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Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO VEINTISIETE


DANIEL

Nombre

El libro lleva el nombre de su personaje principal dani’el. Este nombre también se le dio al segundo hijo de David (1 Cr. 3:1; cf. también con Esd. 8:2 y Neh. 10:6).

Escritor

De acuerdo con el Baba Bathra 15a, “los hombres de la Gran Sinagoga escribieron. . . Daniel”. Sin embargo, por medio de esta declaración los judíos no tuvieron la intención de negarle al mismo Daniel la paternidad literaria de su libro. De hecho, tanto la tradición judía como la cristiana dan testimonio de que Daniel, viviendo en el atrio real en Babilonia, compuso su libro durante el siglo sexto a.C. Puede observarse que esta tesis tradicional es correcta si se consideran las siguientes observaciones.
(1) Jesucristo citó a Daniel (Cf. Mt. 24:15 con Dn. 9:27 y 12:11). Ya sea que la referencia de Cristo sea a Daniel 9:27 o al 12:11, El declara que fue Daniel el profeta quien pronunció la abominación de la desolación. Esto es mucho más interesante, ya que tanto el 9:27 como el 12:11 son considerados por la crítica moderna negativa como provenientes del tiempo de los macabeos. Estos dos pasajes en Daniel es necesario que se les considere en sus respectivos contextos. Por tanto, es evidente que Cristo consideró, cuando menos una porción del libro, como habiendo sido escrita por el mismo Daniel.
Se ha hecho un esfuerzo por resolver esta dificultad por Cartledge (A Conservative Introduction to the Old Testament, 1943, pág. 221), quien dice, “Jesús pudo haber sabido que el libro había sido escrito por alguna otra persona, y aun así, se pudo haber referido a él en la manera popular. O el hecho de “vaciarse” del cual habló Pablo, pudo haber impedido que el Jesús encarnado haya tenido un conocimiento absoluto y completo acerca de ciertas cosas no esenciales; es posible que haya utilizado únicamente la tradición popular. Sin embargo, esta observación no está justificada. Es cierto que en su naturaleza humana nuestro Señor no tuvo conocimiento de algunas cosas. Cartledge mismo indica que Cristo había mencionado que él desconocía el tiempo de su venida por segunda vez; esto es cierto, pero debemos observar que Cristo guardó absoluto silencio acerca de estas cosas de las cuales El no tenía ninguna información. No habló del día y la hora, excepto de una manera general.
Tampoco es posible decir que El únicamente haya utilizado la tradición popular, ya que esto implica, o que era un ignorante, o que engañaba a la gente. Si dentro de su naturaleza humana Jesucristo pudo haber ignorado la identidad del verdadero escritor del libro de Daniel, nunca hubiera hablado sobre la materia. Y si, sabiendo que Daniel no había hablado sobre la abominación de la desolación, hubiera prestado su voz al punto de vista erróneo acerca de que Daniel había hablado de ella, entonces era culpable de engaño. Debió haber corregido ese punto de vista equivocado.
Si no corrigió tal punto de vista, podemos deducir que no era digno de confianza; y si no es digno de confianza en un asunto de la importancia de este, ¿cómo es posible saber que El sea digno de confianza, cuando se pone ante nosotros como nuestra única esperanza para la salvación?
Es necesario rechazar tal opinión acerca de nuestro Señor. El asunto sobre la paternidad literaria de Daniel es importante, ya que el libro trata acerca de los destinos del hombre. Si Daniel escribió el libro y habló de acontecimientos futuros que habrían de afectar el bienestar de la humanidad, tal como nuestro Señor lo indicó, debemos poner cuidadosa atención a lo que este libro declara. Sin embargo, si Daniel no escribió el libro y Cristo estaba equivocado o deliberadamente nos permitió creer que Daniel había escrito el libro, entonces ¿qué garantía poseemos para creer que el contenido del libro sea verdad?
(2) Lo que el mismo libro declara respalda el testimonio de Jesucristo. Daniel habla en la primera persona y declara haber sido el receptáculo de las revelaciones divinas (Cf. p. ej., 7:2, 4, 6, y siguientes, 28; 8:1 y siguientes, 15 y siguientes; 9:2 y siguientes; 10:2 y siguientes; 12:5-8). En el 12:4 se le ordena conservar el libro en el cual se encuentran las palabras.
A este respecto podríamos también observar que es obvio que todo el libro es la obra de un solo escritor, y si a Daniel se le nombra como el receptáculo de las revelaciones, se deduce que él sea el escritor de todo el libro. Los argumentos a favor de la unidad del libro son las siguientes:
(a) La primera parte del libro nos prepara para la segunda, y la segunda señala hacia la primera. Así por ejemplo el capítulo 7 desarrolla en una forma más completa lo que se presenta en el capítulo 2 como lo hace el capítulo 8. A pesar de esto, ni el capítulo 7 ni el 8 son comprensibles por completo sin el capítulo 2. El capítulo 2 también prepara el camino para las revelaciones en los capítulos 9, 10, 11, y 12, y todos estos capítulos están basados en las revelaciones anteriores del capítulo 2 (Cf. también el 2:28 y el 4:2, 7, 10 con el 7:1, 2, 15).
(b) Las diferentes secciones de la misma parte también exhiben una relación mutua. El lector debe comparar el 3:12 con el 2:49; la narración de la transportación de los vasos sagrados (1:1,2), nos prepara para comprender la fiesta de Belsasar en el capítulo 5; debemos comparar el 9:21 con el 8:15 y siguientes; el 10:12 con el 9:23; etc. Si el lector lee el libro cuidadosamente, quedará profundamente impresionado con la forma extraordinaria en la cual se relacionan las distintas partes del libro y dependen la una de la otra.
(c) Las narraciones históricas poseen el propósito uniforme de revelar cómo es glorificado el Dios de Israel sobre las naciones paganas.
(d) Es posible contemplar el carácter de Daniel dondequiera y en todas partes éste es el mismo. Es un mismo Daniel el que aparece a través de todo el libro.
(e) Los eruditos de todas las escuelas de pensamiento han reconocido abiertamente la unidad literaria del libro. Los eruditos conservadores naturalmente que han considerado a Daniel como una