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Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO VEINTICINCO


ECLESIASTES


Nombre

En hebreo, el libro lleva el titulo de, “Las palabras del predicador <<divere qoheleth>>, el hijo de David, rey de Jerusalén” (1:1). La palabra qoheleth es un participio activo Qal, femenino singular. La razón para el uso del femenino se encuentra probablemente en el hecho que la palabra significa un oficio o puesto. Esto parece estar respaldado por formas análogas tales como sofereth (Esd. 2:55, Neh. 7:57); poehreth (Esd. 2:57). Es también probable que el femenino se deba entender en un sentido neutro, con una fuerza intensa. Por tanto, aplicándosele al individuo, la palabra tiene la acepción de uno que llevó a cabo o cumplió la idea por completo.
Evidentemente, el participio se deriva de la palabra qahal, la cual aparece en otro lugar en el Hiph’il en el sentido de “juntar”. Probablemente indica uno que reúne o se dirige a una asamblea. La Septuaginta lo tradujo ekklesiastes, de donde proviene el titulo en español, y Jerónimo lo tradujo concionatro (esto es, uno que reúne una asamblea). La palabra se refiere entonces, a la función de un líder que habla en la asamblea. Por tanto, la traducción “predicador” es aproximadamente correcta.

Escritor

No se menciona en todo el libro el nombre del escritor. Sin embargo se ha considerado que con las palabras “el hijo de David, rey de Jerusalén” en el 1:1 se quiso hacer referencia a Salomón y por tanto, algunos han afirmado que Salomón fue el escritor. Esta opinión parece estar respaldada por medio de la referencia a la gran sabiduría (1:16) y grandes obras (2:4-11), alusiones que parecen hacer referencia a Salomón. Sin embargo, no está generalizada la opinión acerca de la paternidad literaria salomónica y la mayoría de los eruditos protestantes ortodoxos, rechazan esta posición.
La razón para este rechazo generalizado de la paternidad literaria salomónica se encuentra en las siguientes consideraciones:
(1) No aparece el nombre de Salomón. El libro no afirma definitivamente que Salomón haya sido su escritor. Si lo hiciera, ese hecho en si solucionaría el problema.
(2) Todos los escritos de Salomón llevan su nombre en los títulos. Sin embargo aquí aparece la singular designación qoheleth, y así en esa forma parece ser evidente (obsérvese la construcción femenina en el 7:27) que no era el propósito considerar a Salomón como el escritor.
(3) Al mismo tiempo, debido ala adición de las palabras “el hijo de David, rey en Jerusalén” parece existir una referencia a Salomón. ¿En qué sentido sin embargo se trata de establecer esta referencia? A la luz de las consideraciones anteriores (véase bajo 1 y 2) y la discusión que sigue, está claro que la referencia no es con el propósito de mostrar que Salomón haya sido el escritor del libro. Sin embargo, a Salomón se le conoció por su gran sabiduría y entonces aquí se le considera “como un representante de aquella mente que es capaz de declarar tales cosas que son de profunda y duradera importancia para el pueblo de Dios” (Hengstenberg). Por tanto, la sabiduría es representada aquí como personificada, y esa persona es Salomón. Es por eso que se presenta a Salomón en un sentido ideal y por tanto no podemos decir que el escritor sea culpable de una mentira literaria (cf. Lc. 11:49, 50 con Mt. 23:24).
(4) Nuevamente en el 1:16 el escritor dice que había aumentado en sabiduría "sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén”. Esto parece referirse a reyes anteriores, y si así es, no se aplicaría muy bien a Salomón. Es cierto que Hans Moeller (Einleitung, pág. 216) cree que la referencia es únicamente a la Ciudad-Reino de Jerusalén, pero el limitar o restringir en esta forma la referencia no es convincente. No es muy probable que el escritor, en caso de que haya sido Salomón, se haya comparado a si mismo con gobernantes anteriores de la ciudad de los jebuseos, o que hubiera incluido a su padre David en tal línea. Por tanto, el 1:16 parece implicar que el escritor vivió después de Salomón.
(5) En el 1:12 el escritor dice, “Yo Qoheleth fui Rey en Jerusalén”. El tiempo pasado parece implicar que el escritor ya no era rey. Es cierto que el verbo (hayithi) puede traducirse “yo fui y todavía soy”, pero esto no es muy natural. La implicación clara es que el escritor había sido y ya no es rey. Esto por supuesto, no se aplicaría a Salomón, quien fue rey hasta el fin de su vida.
(6) Los antecedentes del libro no encajan en la época de Salomón. Fue una época de miseria y vanidad (1:2-11); el esplendor de la época de Salomón había terminado (1:12-2:26); había comenzado una época de muerte para Israel (3:1-15); existían la injusticia y la violencia (4:1-3); había una tiranía pagana (5:7, 9-19); se prefería a la muerte en lugar de la vida (7:1); “un hombre se enseñoreaba sobre otro hombre para mal suyo” (8:9). Lo anterior está basado en Hengestenberg. Véase también 4:13 “mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y fatuo que no sabe ser aconsejado”, y el 8:2; 9:14-16; 10:16, 17, 20.
El lenguaje y el estilo del libro aparentemente señalan a una época posterior a la de Salomón. Algunas de las palabras parecen estar en arameo, lo cual en sí no es una indicación de fecha, mientras que otras parecen acercarse a la región del mishnah. Con toda probabilidad al libro se le debe dar una fecha alrededor de la época de Malaquías. El antecedente político es satisfactorio, y este período también satisfaría el fenómeno lingüístico.
Existe una declaración en el Baba Bathra 15a de que Ezequías y su compañía escribieron Eclesiastés. Sin embargo ésto no niega la paternidad literaria salomónica, ya que el significado probablemente es que Ezequías y su compañía únicamente editaron el texto.1 La tradición cristiana y judía primitiva atribuían el libro a Salomón, y Lutero parece haber sido el primero que negó que Salomón hubiera escrito el libro.
L. Wogue sostuvo que el escritor original fue Salomón, pero que en una fecha posterior, antes del exilio, al libro se le enriqueció y editó con expresiones adicionales. En esta obra editorial participaron uno o más editores. Así entonces, el fundamento o base es salomónico, pero el desarrollo y tal vez una gran parte de la redacción provienen de otra época.
A la paternidad literaria salomónica la defienden hoy Hans Moeller y los eruditos romanistas Gietmann y Schumacher. Aquellos que creen que el escritor vivió después de Salomón están de acuerdo en que este último escritor vivió en el período postexílico. ¿Pero precisamente cuándo? Aquí es donde las opiniones difieren. Muchos le darían al libro una fecha alrededor del año 200 a.C., ya que creen que éste manifiesta señales inequívocas de influencia helénica, otros han deseado colocarlo tan tarde como el año 100 a.C., y Graetz aun llegó hasta el punto de considerar que el libro pertenecía a la época de Herodes el grande.

Unidad de composición

Algunos de los Padres de la Iglesia como Gregorio El Grande, Gregorio Taumaturgo, Gregorio de Niza, Jerónimo, así como algunos escritores medievales, Bonaventura, Tomás de Aquino, Nicolás de Lira, y algunos escritores modernos, han opinado que el libro está formado por un diálogo en el cual se discuten varios problemas. Sin embargo, aquellos que sostienen este punto de vista no niegan la unidad del libro.
Algunos han considerado que el 12:13-14 es una adición que se incluyó con el propósito de obscurecer el verdadero contenido del libro y se ha llegado a sospechar también del 11:9b, 12:1a, y 7 por la misma razón. Las razones para considerar a estos versículos como adiciones, sin embargo, están en realidad basadas en una mala interpretación de la verdadera enseñanza del libro.
Eissfeldt considera a los siguientes como adiciones posteriores:
2:26; 3:17; 7:26b; 8:5, 12b, l3a; l1:9b; 12:7b y 12:12-14.

Propósito

Existen aquellos que afirman que el libro contiene la influencia de la filosofía griega, y se supone que se han encontrado paralelos en Aristóteles, Heráclito, los estoicos y los epicúrios. Estos supuestos paralelos sin embargo, no son verdaderos. Ni tampoco encontramos paralelos en la literatura egipcia, ni en ningún otro lugar en el mundo pagano antiguo.
Existen también otros que afirman que la enseñanza del Eclesiastés no está de acuerdo con la enseñanza del Evangelio. Se dice que el libro presenta únicamente el razonamiento humano; es lo mejor que el hombre puede hacer; es algo legal y aparte de la redención el hombre no puede efectuar nada mejor. También se dice que el libro no anticipa el evangelio. Podemos preguntar por supuesto, si este punto de vista tan denigrante acerca del Eclesiastés es correcto ¿a qué se debe que Dios haya permitido que se le incluyera en el Canon?
La llave para la adecuada comprensión del libro se encuentra en las palabras de la conclusión en: “teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque ésto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena o mala’’ (12:13, 14). No puede existir ningún propósito más elevado en la vida que este. Esta es la misma meta grandiosa que nuestro Señor estableció en el sermón del monte. Es una demanda divina en favor de la perfección absoluta, una meta hacia la cual todo el pueblo de Dios debe luchar.
Sin embargo, aun cuando la meta hacia la cual debemos dirigirnos es clara, fallamos en nuestro intento de alcanzarla; y la razón de esto la declara Eclesiastés: “He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaronmuchas cuentas” (7:29). La palabra traducida “cuentas” (hishshevonoth) significa “pensamientos, planes”. La idea es que Dios hizo al hombre perfecto (esto es, derecho, recto), pero el hombre se ha alejado de esta condición encontrando para sí mismo planes propios que son contrarios a su condición original. En otras palabras, aquí aprendemos que el hombre ha caído de su estado original de integridad en el cual Dios lo había creado. No existe en la filosofía griega nada similar a esto. Es la enseñanza bíblica pura. Representa el reflejo de tino que había tenido ricas y variadas experiencias en el mundo, y quien como resultado de su experiencia estaba profundamente convencido del hecho de que el hombre no era ya lo que había sido cuando Dios lo creó. Ningún razonamiento humano por sí sólo llegaría a tal conclusión, ya que el razonamiento humano por sí sólo (esto es, no regenerado) está lleno de orgullo y vé al hombre como el punto de referencia último para la interpretación de la vida.
Estamos ahora listos para considerar la importancia de todo el libro. El escritor narra las experiencias de su vida. Ha probado esto, aquello, en un esfuerzo por llegar a una verdadera interpretación de la vida. Sin embargo, descubre que todo es vanidad. A pesar de todo esto, presenta un buen consejo para el goce práctico de la vida. Por ejemplo dice, “no hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo” (2:24). Pasajes tales como este demuestran claramente que el escritor no es un pesimista. Pero tales pasajes tampoco enseñan que el goce de las cosas de la vida sea un fin en sí. No son sino direcciones prácticas para el alma temerosa de Dios para su instrucción a través de esta vida. La vida sin embargo, en todos sus múltiples aspectos carece completamente de significado lejos de Dios. Este es el tema grandioso del libro. La vida lejos de Dios no puede tener ningún significado, ya que sólo Dios puede dar significado a la vida. Para declarar el asunto en una forma un poco distinta podemos decir: Dios es el modelo, la medida, y el punto de referencia último por medio del cual se debe interpretar cada aspecto de la vida. Si se considera al hombre o al mundo como el último punto de referencia, todo es vanidad. Todo pierde su significado y nos lleva solamente a la desolación. La única posible interpretación del mundo es entonces el considerarlo como una creación de Dios y usarlo y gozarlo para su gloria.

Análisis

1. Eclesiastés 1:1-11. El prólogo

(1) 1:1. Encabezado.
(2) 1:2-11. Introducción a todo el libro. El tema básico se presenta en los versículos 2 y 3, esto es, la vanidad de todas las cosas. Esto no se debe explicar en un sentido materialista como si la vida en sí fuera mala. El resto del libro demuestra que en sí mismas, lejos de Dios y cuando no se les usa para su gloria, todas las cosas son en vano. Aun aquellas cosas que son buenas y dignas de alabanza en sí mismas pierden su significado, y se vuelven vanas cuando se les busca por sí y no por causa de Dios. Este tema básico está respaldado por una apelación, versículo 4 y siguientes, a los cambios que también aparecen en la tierra y en la vida humana.

II. Eclesiastés 1:12-6:12. La vanidad de todas las cosas

(1) 1:12-18. La búsqueda de la sabiduría humana es en vano. El predicador comienza aquí las secciones “yo”, esto es que utiliza el pronombre de la primera persona singular. El predicador ha iniciado una investigación, cuyo resultado se declara.
(2) 2: 1-11. Los placeres son vanos. Este parece ser el primer punto de la investigación. Placeres, lujos y gran riqueza también demuestran ser vanidad.
(3) 2:12-23. La sabiduría y las riquezas son en vano. El segundo punto de la investigación del predicador.
(4) 2:24-3:15. Este parece ser el tercer punto de la investigación. Aun los esfuerzos humanos son vanos, y uno no puede siempre disfrutar del resultado de sus trabajos.
(5) 3:16-4:6. El cuarto punto es que en la tierra prevalecen la maldad y la opresión.
(6) 4:7-12. El quinto punto es que dos pueden tener más éxito en varios trabajos que uno solo.
(7) 4:13-16. El sexto punto es que la sabiduría y la pobreza son mejores que la necedad y las riquezas.
(8) 5:1-7. El séptimo punto consiste en consejos generales. El hombre debe guardar su responsabilidad y temer a Dios.
(9) 5:8-6:12. El propósito de esta sección es manifestar la vanidad de las riquezas. Desarrolla ciertos temas que ya anteriormente se habían presentado para alcanzar este fin.

III. Eclesiastés 7:1-12:7. Las palabras de sabiduría

(1) 7:1-14. Consejo práctico para una vida bien ordenada.
(2) 7:15-22. Todos los hombres son pecadores, pero la fortaleza del sabio reside en su sabiduría.
(3) 7:23-29. La conclusión de la investigación del predicador. El hombre es pecador: “Un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas estas nunca hallé”. Dios ha formado al hombre íntegro, “mas ellos buscaron muchas cuentas” (7:29).
(4) 8:1-8. Se debe respetar al rey.
(5) 8:9-17. Aunque parece como si el impío pudiera tener más suerte que un justo, aun así el predicador sabe que ante Dios, esto no es así.
(6) 9:1-10. Pensamientos sobre el orden y la administración del mundo.
(7) 9:11-10:3. Observaciones sobre la sabiduría y la necedad.
(8) 10:4-20. Comparación entre el sabio y el necio.
(9) 11:1-12:7. Varias observaciones prácticas.

IV. Eclesiastés 12:9-14. Epílogo

La conclusión. El hombre debe temer a Dios y guardar sus mandamientos.

NOTA DEL CAPITULO VEINTICINCO

1. Cf. también Megilla 7a; Shabbath 30, donde se dice expresamente que Salomón es el escritor.