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Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO VEINTICUATRO


LAMENTACIONES


Nombre

En la Biblia hebrea, al libro se le llama de acuerdo con su primera palabra ‘echah (¡cómo!). Sin embargo en la Septuaginta, se le llama de acuerdo con su contenido, Las lágrimas de Jeremías (threnoi), y lo mismo en la Vulgata Threni (“lágrimas”), con la interpretación, Las lamentaciones de Jeremias (Thremi, Id est lamentationes Jeremiae prophetae). Nuestro titulo en español está derivado del latín.

Escritor

De acuerdo con la tradición tanto judía como cristiana, Jeremías fue el escritor de Lamentaciones. Esta tradición aparece por primera vez en el titulo del libro en la Septuaginta, que dice, “Y aconteció después que Israel habla sido llevado al cautiverio y que Jerusalén había sido desolada, que Jeremías se sentó a llorar y lamentó esta lamentación sobre Jerusalén y dijo”. La Vulgata repite estas palabras y agrega “con espíritu amargo, suspirando y gimiendo”.
El Baba Bathra 15a nos presenta la misma tradición: “Jeremias escribió Lamentaciones” (al libro aquí se le llama Lamentaciones, Quinoth). Esta tradición fue muy popular en la antigüedad. Sin embargo, el libro en si no aduce ser la obra de Jeremías. De hecho, no se menciona a ningún escritor. ¿Cuál fue entonces el origen de esta tradición? Es muy probable que haya surgido de una mala interpretación de 2 Crónicas 35:25. Este último pasaje declara que Jeremías compuso lamentaciones sobre Josías y que éstas están escrita en las Lamentaciones (wehinnam kethuvim 'al-haqquinoth) obvio que las lamentaciones de las cuales Crónicas está hablando, no son las de nuestro libro actual, debido a que el libro que nosotros poseemos no contiene ninguna lamentación sobre Josías, aun cuando Cronill cree que Lamentaciones 4:20 (“el ungido de Jehová”) pueda ser una referencia a Josías. Pero esto no es muy probable. Lamentaciones 4, no es un lamento sobre la pérdida de una persona, sino más bien una expresión de dolor por las condiciones trágicas de Sión. Por tanto, el pasaje en 2 Crónicas simplemente nos enseña que en una ocasión Jeremías compuso lamentaciones. Me parece que es de aquí de donde ha de haber surgido la tradición de que Jeremías era también el escritor del libro canónico.
Por tanto, es imposible colocar mucho énfasis en esta tradición como un testigo a la paternidad literaria del libro. En su manifestación más primitiva, esta tradición es varios cientos de años posterior al libro mismo. Debido a esto, al tratar de contestar la pregunta sobre la paternidad literaria, es necesario que volvamos nuestra atención a otras consideraciones.
Parece ser que el escritor del libro fue un testigo presencial de la destrucción de la ciudad (asumiendo que esta es la razón de la lamentación en el 1:13-15; 2:6, 9 y siguientes; 4:10). Esto también lo apoya la descripción vívida general y el hecho que el poeta parece identificarse él mismo con el infortunio de la ciudad.
Además, existen semejanzas sobresalientes de estilo y de fraseología entre Lamentaciones y Jeremías. Las siguientes son de especial interés:
“A la virgen hija de Judá”, Lm. 1:15; Jer. 7:21; etc. “Los ojos del profeta fluyen aguas”, Lm. l:16a, 2:11, Jer. 9:1, l8b; 13:l7b; etc. “mis temores de todas partes”, Lm. 2:22; Jer. 6:25; 20:10; “apelación a Dios por venganza”, Lm. 3:64-66; Jer. 11:20. Driver sugiere también las siguientes comparaciones Lm. 1:2 con Jer. 30:14. Lm. 1:8-9 con Jer. 13:22b, 26. Lm. 2:11; 3:38; 4:10 con Jer. 6:14; 8:11, 21. Lm. 2:14; 4:13 con Jer. 2:8; 5:31. Lm. 2:20; 4:10 (mujeres comiendo a sus propios hijos) con Jer. 19:9. Lm. 3:14 con Jer. 20:7. Lm. 3:15 (ajenjo), 19 con Jer. 9:15; 23:15. Lm. 3:47 con Jer. 48:43. Lm. 3:52 con Jer. 16:16b. Lm. 4:21b con Jer. 25:15; 49:12. Lm. 5:16 con Jer. 13:18b.
Podemos observar además que ambos libros manifiestan la esperanza de que un castigo similar descienda sobre aquellas naciones que se regocijaron en la calda de Jerusalén (cf. Lm. 4:21 con Jer. 49:12). Driver también indica que en ambos libros se atribuye la calamidad nacional a las mismas causas. (Cf. 1:5, 7, 14, 18; 3:42; 4:6, 22, 5:7, 16 con Jer. 14:7; 16:10-12; 17:1-3; etc. «pecado nacional»; cf. Lm. 2:14; 4:13-15 con Ser. 2:7, 8; 5:31; 14:13; 23:11-40; etc. «culpa de profetas y sacerdotes»; cf. Lm. 1:2; 19; 4:17 con Jer. 2:18, 36; 30:14; 37:5-10 «la yana confianza de la nación en aliados débiles y traicioneros»).
Driver además, declara que aun mientras él mismo no acepta la paternidad literaria de Jeremías: “El mismo temperamento sensitivo, profundamente simpatizador con el dolor nacional, y listo para volcarse en incontenibles emociones, se manifiesta tanto en Lamentaciones como en Jeremías (p. ej., cf. 14-15).”
En esta forma me he estado refiriendo constantemente a Driver, ya que él nos de dado un bosquejo tan completo de los argumentos en favor de la paternidad literaria de Jeremías (cf. también Mas Loehr: “die Sprachgebrauch des Buches er Klagelieder” en ZAW, 1894, págs 31-50, y particularmente 1904, págs. 1-16).
A la luz de estos argumentos, parece muy probable que Jeremías haya compuesto Lamentaciones. Sin embargo, no podemos estar seguros de ello, y parece mejor admitir que en realidad no sabemos quién fue el escritor.
Los principales argumentos que se presentan en contra de la paternidad literaria de Jeremías son los siguientes:
(1) Jeremías pensaba en los babilonios como el instrumento del castigo de Dios, mientras que Lamentaciones 1:21 y 3:59-66 presenta ideas diferentes. Esta objeción demuestra una profunda falta de comprensión deja verdadera situación. Los caldeos, dentro de la provisión de Dios, fueron los instrumentos de Dios para castigar a Judá. Pero Dios hace que aun la ira de los hombres le alabe. Y la cosa que los caldeos hicieron fue algo malo en sus ojos por lo cual tenían que ser castigados. ¿Acaso no es posible que una misma persona haya creído que los caldeos habían sido el instrumento de Dios para el castigo, y al mismo tiempo desear que ellos también recibieran la recompensa por lo que habían hecho?
(2) Jeremías no hubiera hablado de la terminación de los oráculos proféticos, como se hace en el 2:9c. Podemos decir como contestación sin embargo, que este versículo no profesa afirmar que no existe ya la revelación profética; el escritor únicamente ha declarado que ya no existe la ley (’en torah), lo cual es una expresión adecuada para enseñar que ya que la ciudad ha sido destruida (9a) ya no existe ninguna ley que obedecer, o mas bien, nadie para obedecer la ley. También dice el escritor, los profetas de la ciudad no han encontrado ninguna revelación de Jehová. ¿No es ésta acaso una forma poderosa de expresar que se ha cambiado por completo el orden antiguo? Si vamos a forzar esta cláusula, lo mismo debemos hacer con la anterior. No veo razón alguna porque Jeremías no pudiera haber escrito estas palabras poéticas.
(3) Jeremías no hubiera culpado en forma general a los profetas por la calamidad (2:14; 4:13). Sin embargo, de hecho, Jeremías condena a los falsos profetas aun con mayor fuerza que la de las Lamentaciones (cf. Ser. 14:14; 23:16).
(4) No son de esperarse los arreglos acrósticos de parte de Jeremías. ¿Pero por qué no? ¿Quién está para decir que un profeta no está capacitado para utilizar distintos estilos y formas de expresión cuando lo desee?
(5) Jeremías no esperaba ninguna ayuda de Egipto (4:17). Pero el 4:17 no enseña que el escritor mismo estuviera esperando ayuda de Egipto. Al utilizar la primera persona del plural, el escritor únicamente está hablando de la nación como tal. No está declarando aquí sus puntos de vista personales.
(6) Jeremías no esperaba obtener seguridad bajo la protección de Sedequías (4:20), Pero es muy probable que al principio, Seré- mías sí pusiera su confianza en Sedequías, una confianza que más tarde resultó defraudada. Aun cuando Nabucodonosor había nombrado a Sedequías, este sin embargo, era un descendiente de Tosías y por tanto, un heredero legítimo al trono, y la frase “el ungido de Jehová” se podía aplicar perfectamente a él.
(7) El argumento más importante es el de que la fraseología de Lamentaciones difiere de la de Jeremías. Sin embargo, esto en sí no puede ser definitivo. Argumentos de este tipo son por lo general arriesgados, y es necesario recordar que debido a los arreglos acrósticos y al tema tan peculiar, así como al estilo poético, se pudieron haber escogido palabras que no aparecen en Jeremías.
En conclusión, podemos afirmar que los argumentos que se ofrecen en contra de la paternidad literaria de Jeremías para Lamentaciones no son lo suficientemente convincentes.

Propósito

El libro de Lamentaciones representa la actitud de un devoto creyente en la teocracia hacia el final de ella. La nación se había vuelto tan vil que Jehová había abandonado su santuario y las fuerzas del mal lo habían destruido. El poema lamenta profundamente que la nación se haya vuelto inicua, pero a la vez el profeta se da cuenta de que Jehová es justo. Por tanto, llama al pueblo al arrepentimiento. Al mismo tiempo, observa cuán baja e impía ha sido la acción de aquellos que han destruido la santa ciudad, y pide su castigo.
Este es uno de los libros más trágicos en la Biblia. La nación de donde proviene la salvación se ha vuelto tan impura, que ahora Dios destruye su forma teocrática externa. A la luz de los antecedentes de este hecho, podemos comprender la proclamación, “¡Cómo está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de provincias es hecha tributaria’’.

Análisis

(1) Capítulo 1. Jerusalén, la desolada y abandonada. El poeta vividamente describe la condición lamentable de la ciudad abandonada. Esta descripción alcanza su clímax en el v. 11b, donde la ciudad personificada habla y dice: “Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida”. En el versículo 18, la ciudad nuevamente habla, proclamando la justicia de Jehová, su propia desolación, y expresando una súplica para que sean castigados sus enemigos.
(2) Capítulo 2. Las razones de la ira de Jehová en contra de la ciudad se presentan ahora. El poeta insiste en que la nación debe buscar al Señor, y ésta responde a la súplica, versículos 20-22.
(3) Capítulo 3. Este capítulo contiene un acróstico extraordinario. Cada letra del alfabeto inicia tres versículos. Así entonces, los versículos 1-3 principian con la letra ’Aleph; los versículos 4-6 con Beth, y así sucesivamente. Aquí se personifica a la nación. En los versículos 1-20 lamenta o llora la trágica condición que le ha sobrevenido. Después, en los versículos 21-39, recuerda las misericordias de Jehová las cuales no se han consumido por completo y confía en su bondad. En los versículos 40-54, se exhorta al pueblo a escudriñar y probar sus caminos y a volverse a Jehová, y por último, en los versículos 55-66, después de reconocer que Dios ha escuchado su lamento, la nación lo llama para que ejerza venganza sobre sus enemigos.
(4) Capítulo 4. Este capitulo exhibe un contraste entre el antiguo esplendor de Sión y su condición actual.
(5) Capítulo 5. La nación apela a Jehová para que recuerde su aflicción. Esta aflicción es en realidad grande, pero la nación confía en el eterno Dios (y. 19). Este capitulo no está escrito en forma acróstica.
Cornill declara, “El esfuerzo por explicar Lamentaciones IV y V como de los Macabeos, es una pura curiosidad”. Debemos tomar a pecho esta declaración.