el punto de vista, ni se habla de la conquista de la tierra como algo ya sucedido (Driver). Más bien, se debe entender este pasaje a la luz del participio meshalleach del y. 24, el cual yo traduciría como sigue: “En ninguna de estas cosas os mancillarés; porque en todas estas cosas se han contaminado las gentes que yo echo de delante de vosotros”. (e) 19:1-8. El propósito que Jehová tenía que su pueblo fuera santo. (Obsérvese otra vez la repetición de la frase “Yo soy Jehová”, vv. 3,4, 10, 12, 14, 16, 18, 25, 28, 30, 31, 32, 34, 27). (f) 19:9-18. Leyes de conducta hacia el prójimo. (g) 19:19-32. Diversos preceptos.
(2) Capítulo 20. Castigos. Las penas que aquí se prescriben están tan relacionadas con los crímenes mencionados en los capítulos 18 y 19, que es obvio que los tres capítulos provienen de un mismo escritor. El hecho de que cuatro de los casos citados en el capítulo 18 no se refieren en el capítulo 20, y ciertas ligeras variaciones en la organización del material, constituye una evidencia más de su autenticidad. Un redactor hubiera llevado a cabo esfuerzos extraordinarios para obtener una coordinación perfecta.

VII. Levítico 21:1-22:33. La santidad de los sacerdotes

Esta sección se divide en dos partes principales. (1) 21:1-22:16. La pureza de los sacerdotes. (a) vv. 1-6. Los sacerdotes no deben contaminarse tocando a los muertos. (b) vv. 7-15. El casamiento de los sacerdotes. (c) vv. 16-24. Sacerdotes con faltas físicas. (d) 22:1-16. Reverencia por las cosas santificadas. (2) 22:17-33. Oblaciones sagradas.
Es muy cierto que esta sección posee un carácter único, pero esto se debe a su contenido. Las frases que se dice exhiben las ideas de P, algunos suponen que fueron agregadas por algún redactor; pero estas frases muestran simplemente que los capítulos constituyen una parte integral de Levítico.

VIII. Levítico 23:1—24:23. La consagración de las estaciones

(1) Capitulo 23. Una lista de las ocasiones en las cuales se celebrarían santas convocaciones. (a) vv. 1-3. El Sábado. (b) y. 4 Las festividades anuales. La Pascua, vv. 5-8. Las Primicias, vv. 9-14. La Fiesta de las Cosechas, vv. 15-22. (c) vv. 23-25. El Pentecostés. (d) vv. 26-32. El Día de la Expiación. (e) vv. 33-43. La Fiesta de las Cabañas.
Es obvio que este capítulo presenta una dificultad al análisis crítico. Casi todo lo que aquí se menciona ha sido expuesto ya en el llamado documento P. De hecho, el capitulo presupone tanto el Éxodo, como los capítulos 1-16 de Levítico. Driver trata de huir de la dificultad diciendo que el capítulo consiste de porciones tomadas de dos fuentes, de tal manera que se complementan la una a la otra. El divide el capítulo como sigue:

H9-202239b40-43
P1-82123-38,39a39c44

Sin embargo, es obvio que aun los versículos atribuidos a H contienen elementos que pertenecen al llamado documento P; por ejemplo, el y. 10, las primicias (cf. Ex. 22:29); el y. 11, ofrenda agitada (cf. Ex. 29:24; Lv. 14:12,24; cf. también Lv. 7:30; los términos wehenif, tenuphah pertenecen definitivamente al P); el y. 39b, la fiesta de los siete días (cf. Nm. 29:12). Seguramente que el Versículo 43b presupone también un conocimiento del relato del Éxodo. Estos fenómenos simplemente prueban que el capítulo es una unidad y que mantiene una relación integral con todo el libro de Levítico.
(2) Capítulo 24. (a) vv. 1-4. El candelero sagrado. (b) vv. 5-9. Los panes de la proposición. (c) vv. 10-23. Narración del blasfemo. Esta narración sirve para ilustrar la administración de la ley divina y provee también la razón de ciertas de estas leyes.

IX. Levítico 25:1-55. El año sabático y el jubileo

Muchos críticos creen que este capítulo está compuesto de elementos que pertenecen tanto a H como a P. De acuerdo con Driver, son muy prominentes las marcas de H en los versículos 1-7, 14 y siguientes, 17-22, 25-32, 42, 43, 55, y son menos prominentes en los versículos 29-34. Sin embargo, existe en este capítulo una unidad que nos impide tornarlo en “documentos” por un análisis extravagantemente minucioso. (1) y. 1. Título de introducción. Obsérvense las palabras “Moisés” y “Sinaí” que indican el pasaje de Ex. 34:32. (2) vv. 2-7. El año sabático. (3) vv. 8-55. El año del jubileo. La sección 3 se divide aún como sigue: (a) vv. 8-12. La observancia del año de jubileo. (b) vv. 13-34. Los efectos de esta observancia en la posesión de propiedad y sobre (c) vv. 35-55, la libertad personal del israelita.

X. Levítico 26:1-46. Promesas y amenazas

Como el Libro del Pacto termina con promesas y amenazas (Ex. 23:20-33), así también termina toda la legislación sinaítica. (1) vv. 1, 2. Introducción; la esencia de toda la ley queda resumida en estos dos mandamientos: la prohibición de la idolatría y el llamamiento a la verdadera adoración. (2) vv. 3-13. La bendición que se recibe al ser fiel a la ley. (3) vv. 14-33. La maldición que proviene de la desobediencia a la ley. Esta sección se subdivide en cuatro partes: (a) vv. 18-20. Rebeldía a los castigos de los versículos 14-17; (b) vv. 21, 22. Rebelión obstinada; (c) vv. 23-26. Persistencia en la rebelión; (d) vv. 27-33. Continúa la apostasía. (4) vv. 34-45. El propósito del juicio de Dios. (5) y. 46. Declaraciones finales acerca de toda la legislación sinaítica.
De acuerdo con muchos críticos, el pasaje de Levítico 17-26 está compuesto de elementos que pertenecen a P, los cuales se han combinado con porciones de un volumen legislativo independiente y anterior (H), el cual se supone que está caracterizado por principios y fraseología peculiar. Pero contra esto debemos argüir que estos capítulos exhiben una extraordinaria unidad en su estructura, y en segundo lugar, que poseen una relación integral con los capítulos anteriores de Levítico. Obsérvese además, y no podemos ignorar esto fácilmente, la declaración que e hace diecisiete veces en estos capítulos sobre el hecho de que Jehová habló a Moisés y le trasmitió las leyes que siguen a continuación. Además, toda la sección comienza con la declaración, “Y Jehová habló a Moisés, diciendo” (17:1), y termina con el sumario, “Estos son los decretos, derechos y leyes que estableció Jehová entre si y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés” (26:46).

XI. Levítico 27:1-34. Un apéndice

Dado que los votos no formaban parte esencial de las leyes del Pacto Sinaítico, sino eran más bien una expresión de devoción voluntaria, las instrucciones para hacer votos se dan después de la terminación oficial del pacto (26:46). El capítulo se divide en siete partes: (1) 1-8. Los votos personales. (2) 9-13. Animales. (3) 14-15. Una casa (4) 16-25. La tierra. (5) 26-27. Los primogénitos. (6) 28-29. Cosas consagradas. (7) 30-34. El diezmo de la tierra.

Los Sacrificios Levíticos

El pueblo de Israel estaba oficialmente constituido en una teocracia en medio de la cual moraba el Dios santo. Pero el “reino de sacerdotes y gente santa” era también un pueblo pecador. ¿Cómo era posible que se acercara a Dios? Para poder facilitar el acceso del pecador a Dios, se instituyó el sistema sacrificial.
Los sacrificios poseían un doble propósito: el de la expiación y el de la consagración. Podrá verse por lo tanto que el sacrificio, particularmente en lo que tiene que ver con la expiación, concierne al pecado. En la Biblia, a los sacrificios se les considera como ofrendas
Por ejemplo, aquello que se trae ante el Señor son dones de santidad. Estas ofrendas santas se traen al altar donde mora Jehová, y el Señor directamente lleva a cabo el sacrificio. Debemos de entender esto naturalmente desde un punto de vista simbólico y no en un sentido literal.
Todo lo traído a Jehová como ofrenda, tenía que estar ceremonialmente limpio. Se podían sacrificar del reino animal, bueyes, corderos, cabras y pichones; y del reino vegetal, maíz, vino y aceites. En esta forma, el sacrificio provenía de aquello que era el sostén de vida para el ofrendante (el reino animal), y de aquello que el ofrendante producía con su trabajo vital (el reino vegetal). Por tanto, podríamos decir, que en el sacrificio se consagraba a Jehová la totalidad de la vida del ofrendante.
El sacrificio también era un substituto que se ofrecía en lugar del pecador. No poseía en sí mismo, por supuesto, el poder para quitar el pecado, pero era el tipo del gran sacrificio de Cristo y señalaba hacia El en el futuro.
¿Cómo entonces debía traer el pecador su ofrenda al Señor? Existían varios pasos en el proceso. El animal que se escogía debía ser un ejemplar perfecto, libre de toda falta o defecto, porque sólo se puede traer lo mejor al Dios santo. Cuando se introducía el animal al santuario, el que hacía la ofrenda debía poner sus manos sobre él; este acto simbolizaba la transmisión del pecado del ofrendante al sacrificio. En esta forma se consideraba a la ofrenda como un substituto del ofrendante. El pecado, con su sentencia mortal, descansaba sobre el pecador; pero al colocar éste sus manos sobre el sacrificio, simbolizaba con esto el hecho que la sentencia ahora caía sobre la ofrenda y no sobre el ofrendante.
Después que la persona había puesto sus manos sobre la ofrenda, seguía a continuación el siguiente paso, el degollamiento del sacrificio colocado sobre el altar. Era necesario que el que había traído la ofrenda, fuera quien degollara al animal, y su sangre entonces era aplicada al altar por los sacerdotes. Así por ejemplo leemos: “Entonces degollará (el que trajo la ofrenda) el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo del testimonio” (Lv. 1:5). Se degollaba entonces al sacrificio, se derramaba su sangre, y como símbolo de vida, se presentaba a Dios la ofrenda aplicándose la sangre al altar.
Se dice que la sangre expiaba el alma. “Porque la vida de la carne, en la sangre está; y O os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar; por lo cual la misma sangre expiará la persona” (Lv. 17:11). Parece que el pensamiento aquí era que la sangre derramada y aplicada al altar, borraba el pecado delante de la presencia de Dios. Los que necesitan expiación son el hombre y su pecado, y es dios, no el hombre, quien provee esa expiación. En esta forma, es aquí donde se nos recuerda que la salvación del pecador es por gracia. Es de Dios y no del hombre. “Le hará el sacerdote expiación de su pecado que habrá cometido, y será perdonado” (Lv. 4:35). Tal es la interpretación divina.
A continuación seguía la cremación de ciertas partes del animal sobre el altar. Esta quema servia para ofrecer una ofrenda de olor suave a Jehová. Simbolizaba en esta manera la consagración sustitutiva que se ofrecía, mediante las victimas, a Dios. Esto nos recuerda las palabras de Pablo, “Cristo nos amó, y se entregó a si mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave” (Ef. 5:2). Por último, y característico de los sacrificios de paces, había una vianda de ofrenda encendida, preparada por Dios mismo. En esta forma se simbolizaba el hecho bendito que él había sido expiado, y que la barrera entre Dios y el hombre había sido removida. Incluía también esto, un estado de favor y bendición positiva. (Véase Geerhardus Vos: Biblical Theology, 1948, págs. 172-190).

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Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO CINCO