CAPITULO CUATRO

ÉXODO

Nombre

Los judíos conocían el Libro de Éxodo por sus primeras palabras, we’elleh shemoth (“Estos son los nombres”), o simplemente shemoth (“nombres”). La Septuaginta lo designó de acuerdo con su tema principal, Exodos (la palabra aparece en Ex. 19:1), y en la Vulgata Exodus.

Propósito

El segundo libro del Pentateuco sirve como un eslabón conectivo re la historia introductoria contenida en Génesis y el resto de los libros de la Ley. Principia con una breve declaración del rápido crecimiento de los Israelitas. En seguida, expone las preparaciones para el éxodo mismo; éstas tuvieron características tanto negativas como positivas. Desde el punto de vista negativo, el pueblo estaba preparado para su libertad debido al rudo yugo que se le había impuesto causándoles la ansiedad y el anhelo vehemente de libertad. Desde el punto de vista positivo, estaban preparados por los milagros portentosos que Dios había llevado a cabo en su favor, convenciéndolos en esta forma de que era en verdad Jehová, el Dios redentor, y Dios Todopoderoso. Después de narrar esta doble preparación, el libro menciona el éxodo mismo desde Egipto, a través del Mar Muerto, hasta el Monte Sinaí (1-19).
Aquí se marca la primera gran división en el Pentateuco. Hasta este punto la Ley estaba caracterizada primordialmente por la narración; de aquí en adelante se caracteriza por la legislación. El pueblo está ahora listo para su organización como nación teocrática, y por eso es indispensable que reciba la legislación necesaria para tal organización. Esta legislación consta de tres partes: la que se dio en el Monte Sinai (Éxodo, Levítico), la dada en las peregrinaciones en el desierto (Números), y la que se dio en las llanuras de Moab (Deuteronomio).
El resto de Éxodo (esto es, caps. 20-40) tiene que ver con aquella legislación que Dios entregó a Israel en el Monte Sinai. Primero, se proclama la ley moral básica, la cual va seguido de ciertas ordenanzas que son el fundamento del pacto que se está ratificando. En seguida vienen las instrucciones para la construcción del tabernáculo, la morada del Dios santo, Debido a la transgresión del pacto en relación con el pecado del becerro de oro, estas instrucciones no se ejecutan inmediatamente. Sin embargo al fin, se construyó el tabernáculo y Dios tomó habitación en él.

Análisis

I. Éxodo 1:1-7. Introducción

La primera palabra que aparece en el texto hebreo de este libro, que es la palabra “y”, lo conecta con la narración anterior de Génesis; así como también el resto del versículo uno presupone el relato de la entrada a Egipto que se da en Génesis capitulo 46. La lista de los hijos de Jacob (vv. 2-5) es un resumen de la narración más detallada que se da en Gn. 46:8-27; sin embargo, el orden de los nombres aparece más de acuerdo con Gn. 35:23-26. Estos hechos establecen la relación existente entre esta sección y el Génesis. Al mismo tiempo, preparan el camino para la narración de las tribulaciones que aparecen a continuación.
Toda la sección es una sola unidad, y el versículo 6 no debe separarse ni asignársele a J como algunos críticos lo hacen. Pero aun cuando este versículo (obsérvese que contiene información adicional; no es de ninguna manera una mera repetición) vuelve a mencionar el contenido de Gn. 50:26, no se le debe omitir, pues prepara el camino para una mejor comprensión del versículo 8. Si omitimos el vv. 6, el 8 carecerá de significado.
La declaración que se hace en el versículo 7, sobre la multiplicación de los israelitas, contrasta notablemente con el reducido número que se menciona entro a Egipto y se hace necesario para comprender la preocupación del rey (vv. 9, 10) y la severa aflicción que a continuación vino (v. 11 y siguientes). El versículo 7 es un esfuerzo extraordinario para expresar el gran aumento del pueblo, que podría traducirse como sigue: “Y los hijos de Israel fueron fértiles, y crecieron y se multiplicaron, y aumentó su poderlo grandemente, y la tierra se llenó de ellos”.

II. Éxodo 1:8-7:7. La esclavitud de Israel en Egipto

Los versículos 9 y 20 se refieren al versículo 7 y en esta forma se manifiesta la unidad del capitulo entero. El nuevo Faraón que subió al trono no reconoció los méritos de José en relación con Egipto, sino que se alarmó al darse cuenta del crecimiento de los israelitas; y de allí tomó cuatro medidas definitivas para oprimirlos. Primero, se pusieron sobre ellos comisarios de tributos (v. 11). En segundo lugar, como lo anterior no tuvo efecto, les hicieron más dura a esclavitud (vv. 13, 14). Tercero, se extendió orden para que las parteras mataran a los infantes varones (vv. 15, 16). Y en cuarto lugar, a todo el pueblo se le ordenó echar al río a los hijos varones (v. 22). Estas medidas forman una serie continua que va progresando en severidad lo que es un fuerte argumento en favor de la unidad de esta sección; asimismo, prepara el camino para el capitulo 2, el cual serla imposible comprender sin estos antecedentes.
El capitulo dos narra en primer lugar el nacimiento y la preparación de Moisés, que resulta necesario para la narración de sus actos subsecuentes (vv. 11 y siguientes). Seria incorrecto asignar los versículos 1-10 a un documento, y los versículos 11-23 a otro, ya que el versículo 11 habla de “crecido ya Moisés”, y esto es difícil de entender sin lo anterior. Este capitulo nos relata cómo fue que Moisés llegó al desierto y nos prepara en esta forma para los eventos registrados en el siguiente capitulo.
En el capitulo 3 se continúa la preparación de Moisés y se cuenta la aparición de Dios en Horeb. En forma obvia, el capítulo presupone la historia. El versículo 6 implica cierto conocimiento de la historia patriarcal de Génesis; mientras que el versículo 7 conecta este capitulo con 1:11-14. Los versículos 8 y 17 nos recuerdan a Génesis 15:18. Existe cierta unidad en el relato de la indecisión de Moisés: primero se muestra humilde (3:11), después se queja de que el pueblo no le oirá (4:1) y de que no es elocuente (4:10) y finalmente rehusa ir (4:13).
Como resultado de la poderosa revelación de Dios en el Sinai y sus amantes señales (4:2-12), Moisés se dirige a Egipto y convence primero al pueblo (4:30, 31). En seguida, junto con Aarón, se presenta ante Faraón, quien se niega a hacerles caso (5:2) y aumenta las dificultades para el pueblo (5:6 y siguientes). Los capataces del pueblo se quejan con Moisés y Aarón (5:20-23).
Entonces Jehová renueva su promesa (obsérvese que el 6:3, 4 presupone conocimiento del Génesis) y se presenta a si mismo con el carácter de Jehová el Dios que redime y hace alianza con su pueblo. El pueblo aun así se niega a escuchar a Moisés, el cual regresa al Señor.
En este lugar (esto es, 6:14 y siguientes) se incluye en la narración una lista genealógica y, muy claramente, éste es el lugar apropiado para la lista. Moisés había recibido su última orden para Faraón; se le muestra como el líder de Israel y está listo para la lucha con el opresor. ¿Qué mejor lugar para relatar la descendencia de Moisés y Aarón que este lugar? En el 7:1-7 se hace una declaración final de las intenciones del Señor, la cual se cierra mencionando las edades de Moisés y Aarón.
Para resumir, podríamos decir que toda esta sección exhibe una extraordinaria unidad. Cada parte es necesaria para la comprensión adecuada del resto, y el libro de Génesis es también un requisito para poder entender esta sección con exactitud. Por lo demás, serian incomprensibles las subsecuentes porciones de Éxodo sin esta parte preliminar, El pueblo de Israel es presentado aquí en una esclavitud absoluta. De tal esclavitud, ningún humano puede libertar, solamente Dios.

II. Éxodo 7:8—13:16. Las maravillas de Jehová en Egipto

El propósito de esta sección es demostrar la superioridad del verdadero Dios sobre las falsas religiones de Egipto. Faraón, el enemigo opresor, necesita convencerse de que el Dios de Israel es el Soberano del cielo y de la tierra. También los Israelitas necesitan convencerse. Por tanto, obtenemos el primer gran periodo de milagros bíblicos en conexión con el éxodo. Estos milagros eran necesarios como complemento del acto poderoso de liberación que Dios llevaría a cabo al sacar a su pueblo de Egipto y establecerlo en Canaan. Un milagro es en acto directo de la revelación especial de Dios llevado a cabo en el mundo exterior, contra el curso ordinario de la naturaleza y con el propósito de que sea una señal o confirmación. Esto es lo que estas señales fueron. Las Escrituras esperan que nosotros las consideremos como verdaderos milagros.
Las plagas descritas en esta sección forman un arreglo simétrico, y las primeras nueve las podríamos dividir en grupos de tres cada una.

1.   Sangre       7:14-25 4.   Moscas 8:20-32 7.   Granizo 9:13-35
2.   Ranas 8:1-15   5.   Pestilencia   9:1-7             8.   Langostas 10:1-20
3.   Piojos 8:16-19 6.   Ulceras 9:8-12   9.   Obscuridad 10:21-27

Debe observarse que la primera y la segunda plaga de cada lista se hacen del conocimiento de Faraón antes de su acontecimiento. Regularmente se repite la siguiente orden (con insignificantes variaciones) en la primera plaga de cara serie: “Entonces Jehová dijo a Moisés: Ve por la mañana a Faraón, y dile, Jehová el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan en el desierto” (Cf. 7:15,16; 8:16; 9:13). La segunda de estas series, se presenta como sigue: “Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a Faraón y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo para que me sirvan” (Cf. 8:1; 9:1 y 10:1). La primera plaga en cada una de las series se anuncia en la mañana junto al río, y la segunda en el palacio real, pero cada una de la tercera serie se dan sin previa advertencia (Cf. 8:16; 9:8; 10:21).
Este arreglo revela la unidad en esta sección. Las series de tres veces tres terminan en un clímax que culmina con la décima plaga. Debemos observar que existe un aumento en severidad c intensidad en el orden de las plagas, y que las últimas tres parecen destinadas a arrancar del hombre la esencia de la vida. En las primeras tres, los magos egipcios rivalizaron con Moisés, imitaron las primeras dos plagas, y hasta Faraón pidió que le libraran de la segunda plaga. Cuando vino la tercera, aun los magos reconocieron la mano de Jehová en las señales “Dedo de Dios es éste” (8:19). De aquí en adelante, los magos quedan fuera de la competencia.
En la segunda serie, se presenta una distinción entre los israelitas y los egipcios (8:23). Mientras que la primera serie había afectado toda la tierra, de la cuarta plaga en adelante sólo afectan a los egipcios; y en todas, con excepción de la sexta y la octava, se hace la observación de que los israelitas quedaron inmunes.
En las plagas segunda y cuarta, y durante toda la serie tercera, Faraón envía por Moisés y Aarón con especial urgencia para obtener su intervención inmediata. Notamos que también existe un aumento de intensidad en la urgencia del llamado:
(a) “Orad a Jehová... y dejaré ir al pueblo” (8:8).
(b) “Andad, sacrificad a vuestro Dios.... Yo os dejaré ir” (8:25,28).
(c) “He pecado... Orad a Jehová” (9:2-28).
(d) “He pecado... mas ruego que perdones... que oréis” (10:16, 17).
(e) “Id, servid a Jehová” (10:24).
La primera serie se lleva a cabo por medio de la vara de Aarón; en la segunda no se menciona ninguna vara; mientras que en la tercera aparece mención de la mano o vara de Moisés.
La unidad y simetría que existen en esta sección nos demuestran claramente que no debemos considerarla como si fuera una sección recopilada de varios manuscritos existentes previamente por algún redactor, sino más bien como la obra de un solo escritor. Las nueve plagas serian suficientes para establecer la supremacía del Dios de los hebreos y para servir como preparación para la décima. El número diez probablemente posee el pensamiento o significado de lo completo, lo terminado, esto es, por medio de estas plagas el Señor había exhibido la grandeza de su poder de tal manera que los egipcios no podían alegar excusa alguna.
Debe considerarse la narración de la Pascua (cáp. 12) como una unidad histórica y literaria. Las palabras de introducción (12:1) nos demuestran que esto fue un evento histórico. Las palabras “en la tierra de Egipto” son importantes, ya que sirven para subrayar que la primera celebración de la pascua poseía un significado especial. Esta ceremonia debía llevarse a cabo en los hogares en tal forma que claramente deja ver que hasta entonces no existían ni santuario central ni sacerdocio. Al mismo tiempo, estas palabras de introducción están de acuerdo con la costumbre general del Pentateuco de indicar el lugar donde Dios reveló sus leyes (Cf. Lv. 7:38; 25:1; 26:46; 27:34; Nm. 35:1; 36:13).
Se dice que de las tres fiestas anuales, la Pascua es la única instituida en Egipto. ¿Por qué debía esto ser así, a menos que con toda realidad la Pascua hubiera sido instituida en Egipto? Las palabras “en la tierra de Egipto” son una indicación de exactitud; y aun más, las últimas leyes que tienen relación con las festividades, también relacionan a la Pascua con la fiesta de los Panes sin Levadura y con Egipto (Cf. Ex. 23:15; 34:18—obsérvese que se dice que estas dos secciones fueron escritas por Moisés—Ex. 24:4 y 34:27—Nm. 9:1 y siguientes; Dt. 16:1-8).
Por tanto, es necesario que rechacemos el punto de vista de que Éxodo es una composición posterior, el cual se expone con el propósito de explicar el origen de una festividad que hacia mucho se observaba por los israelitas. En otras palabras, es incorrecta la idea de que la Pascua dio origen a la historia de los supuestos eventos en el Éxodo.

IV. Éxodo 13:17—18:27. El éxodo de Egipto

Principia esta sección (13:17-19) con una declaración general sobre la salida y las razones por las cuales el pueblo pasó por el desierto del Mar Rojo. A continuación se narran las primeras fases de la jornada (v. 20), y se relata la dirección de Dios (vv. 21, 22). Toda la sección forma una unidad compacta.
El capítulo 14:1-14 nos narra la orden de Jehová para Moisés explicando la línea detallada de la marcha que deberían seguir para salir de Egipto, lo que de ninguna manera está en conflicto con el 13:17-19. En el pasaje de 14:5-9 se nos relata la reacción de Faraón cuando se da cuenta de que el pueblo había salido, una reacción que va de acuerdo con su actitud como se expresa en el v. 3 al tomar conocimiento de que el pueblo se encontraba acorralado.
Se da cuenta del cruce del Mar Rojo también en una narración compacta y unificada. Primero, Moisés anuncia la salvación de Jehová (14:13,14), la cual va seguida por la orden de Dios (vv. 16-18). Moisés entonces obedece el mandamiento divino y los israelitas pueden cruzar satisfactoriamente, mientras que los egipcios se ahogan. El resultado es que Israel cree en Jehová (v. 31).
El “Mar de las Cañas o Carrizos” probablemente podría localizarse cerca del lugar que en la actualidad se llama Quantarah. Se debe considerar esta liberación como sobrenatural, y los eventos de ella como un milagro. Los esfuerzos que con frecuencia se hace, para describir este acontecimiento como está narrado en el Éxodo considerándolo solamente como un fenómeno natural, fallan lamentablemente. Es claro que el Señor intervino aquí en una forma especial y milagrosa.
El cántico de Moisés (cáp. 15), el cual pone el énfasis en lo milagroso (vv. 8,10), confirma el relato en prosa del capitulo 14. Los versículos 13-17 de ninguna manera presuponen la existencia del pueblo en Canaan (Driver, Bentzen), sino más bien observan muy claramente con anticipación a la entrada en la tierra. El versículo 17, por su parte, no contiene una referencia explicita a Jerusalén, sino simplemente anticipa la morada permanente de Jehová en la tierra que El mismo había escogido para su pueblo. No existe base alguna para considerar que el 15:1-19 es la obra de algún salmista posterior (IOT, p. 274).
El breve cántico de Maria, cuya antigüedad es reconocida aun por Pfeiffer, lo insertó Moisés después de su propio cántico. Maria era profetisa, y era correcto que fuera ella quien dirigiera a las mujeres en esta alabanza. No tenemos ninguna razón para negar la autenticidad de este cántico.
A continuación se narra la jornada hasta el Sinaí de una manera detallada, pero a la vez sencilla. Como el presente autor ha declarado ya en otro lugar, “Es fácil de comprender por qué aquellos que nunca han estado en el desierto del Sinaí se burlan de la historidad de los relatos del libro de Éxodo. Pero alguien que haya estado en aquella región, sabe que las narraciones poseen el soplo de la verdad. Es imposible pensar que hayan sido escritas por alguien que no conocía el desierto” (PrG, 10 de abril de 1944). No poseemos evidencia objetiva que respalde la creencia de que esta sección no pudiera haber sido escrita por Moisés.

V. Éxodo 19:1—24:18. El pacto en el Monte Sinaí

Durante el tercer mes después de haber salido de Egipto, los israelitas llegaron al Sinaí. Tan pronto como el pueblo acampó delante del monte, Moisés ascendió y Dios le dio las instrucciones necesarias para preparar los arreglos para el pacto. Primeramente, Dios comunica a Moisés su propósito de hacer de Israel un pueblo escogido (vv. 4-9), y en seguida le ordena preparar al pueblo para la revelación (vv. 10-15). La promesa antecede la demanda, porque la gracia de Dios siempre se anticipa a las necesidades humanas y no demanda antes de otorgar” (Keil). La preparación del pueblo consistía en su santificación (v. 15), y el señalar los términos en derredor de ellos (v. 12). Moisés obedeció a Jehová y en la mañana del tercer día el Señor desciende sobre el monte (v. 20), que para entonces se estremecía y temblaba. A continuación Moisés descendió al pueblo (v. 25). Esta escena majestuosa sirve de marco adecuado para la promulgación de la ley santa de Dios.
Encontramos los diez mandamientos repetidos en Deut. 5:6-21, excepto por algunas leves alteraciones. De acuerdo con muchos cr1- ticos, el Decálogo del Éxodo es E, y algunos aun se atreven a afirmar que no es una parte original de E, sino una inserción posterior. Se cree que pertenece a una época más tardía que el Decálogo de Deuteronomio y que contiene tanto lenguaje como estilo y expresiones idiomáticas deuteronomicas; por lo que no puede ser atribuido a Moisés.
Esta opinión es incorrecta. Éxodo 20 no sólo es anterior a Deuteronomio, sino que no existe razón alguna porque no pudiera ser atribuido a Moisés. El Decálogo del Deuteronomio es exactamente el resultado de una libre reproducción dada por Moisés en un discurso público. (1) Deuteronomio contiene referencias a pasajes anteriores, por ejemplo, 5:12, 15, 16 (cf. con “como Jehová tu Dios te ha ordenado”). Esto no tendría ningún significado si Deuteronomio fuera el original. (2) El Deuteronomio contiene amplificaciones retóricas, por ejemplo, el v. 14, “ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo” (cf. también el v. 21, “su tierra”; el v. 16, “para que te vaya bien”; el v. 18 “desearás”). (3) El Decálogo deuteronómico, como era de esperarse, contiene para el oprimido; en el v. 15, un ejemplo de la liberación de Egipto; el v. 21, a la mujer se le coloca antes del hogar, y se había de lo particular antes que de lo general; ésta fue probablemente una forma de oratorio para hacer más enfático el hecho de que la esposa es lo más valioso (cf. Pr. 12:4; 31:10).
No sólo es Éxodo 20 el original de donde se tomó Deuteronomio 5, sino que también debemos considerar a Éxodo 20 como mosaico. (1) La presencia de características deuteronómicas no “impide el que Ic atribuyamos los Diez Mandamientos a Moisés” (Pfeiffer). Este argumento tendría validez si se pudiera probar—y no se puede
—que ninguna parte del Deuteronomio pudo provenir de Moisés. Si el Deuteronomio es mosaico, y también lo es Éxodo 20, entonces debemos esperar que las mismas características se representen en ambos. (2) Se alega que no existe señal de odio en contra de los ídolos antes de los tiempos de Isaías, y por lo tanto, el primer mandamiento no puede proceder del tiempo de Moisés. (Pfeiffer ha disertado sobre este argumento en su articulo, “The Polemic Against Idolatry in the Old Testament” en el JBL, Vol. 43). (3) Asimismo se alega que es inconcebible el pensar que nómadas en el desierto observaran el día sábado de reposo, y también que el sábado es una institución cananea; pero el origen del sábado lo encontramos en una acción divina (Gn. 2:2,3). (Cf. también Éx. 16:23-29 lo cual demuestra que ya en el desierto se observaba el sábado. Oseas 2:11 no respalda la opinión de que el sábado haya sido una institución cananita).
También de origen mosaico es la sección formada por 20:22— 23:33 (cf. 20:22, 21:1). Esta se refiere ala forma general de la adoración en Israel; a los derechos de los israelitas en asuntos civiles y ceremoniales; y a la actitud de Jehová para con su pueblo.
(1) La forma general de adoración en Israel (20:22-26). Los israelitas debían construir un altar de tierra o piedras labradas en el lugar donde Dios se revelara. De ninguna manera se podría levantar este altar donde Israel quisiera, sino solamente donde Dios llevara a cabo una revelación de si mismo.
(2) Legislación civil (21: 1—23:13). Esta sección consiste en juicios (mishpatim), esto es, los derechos que habrían de asegurar el orden político y a la vez formarían el estado civil. Muchas de estas leyes estaban basadas en la siguiente forma: Prótasis “Si” (ki, como el shum-ma del Código Hammurabi) y el imperfecto; Apódosis (el imperfecto). A menudo se amplia la Prótasis por medio de cláusulas especificas, explicatorias, condicionales que comienzan con’’si’’ (‘im).
Es cierto que la forma de estas leyes es similar a aquella de otros códigos antiguos; sin embargo, Moisés formuló estas leyes bajo inspiración divina para el uso específico de Israel. Es obvio que nunca se quiso que se guardaran en cel desierto, sino que más bien miraban hacia el tiempo en que Israel ya viviera en la tierra prometida (p. ej., 20:22: 21:1; 23:9, 15, 20-23, 27-33). Es este el hecho que explica sus antecedentes agrícolas.
La sección del 21:1—23:13 trata acerca de los derechos de los esclavos (21:2-6); la venta de la hija como sierva (21:7-11); el principio de la retribución, lex talionis (21:12-32); la muerte (vv. 12-14); maltrato a padres, robo de personas, maldición (vv. 15-17); heridas físicas (vv. 18-32); propiedad (21:33-36); hurto (22:1-4); daño al campo de otro (22:5-6); deshonestidad (22:7-15); seducción (22:16, 17); varias leyes (22:18-31); en estas leyes a menudo se omite el “Si” (ki) de introducción “ya que legisian a Israel basándose en la elección de Israel como una nación santa a Jehová, lo cual va más allá del campo del derecho natural, no sólo prohibiendo cualquiera inversión del orden natural de las cosas, sino también requiriendo la manifestación del amor hacia el débil y el necesitado, debido al respeto hacia Jehová” (Keil); y finalmente, protección de los derechos
(23: 1-13).
(3) Legislación ceremonial (23:14-19). Esta consistía en las tres festividades anuales: los panes sin levadura (v. 15), la siega, y las cosechas (v. 16).
(d) La actitud del Señor hacia su pueblo (23 :20-23). Se narra la afirmación del pacto en el 24:1-18.

VI. Éxodo 25:1—31:18. El santuario y el sacerdocio

Esta sección sigue en forma natural al Libro del pacto. Para poder llevar a cabo una manifestación externa del pacto, Jehová ordena la erección del Tabernáculo para que El pueda habitarlo. El modelo y los arreglos se los reveló Dios a Moisés en el Monte Sinaí. Podríamos analizar esta sección de la manera siguiente: introducción, en la cual se le ordena al pueblo traer ofrendas para el santuario (25:1-9); una descripción del arca, el trono de Jehová en el santuario (vv. 10-22); la mesa de los panes de la proposición y el candelero de oro (vv. 23-40); la manera de construir el Tabernáculo (Cáp. 26); el altar del sacrificio y el atrio (27:1-10); el candelero (vv. 20, 21); la institución del sacerdocio y el servicio de consagración (cáps. 28, 29); el altar del incienso y su uso (30:1-10); varias leyes acerca del servicio. Moisés recibe las dos tablas de la ley (30:11—31:18).

VII. Éxodo 32:1—35:3. El quebrantamiento del pacto y su restauración

Es particularmente fácil de observar la unidad de esta sección, aun cuando algunos críticos se han esforzado por negarla.
(1) Es incorrecto decir (por ejemplo, Driver), que el 32:34—33:6 contiene rastros de una doble narración; esto es, 33:3b, 4 repetidos en el 33:5,6. El decir tal cosa es mal entender el énfasis del pasaje. Cuando Israel supo que Jehová no vendría en medio de ellos se acongojaron por haber incurrido en su desagrado y, como señal de luto, no vistieron sus atavíos (lo’ shathu). Para que este principio de arrepentimiento pudiera conducir a un cambio permanente del corazón, el Señor repitió su demanda (v. 5, “Y Jehová dijo”— wyyo’mer—) del pueblo, y proclamó una nueva orden “Quítate pues—horedh—ahora tus atavíos que yo sabré lo que te tengo que hacer”.
(2) Es injusto asumir que el 33:7-11 estaba precedido por un relato de la construcción del Tabernáculo y el tratar de afirmar que los atavíos de los versículos 4-6 habían sido ofrecidos para el uso del santuario. No vistieron los atavíos como una expresión de luto por parte del pueblo; además, los tiempos gramaticales de estos
versículos (poseen una fuerza frecuentativa) solamente describen una práctica usual durante el tiempo que duró el santuario provisional. El nombre de este santuario provisional (‘ohel mo’edh— tienda de reunión) fue tornado de las instrucciones previamente dadas acerca del futuro santuario (p. ej., 21:21; 28:43; etc.). Representaba temporalmente el pensamiento que habría de encontrar forma permanente en la futura estructura, esto es, que Jehová habitaba en medio de su pueblo. Aun cuando el pecado de su pueblo había sido grande, el Señor no lo había abandonado. Sin embargo, este santuario temporal estaba fuera del campo, ya que Jehová no podría habitar aún en medio de la nación pecaminosa.
(3) Se menciona en el 34:1 que Jehová escribirá sobre las tablas de la Ley, pero es Moisés el que lo hace. De acuerdo con Driver, ésta es “la gran dificultad” (34:1-28). El versículo 28, sin embargo, no declara que Moisés haya escrito. El hacer a Moisés el sujeto de la frase “y escribió” (v. 28), significa confundir las “diez palabras” (vv. 1, 28), con aquello que Moisés en realidad si escribió, esto es, el contenido de los versículos anteriores (v. 27—”estas palabras”—se refiere al contexto que le precede, no a los diez mandamientos del v. 28). El sujeto de la frase “y escribió” (v. 28) es el Señor. No existe contradicción alguna aquí.
La única refutación del análisis critico superior de esta sección es el repasar cuidadosamente todo el texto, permitiéndole que hable por si mismo. Al hacer esto, se trasluce inmediatamente la indiscutible armonía y unidad de esta sección. Aun Driver confiesa que aunque el 32-34 “manifiesta marcas claras de composición, no contribuye al criterio indispensable para distribuirlo con todo detalle entre los distintos narradores” (10T8, pág. 39). ¿No se podría deber esto al hecho de que, después de todo, esta unidad es una unidad conjunta, el producto de un solo escritor?

VIII. Éxodo 35:4—40:38. La preparación y construcción del tabernáculo

Esta sección es una repetición casi palabra por palabra del pasaje en los capítulos 25-31, con la excepción que se usa el pasado en lugar del futuro, por ejemplo, “Y harás también un velo de cárdeno y púrpura, y carmesí, y de lino torcido: será hecho de primorosa labor, con querubines (26:31); “Hizo asimismo el velo de cárdeno, púrpura, y carmesí, y lino torcido, el cual hizo con querubines de delicada obra” (36:35).
La repetición exacta de la fraseología sobre las instrucciones dadas a Moisés en los capítulos 25-31 sirve para grabar en la mente del lector el hecho de que estas instrucciones debían ser obedecidas al pie de la letra (FB, pág. 61). Las omisiones principales son el Urim y Tumim (28:30), la consagración de los sacerdotes (29:1-37), y el aceite para las lámparas (27:20 y siguientes), y el sacrificio diario (29:38-42). Pero la razón de que se omitan estos pasajes, se encuentra en el hecho de que estos se discuten después (Urim, Lv. 8:8; el aceite, Lv. 24:2; el sacrificio diario, Nm. 28:3; los sacerdotes, Lv. 8).
La terminación del Tabernáculo indica una señal externa de la permanencia del pacto de gracia. El Dios de la liberación (Jehová), ha descendido a morar en medio de su pueblo. Sin embargo, a éste se le excluye de su presencia inmediata por medio de un velo que cierra el acceso al lugar santísimo a todos, con excepción del Sumo Sacerdote y aun a él excepto en el Día de la Expiación. A través de su esfuerzo para obedecer la legislación sinaítica, se le enseñaría al pueblo su necesidad de un mediador, un mediador que combinara el oficio profético de Moisés y el oficio de sacerdote de Aarón. En esta forma, eran típicos los arreglos del tabernáculo, un medio de preparación para el sacrificio que ha quitado los pecados del mundo.

El supuesto periodo post-mosaico

(1) Éxodo 6:26,27, “Este es aquel Aarón y aquel Moisés”. Se ha sugerido que uno escribiría en esta forma, solo de personajes que hubieran vivido en la antigüedad; pero debemos observar que estas palabras vienen después de una genealogía, y poseen el impacto de “Esta es la genealogía de Moisés y Aarón a los cuales Dios habló” (v. 13). Así entonces, cuando comparamos el v. 26 con el 14nos damos cuenta que tiene el mismo impacto que el v. 27 comparado con el 13.
“Se repiten las palabras al final del versículo 27 para marcar con precisión la terminación de la genealogía y la continuación de la historia. Estas palabras se utilizan aquí como las frases de transición en escritos históricos más claramente concertados. Al principio, predomina la referencia genealógica y se menciona a Aarón como el mayor; al final se toma el punto de vista histórico y se menciona a Moisés como el personaje más importante; así como en el versículo 13, Moisés aparece primero, que es donde el autor pasa de la historia a la genealogía” (Hengstenberg, DGP, II, pág. 168).
(2) Éxodo 16:33-35. Es la frase “delante del Testimonio” (v. 34) la que provoca dificultad. ¿Cómo es posible—se preguntan algunos —que Moisés haya escrito esta referencia a las tablas de la Ley, si la Ley aún no había sido dada? Pero, ya que éste es el pasaje principal acerca del maná, ¿por qué no pudo haberlo escrito Moisés en una ocasión posterior y haberlo insertado aquí? También se nos dice que el versículo 35 indica una fecha posterior a Moisés. Pero este versículo solamente declara que los Israelitas comieron maná hasta que llegaron a la tierra prometida; no dice nada absolutamente sobre el término de su alimentación con maná o de su costumbre después de haber entrado en tierra habitada. De aquí que sea perfectamente posible que Moisés, al repasar el Pentateuco en las llanuras de Moab, haya insertado aquí este versículo.
(3) Éxodo 16:36. Se nos dice también que la explicación del valor de un gomer indica una fecha de composición en la cual ya no se conocía su equivalencia. Pero esta palabra “gomer” se utiliza a través de todo este pasaje (vv. 16, 18, 22, 23) y en ningún otro lugar en las Escrituras. El gomer, sin embargo, no era una medida, sino una pequeña taza, y podemos entender perfectamente por qué Moisés hizo alusión al tamaño de la taza si ésta se usaba para recoger el maná.
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

Biblioteca
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