CAPÍTULO VEINTIUNO

JOB

Nombre

El libro recibe su nombre de su principal personaje ‘iyyou, el cual aparece en la Septuaginta y en la Vulgata como lob. Es de ésta última fuente donde la versión en español deriva este nombre.

Paternidad literaria y composición

Existen dos problemas que es necesario distinguir en cualquier estudio de Job. En primer lugar, es necesario determinar, hasta donde nos sea posible, quién escribió el libro y cuándo vivió su escritor. En segundo lugar, necesitamos descubrir cuándo vivió Job y cuándo se llevaron a cabo los acontecimientos que en este libro se registran. En esta sección, vamos a dirigir nuestra atención a la primera de estas preguntas. Sin embargo, la pregunta sobre la paternidad literaria del libro, es muy complicada y se han presentado una infinidad de opiniones al respecto. Por tanto, con el propósito de ser claros, será mejor presentar nuestro propio punto de vista acerca de esta paternidad literaria y después los otros puntos de vista que se han propuesto.
La opinión acerca de la fecha y la paternidad literaria del libro que nos parece estar más libre de objeciones, considera que el libro se escribió durante el reinado de Salomón. Esta es una opinión que tiene la antigüedad de su parte para respaldarla. Algunos de los doctores judíos, así como Gregorio Nazianzeno (murió aprox. 390 a.C.), sostuvieron esta opinión. También Martín Lutero la afirmó, y durante el siglo diecinueve Haevernick, Keil y Delitzsch la defendieron.
Los argumentos positivos en su favor son: (1) Esta fue una época de comodidad en la cual se practicaron los intereses literarios. Por tanto, fue en una época apropiada para la composición del libro de Job. (2) El libro de Job lleva estampado el carácter de la literatura de Sabiduría (Chokma). Como Delitzsch declara: “Lleva en si, el sello de ese primer periodo creador del Chokma, —de esa época salomónica de conocimiento y arte, de profundos pensamientos acerca de la religión revelada, y de cultura inteligente, progresiva, de las formas tradicionales del arte, —esa época sin precedente en la cual la literatura corresponde a la cúspide de la gloriosa magnificencia hasta donde el reino de la promesa había llegado”. Existen dos argumentos principales para colocar la fecha de la composición durante la época de Salomón. Naturalmente no son conclusivos, pero tienen su lugar.
De acuerdo con un punto de vista alternado el cual se expresa en el Baba Bathra 14b, Moisés fue el escritor de Job. Aquellas personas que han respaldado esta opinión, han tenido la costumbre de indicar la presencia de ciertas palabras en Job que también aparecen en el pentateuco, tales como ‘ulam, tnu’ah, netz, pelilim, qshitah, yeret.
Pero en oposición a esto, existe la consideración que parte de Job está escrito en el estilo de Proverbios. Además, no es muy seguro que un libro con la naturaleza reflexiva de Job, haya sido escrito antes de que la ley hubiera sido dada y por uno cuya principal ocupación era la de ser el dador de la ley. Sin embargo, aun algunos Padres de la Iglesia sostuvieron esta opinión.
Cornill afirma, que a la luz de Jeremías 20:14-18, comparado con Job 3, es necesario considerar a este último como el más tardío. Además, se cree que Ezequiel 18 enseña que Job es posterior a Ezequiel, ya que, de acuerdo con Cornill, este pasaje niega el problema con el cual Job lucha. Job 42:17 exhibe un recuerdo muy especial de Génesis 25:8 y 35:29. Por último, Proverbios 1-9, la parte más tardía de Proverbios, está supuesta en Job. (Así por ejemplo, Job 15:7, depende de Pr. 8:25). También, la presencia de lo que él llama el carácter lingüístico “arameo-arábigo” del libro, lleva a Cornill a colocar la obra en el último periodo de la literatura hebrea.
Como lo hacen muchos otros, Cornill separa el prólogo y epilogo de la sección poética. El piensa que la prosa narrativa fue anterior al poema; había tornado una forma tan definitiva en la tradición que el poeta no se atrevió a modificarla en nada.
Pfeiffer cree que la pregunta sobre si el prólogo y el epilogo fueron escritos por el escritor, es en realidad una cuestión académica. El piensa que tenemos en nuestro poder una leyenda o cuento popular nacional que tuvo forma de historia oral antes de someterse a la escritura. Este cuento tenia cierta familiaridad en algunas formas con Ezequiel (Ez. 14:14, 20), aunque como lo demuestran sus antecedentes, la historia se originó entre los edomitas. En su forma original, a la leyenda probablemente le faltaban los episodios sobre Satanás (1:6-12; 2:1-7a), y la visita de los tres amigos (2:11-13; 42:7-17a), que probablemente se incluyeron cuando el cuento se convirtió en el bosquejo del poema. Tal como conocemos, este cuento se ha adaptado por medio de ligeros retoques al poema.
De acuerdo con Pfeiffer, el cuento es israelita, ya que la mención de Jehová en la boca de un héroe edomita no es consistente. Es probable que un redactor judío haya añadido este cuento al poema, el cual reprodujo el cuento tal como lo oyó de los narradores de cuentos en Judea. Este cuento nacional era un vehículo para la expresión popular de una filosofía pesimista, y el poeta (un edomita), utilizó el cuento únicamente como una ilustración de su pensamiento, aun cuando él investigó asuntos mucho más allá del alcance de la historia.
Con respecto al capítulo 28, Pfeiffer cree que fue una composición independiente del escritor y no era parte integral del libro. Los discursos de Eliú (capítulos 32-37) son una interpolación polémica diseñada para defender la ortodoxia judía y condenar una gran parte de la enseñanza anterior del poema.
El editor final del libro trabajó aproximadamente en el año 200 a.C. y el prólogo, prosa, y epilogo no fueron anteriores al sexto siglo a.C. Por lo que toca al poeta, podernos colocarlo más o menos entre 700-200 a.C., probablemente durante la época de Jeremías (605-580 a.C.).
Las opiniones de los distintos críticos varían mucho, y tal vez podamos entender mejor la actitud de la crítica reciente por medio de una investigación de las varias opiniones que se expresan. El lector puede encontrar una investigación del trabajo hecho en los comentarios siendo de especial valor las obras de Dhorme.
(1) El prólogo es una adición redaccional. Schultens en su erudito comentario (1737) adoptó esta opinión. Koenig rechaza el prólogo.
(2) Originalmente, el prólogo y el epilogo fueron un libro muy popular, separados del poema. Welihausen, Budden, Cheyne, Bickel, Duhumy Voiz opinan que el mismo poeta utilizó estos narrativos como un bosquejo para su poema.
(3) Los pasajes sobre Satanás en el prólogo pueden ser la obra del poeta. Y para Koenig está en duda el hecho de que estos pasajes no sean interpolaciones de parte del poeta.
(4) La introducción original al libro son los capítulos 29-31. Studer propuso este punto de vista en 1881.
(5) El prólogo es la obra del poeta—Dhorme, O’Neill, Hodscher, y por supuesto, eruditos protestantes conservadores tales como Green.
(6) El mismo poema (capítulos 3-31, con excepción del 28), es la obra de más de un hombre.
(a) Baumgaertel considera que el original es solamente: 4:1—5:7, 27; 6:1-30; 8:1-11, 20-22; 9:1-3, 11-23, 32-35; 11:1-5, 10-20; 13:1-19 y 16:6, 9, 12-17, 18-21; 10:2-29; 23:2-7, 10-17; 31:35, 37. Este es uno de los tratamientos más drásticos del poema. Pero también hay otros (por ejemplo Volz, Fullerton, Jastrow) quienes reconocen algunas manos secundarias en esta sección. Las quejas, como el 3:3-12 y algunos otros pasajes que se consideran como inapropiados, son excluidas. Sin embargo este procedimiento es subjetivo. Afirma declarar lo que el poema debía haber sido, y luego pone manos a la obra con un cuchillo destazador.
(b) Budde y por supuesto, cruditos protestantes conservadores, aceptan los capítulos 24-27 como genuinos. Por otra parte, algunos han tratado de arreglar el texto para producir lo que ellos piensan es un orden armónico. Me parece que en este procedimiento Torczyner es el más radical. Deum también ha efectuado algunos arreglos y lo mismo Dohrme. Otros han considerado que esta sección contiene varias interpolaciones, siendo la principal el capitulo 28. Se cree que no es muy probable que Job haya pronunciado las palabras de este capítulo, ya que, si lo hubiera hecho, no habría necesidad del mensaje divino que sigue (capítulos 38-41). También, si Job se elevó a tan sublimas alturas en este capitulo, ¿Cómo explicar el hecho que él haya caído en la queja? (30:20-23). Además cómo podemos explicar entonces el tono irónico de los discursos divinos? (38 y siguientes). Discutiremos estos argumentos bajo el encabezado de Análisis.
(7) Los discursos de Eliú (capítulos 32-37) son originales y genuinos. Budde, Rosenmueller, Thilo, Wildeboer, Cornill, O’Neil, y eruditos conservadores defienden esta opinión. Cornill aun llegó hasta el punto de considerar a esta sección como la culminación del libro, y que presenta la única solución al problema que se podría dar desde el punto de vista del Antiguo Testamento.
(8) Es necesario rechazar los discursos de Eliú. Driver, Pfeiffer, y muchos otros alegan en esta forma. Las razones que generalmente se aducen para esto son: a): Estos discursos exhiben un Carácter independiente y trastornan la relación entre el poema anterior y los discursos de Jehová. b): 38:1-2 y 40:6 presuponen que Job y no Eliú es el que ha hablado,
(C): Esta sección exhibe muchos más arameísmos que el resto del libro. d): La explicación teórica de sufrimiento que estos discursos presentan se considera como imposible por el 38:1—42:6, y en esta forma los discursos destruyen la estructura artística del libro. Discutiremos estos argumentos bajo Análisis.
(9) Las dos ocasiones en que Jehová habla y el hecho que Job se humilla dos veces son genuinas. Esto lo consideran los eruditos protestantes conservadores, así como Dillmann.
(a) Se considera que solamente el 38:1—40:2 es genuino, así lo afirma Siegfried.
(b) Se cree que la forma original de los discursos divinos es 38, 39 más 40:2, 8-14 y 40:3-5 más 42:2-5. Así lo creen Bickell, Budde, Duhm. La razón para esto es que se considera que estos discursos han sido interpolados. Así entonces algunos, por ejemplo, Duhm, Cheyne, Hoelscher, rechazan el 39:13-18. Se rechaza el 40:15-24 (la sección acerca del hipopótamo), como también el 40:25—41:26 (el cocodrilo). Se afirma que estas dos secciones contienen un carácter independiente y no sirven como ilustraciones de orgullo tal como lo está discutiendo el contexto.
(c) Se rechazan por completo los discursos de Jehová. Así lo hacen Cheyne, Volz, Hemple, Baumgaertel.
(d) Se considera que el 40:1-4 es la conclusión del libro. Tal afirma Hans Schmidt, mientras que Fullerton sostiene que el 40:3-5 es la conclusión.
(10) Es imposible establecer con toda certeza la fecha de composición.
(a) La época de Salomón—Keil, Delitzsch, Haevernick.
(b) El siglo octavo (antes de Amos)—Hengstenberg.
(c) El principio del séptimo siglo—Ewald Riehm.
(d) La primera mitad del séptimo siglo—Staehelin, Pfeiffer.
(e) La época de Jeremías—Koening, Gunkel, Pfeiffer.
(f) El exilio—Cheyne, Dillmann (1891).
(g) El quinto siglo—Moore, Driver y Gray, Dhorme.
(h) El cuarto siglo—Eissfeldt, Volz.
(i) El tercer siglo—Cornill (más tarde defendió una fecha indefinida.
El breve bosquejo de opinión critica que acabamos de dar sobre Job, mostrará al estudiante cuán variados son los puntos de vista que se presentan. Creemos que debemos rechazar cualquier punto de vista que destruya la unidad del libro. Si se da por sentado su unidad entonces nos parece que la época de Salomón sería un periodo para la composición tan buen como cualquiera. Al mismo tiempo debemos admitir que tal como obra ahora en nuestro poder, ciertas porciones, por ejemplo el prólogo, es posible que exhiban una revisión lingüística más reciente. De ser así, esto nos daña la respuesta a algunas de las construcciones gramaticales del capítulo, las cuales parecen ser reflexiones de un período posterior. Pero esto es difícil de determinar.
Permanece aún la otra pregunta con respecto a la ocasión en que se llevó a cabo la acción del libro. Y como consideración de este problema debemos observar que Job fue un personaje histórico,— tal como lo prueba Ezequiel 14:14 y Santiago 5:11. Existen ciertas indicaciones en el narrativo que parecen indicar una fecha anterior a la promulgación de la legislación sinaítica. La descripción patriarcal en el capitulo uno parece respaldar ésto, así como el hecho que no se mencione ninguna de las instituciones definitivamente israelitas. Por tanto me parece, que muy probablemente Job fue contemporáneo de los patriarcas, pero de esto no podemos estar seguros.

Análisis

I. Job 1:1—2:13. El prólogo

(1) 1:1-5. En medio de una gran prosperidad Job es un hombre verdaderamente piadoso. Esta sección nos da la escena de la narración, la cual se desarrolla al este de Palestina en el desierto Árabe. Este prólogo es esencial para una mejor comprensión del libro. Job aparece como el sacerdote del hogar, y ofrece un ‘olah (holocausto), dos factores que indican una época premosaica. En estos versículos tan extraordinariamente directos se nos presenta el personaje principal. Las primeras palabras (“hubo un varón”, ‘ish—hayah) evidentemente nos muestran que este no es un narrativo de una porción de la historia israelita, sino más bien el principio de una historia extraisraelita.
(2) 1:6-12. Jehová determina probar a Job. La escena cambia ahora al cielo, y se ilustra la verdad que cualquier cosa que sucede sobre la tierra ha sido decretada por Dios en el cielo. Algunos piensan que la mención que se hace de Satanás demuestra que el libro no puede ser del periodo de Salomón, ya que la primera mención de Satanás con tal nombre aparece en los escritos post-exílicos (Zac. 3 y 1 Cr. 21:1). Pero esto no prueba absolutamente nada. El adversario ya había estado presente en el Edén, y el conocimiento de tal ser no se derivaba de ninguna relación con las naciones orientales, sino que ya estaba presente también dentro del mismo Israel (cf. Sal. 109:6). Si entonces, el escritor de Job estaba familiarizado con la relación de Génesis, es difícil comprender por qué él no podía haber designado al maligno como Satanás. No existe ningún caso en mencionar a Satanás ya en el poema, debido a que los personajes terrenos no hubieran tenido conocimiento de la escena celestial que se había desarrollado anteriormente. Obsérvese muy bien que Satanás está sujeto al Dios omnipotente; él puede llegar únicamente hasta donde Dios se lo permite.
(3) 1:13-22. Los cuatro mensajeros. Como golpes sucesivos los cuatro mensajeros se habían presentado ante Job. En todo esto Job no peca. Se manifiesta en esta forma su verdadera piedad.
(4) 2:1-10. Satanás vuelve nuevamente su atención a Job y malvadamente le aflige, probablemente con la enfermedad de elefantiasis, una forma peligrosa y asquerosa de la lepra. Pero aun así Job se rehúsa a maldecir a Dios como se lo ha ordenado su esposa, sino que más bien exhibe una grandiosa paciencia en medio de su sufrimiento.
(5) 2:11-13, Los tres amigos de Job le visitan para consolarlo y mostrale su simpatía. Su dolor los conmueve y exhiben respeto por su sufrimiento a través de silencio durante siete días.

II. Job 3:1-26. La queja de Job

El contraste entre la gran paciencia de Job en el capitulo 2 y su queja en el capitulo 3 no se debe a que los dos capítulos pertenezcan a diferentes escritores. Al principio Job no se queja, pero la vista de sus amigos y su prolongado silencio, junto con el aumento de la Severidad de sus dolores, llevan a Job a prorrumpir en una queja muy profunda. Es posible también que Job haya tenido una idea de lo que sus amigos dirían, y por tanto no se pudo aguantar más. Primero Job se queja (3:3-5) en contra del día de su nacimiento. Luego desea que la nocha (3:6-9) sea destruida; pregunta por qué nació (3:10-12), y desea que tal cosa nunca se hubiera llevado a cabo (3:13-16), ya que en el sepulcro hay descanso (3:17-19), ¿por qué es necesario que el hombre que sufre viva (3:20-23) cuando la vida es insoportable? (3:24-26).

III. Job 4:1—31:40. Los discursos con los tres amigos

(A) 4:1—14:22. El primer ciclo de discursos

(1) 4:1—5:27. El primer discurso de Elifaz. Elifaz comienza con una aparente demostración de simpatía por Job. Pero muy pronto marca la pauta de toda la discusión al implicar que los sufrimientos de Job se deben a su culpa “¿quién que fuera inocente se perdiera, y en dónde los rectos fueron cortados?” (4:7b). Elifaz asume que la prosperidad material vendrá a aquellos que son íntegros y que la adversidad vendrá a los perversos. Aparentemente él considera esto como un principio definitivo, al cual aun Dios está sujeto. Job está de acuerdo con este principio. El debate parece iniciarse entonces basándose en una suposición de que no Dios sino cierto principio de ética es lo final. Por tanto Elifaz sugiere que Job ha de haber cometido algún gran pecado para acarrear sobre si tal sufrimiento (4:1-12). Elifaz también es religioso; ha tenido visiones que le han revelado que el hombre pecador perecerá (4:13-21). Por tanto es solo el hombre insensato, —ya que uno no puede cambiar este principio—quien resiente el trato de Dios para con él. Elifaz sugiere que sería sensato que Job buscara a Jehová.
(2) 6:1—7:21. La primera contestación de Job. Job no niega el principio que Elifaz ha sugerido. De hecho, él mismo apoya este principio afirmando que es de una naturaleza esencial. Por ahora él no se da cuenta que este elemento en su pensamiento no es consistente con su adoración de Dios como soberano. Por tanto se queja de que Dios le ha afligido y no le quiere otorgar la muerte (6:1-13). Considera que sus amigos son infieles, y les suplica que consideren si es cierto que la iniquidad está en su lengua. Hace declaraciones sobre las miserias de la vida (7:1-10), ¡y amargamente le ordena a Dios que lo deje solo! Se vuelve muy inconsecuente ante Dios— ¿por qué Dios no lo perdona, si es que ya pronto va a perecer?
(3) 8:1-22. El primer discurso de Bildad. Bildad es más franco en sus declaraciones que Elifaz, pero su lenguaje, aun con todo lo bello que es, está basado en el mismo plano inferior que el de su amigo. Bildad cree que la muerte de los hijos de Job es un juicio divino (v, 4). En esta forma traiciona su ignorancia del verdadero estado de las cosas, así como su favoritismo para con el falso principio de que la muerte o el sufrimiento deben ser el castigo de un pecado específico. Dios no puede obrar en otra forma; aparentemente él está ligado a esta regla. Por tanto Bildad le insiste a Job que se arrepienta y le indica las agradables consecuencias que esto le traería.
(4) 9:1—10:22. La segunda respuesta de Job admite primeramente la verdad del principio básico de las palabras de Bildad (v. 2) y enseguida se lanza en una andanada en contra de Dios, considerándolo como un Poder irresponsable. Parece que considera a Dios como un Poder ciego e irresistible, algo así como el Ala de los musulmanes. Job se ye forzado a adoptar esta posición—de hecho se le lleva a que la adopte—por medio del principio racionalista que sostiene al igual que sus amigos. Ha comenzado a dudar en su corazón, evidentemente, o por lo menos ha principiado a dudar sobre la validez de este principio. Por lo tanto ataca la justicia de Dios. El siente que la situación no es justa, debe haber un mochiah (“árbitro”) entre ellos, de tal manera que Dios se vea forzado a obrar ecuánimamente con él. Job le suplica a Dios y exclama con un llanto de desesperanza. Aun llega a criticar a Dios por haberlo traído a la existencia.
(5) 11:1-20. El primer discurso de Zofar. Zofar es más impetuoso que los otros, pero como ellos, discute también en el mismo piano inferior. Condena lo que llama la “multitud de palabras” (cf. Pr. 10:19 y Ec. 5:3) y en esta forma revela que no ha principiado a comprender la profundidad del conflicto desencadenado en la mente de Job. Al mismo tiempo, parte de su lenguaje (11:7-20) es de una belleza inigualable. Si hemos de comprender sus palabras de acuerdo con la filosofía básica que ha presentado fundamento a la discusión hasta ahora, no son máS que sonidos huecos. Sin embargo, si Zofar no es consistente con su filosofía fundamental, y está hablando como un verdadero creyente en Dios, entonces en sus expresiones tenemos una hermosa y profunda enseñanza sobre la incomprensibilidad del hombre frente a la grandeza de Dios.
(6) 12:1—14:22. La tercera respuesta de Job. Job be dice a Zofar que sus pretensiones de sabiduría superior no lo impresionan en lo absoluto. Son la causa de que él, un hombre inocente, se convierta en la burla de todos. Sin embargo, aun así, Job siente que el gobierno de Dios es arbitrario, y que no está de acuerdo con la justicia (12:7-25). Job considera a sus amigos como consejeros mal intencionados. Desea hablar con Dios, y suplicarle. Esto parece ser el primer paso de progreso. (13:3). Hasta este punto, Job ha admitido la filosofía pagana de sus amigos, esto es, que en esta vida a lo bueno se le recompensa y a lo malo se le castiga. Sin embargo, sus propios terribles sufrimientos, han sido la causa de que él dude sobre la validez de este principio. Por tanto se vuelve hacia Dios con una amarga queja. Pero ahora desea discutir el asunto con Dios. Esto demuestra, tanto que él principia a reconocer en realidad que Dios es más grande que él, como que en Dios existe justicia, ya que espera que Dios le escuche. El empieza a darse cuenta cada vez más, que Dios es esencialmente justo (13:10, 11). Job probará sus caminos a Dios aun ante su rostro. El teme que Dios le matará, pero está preparado para eso, espera lo que Dios habrá de hacer, y se resigna a ello, aun cuando esto sea la muerte.’ Un hipócrita no desearía llegarse delante de Dios en esa forma. Job entonces le suplica a Dios y exclama en un lamento (cáp. 14) debido a la debilidad y fragilidad del hombre.

(B) 15:1—21:34. El segundo ciclo de discursos

(1) 15:1-35. El segundo discurso de Elifaz. Elifaz repite sus trivialidades, y considera las palabras de Job como vacías. Apela a los sabios y a los antiguos como autoridades.
(2) 16:1-17:16. La cuarta respuesta de Job. Job se da cuenta de la vanidad de la posición que sus amigos han adoptado. Si él estuviera en su lugar, también podría estar en posición de confundir con palabras. Pero ,qué puede hacer Job, ya que Dios ha venido sobre él? Aún desea que existiera alguien que pudiera juzgar entre Dios y él (16:21), y así en esa forma, anonadado por la severidad de su sufrimiento, vuelve a caer en una hostilidad quejumbrosa contra Dios. En medio de tales lamentaciones sin embargo, confiesa que “no obstante, proseguirá el justo su camino, y el limpio de manos aumentará la fuerza” (17:9).
(3) 18:1-21. El segundo discurso de Bildad. Bildad comienza por reprochar a Job y luego, gráficamente describe los terrores y la ruina que esperan al perverso. No ha abandonado la filosofía pagana básica con la cual comenzó.
(4) 19:1-29. La quinta respuesta de Job. Job prorrumpe en una poderosa queja en contra de sus amigos y los acusa de insultarlo y
perseguirlo. Ya lleno de valor, protesta su inocencia, y expresa la definitiva convicción de que su Vindicador vive. Además, este Redentor (go’el, esto es, uno que defenderá su nombre) se levantará sobre la tierra y pronunciará la última palabra, la cual será una defensa de Job y un testimonio sobre su inocencia. Después que Job mismo haya muerto, sin embargo en la came (min se toma como que indica el punto de vista o la posición desde donde uno ye) será Dios con sus ojos. Job espera esto ansiosamente.
Esta grandiosa declaración acerca de una resurrección corporal, porque eso es precisamente lo que es—da origen a una pregunta. ¿Cómo fue que Job haya podido llegar a tal creencia? ¿Es posible que la haya adquirido por medio de la meditación únicamente? Yo no creo tal cosa. Me parece que Dios le dió una revelación especial de consolación, una revelación también que le mostró cuán falso era el principio sobre el cual había principiado a razonar. A la luz de esta revelación, Job ahora llega a una reflexión muy clara.
(5) 20:1-29. El segundo discurso de Zofar. Sobre lineamientos de fuerza inspiradora, Zofar describe el temible castigo del perverso. Ignora la apelación de Job para un juicio final, ya que dice que el malvado ya ha sido juzgado (20:4, 5). Es probable que la sorprendente declaración de Job le haya parecido a Zofar y a los demás como solamente las alucinaciones de un demente. De cualquier manera, se le ignora, y los tres prosiguen ciegamente, como antes, sin comprender la verdadera naturaleza del caso.
(6) 21:1-34. La sexta respuesta de Job. Job se vuelve cada vez más atrevido, y con toda seguridad indica los errores en la opinión que él mismo había sostenido al principio. Los hechos de la vida están en su contra, ya que los malvados si prosperan en esta vida. Job piensa que los caminos de Dios son inescrutables, y aparentemente los tres amigos están hablando superficial y dogmáticamente acerca de dichos designios.

(C) 22:1—31:40. El tercer ciclo de discursos

(1) 22:1-30. El tercer discurso de Elifaz. Elifaz parece alcanzar la cúspide de la blasfemia en este discurso. El cree que Dios, no tiene ningún interés o preocupación por los sufrimientos humanos, con excepción de lo que toca a que éstos vindiquen su justicia. Elifaz en seguida repite las propias palabras de Job e insiste que se arrepienta.
(2) 23:1—24:25. La séptima respuesta de Job. Job está perplejo y entristecido por sus lastimosos sufrimientos, pero su inicial enojada nota de amarga queja ha desaparecido. Sabe que Dios es justo y que él cumplirá toda justicia. Aun cuando el mismo Job está en la obscuridad, posee plena confianza en Dios.
(3) 25:1-6. El tercer discurso de Bildad. Estas palabras son difíciles de comprender. Parece que Bildad no posee ningún argumento, y por tanto, a sus palabras se les considera más bien como sólo una protesta en contra de las declaraciones de Job hasta este punto.
La brevedad de este discurso ha causado que algunos lo consideren como fuera de lugar. Algunos asignan el 26:5-10 a Bildad, de la manera que en su totalidad, el discurso de Bildad consistiría del 25:1; 26:5-10; 25:2-6. Luego se dice que la respuesta de Job a Bildad consiste del 26:1-4 y 27:2-6. En seguida, se considera al capítulo 27:7-23 como el tercer discurso de Zofar. Pero el hecho que no exista un tercer discurso de Zofar es en sí, una evidencia de integridad. La suma brevedad del último discurso de Bildad, parece demostrar que los tres amigos habían agotado sus argumentos. La razón principal por lo cual se arregla el texto, parece ser que en la forma como se encuentra, contiene algunas declaraciones que parecen estar fuera de lugar en la boca de Job y a la vez parecen más apropiadas en las bocas de sus amigos. Pero es necesario recordar que Job aún no había pensado cuidadosamente haste ese momento la implicación de su posición, y es de esperarse que en la agonía de su sufrimiento, pronuncie palabras que no estaban de acuerdo con su creencia básica de la verdadera soberanía de Dios. Consúltense varios comentarios recientes si se quiere tener discusiones más detalladas sobre el orden del texto.
(4) 26:1-14. La octava respuesta de Job. Job considera que la respuesta de Bildad carece de todo valor y que no viene al caso. Al mismo tiempo, está consciente de la grandeza y majestad de Dios, y describe nuevamente su poder en el mundo creado. En esta forma, Job expresa lo que ahora contempla con más claridad y que cree
más firmemente—la distancia infinita entre el Creador y su creación.
(5) 27:1—31:40. La respuesta final de Job a sus amigos. Job presenta enseguida su proverbio (mashal), el cual tiene en si la naturaleza de una presentación de su posición. Insiste nuevamente que está hablando la verdad (27:1-6), y expresa su absoluto aborrecimiento del impío (27:7-23). Aun cuando algunas de estas expresiones son similares a las que Zofar pronunciara previamente (20:29), creo sin embargo, que Job coloca un contenido diferente en ellas. No es solamente que el impío sufra de acuerdo con un principio inescrutable, sino como enemigo de Dios. Revela una comprensión más profunda (cf. 27:14 con el 21:8), ya que ahora parece tener en mente el fin del impío. En seguida Job se lanza a una consideración del problema sobre cómo y dOnde se puede obtener la verdadera sabiduría (cáp. 28). Esta sabiduría no está tanto en el campo de la vida diana, sino más bien en el conocimiento de los caminos de Dios que controlan su creación. Aun cuando el hombre puede explorar ciertos aspectos del universo físico, (p. ej., 28:1-11, la profundidad de las minas), aun así, está limitado. El conocimiento final y absoluto pertenece solamente a Dios. Por lo tanto, para el hombre, el verdadero conocimiento consiste en pensar en los pensamientos revelados de Dios de acuerdo con él, esto es, “El temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal la inteligencia” (28:28). Me parece que el separar este capitulo de su contexto, es manifestar una falta de verdadera percepción exegética.
Parece que los argumentos de Job se encuentran ahora completos, y le resta solamente hacer un resumen de su vida. Esto lo hace en el capitulo 29. Enseguida establece un contraste entre su felicidad anterior, y un cuadro de la desdicha en la que lo tiene la sociedad (cáp. 30). Por último, expresa una protesta final de inocencia (cáp. 31). Se ha mantenido limpio de toda impureza (1-4), ha exhibido integridad y honestidad en todos sus asuntos (5-8); ha sido fiel a su esposa (9-12) y justo para con los que trabajan para él (13-15); ha manifestado invariablemente amabilidad y caridad (16-23), y se ha alejado de la ambición (24-28), exhibiendo más bien generosidad hacia todos (29-34), y ahora, encomienda su camino a Dios (35-40).
Algunos colocan el 31:35-37 después del 31:38-40, ya que este último parece presentar un clímax. Es posible que esta transposición esté correcta, y que los versículos 3 5-37 en realidad formen la conclusión.

IV. Job 32:1—37:42. Los discursos de Eliú

Se indica el cambio en el libro por medio de una corta introducción en prosa (32:1-5). Sin embargo, se retienen los acentos poéticos y en la introducción se declara que los tres amigos dejan de hablar con Job, porque piensan que se autojustifica. Eliú estaba enojado con Job, debido a que creía que éste se justificaba a si mismo a expensas de Dios, y a la vez estaba enojado para con los tres amigos, porque condenaban a Job, y sin embargo, no daban solución alguna al problema.
Los arameísmos y otras peculiaridades del lenguaje de esta sección, se deben probablemente a la individualidad del que había. No indican de ninguna manera que se deba cortar esta sección del resto del libro. Ni tampoco es necesario que esperemos una respuesta de Job a estos discursos. Ya era tiempo que Jehová interviniera en defensa de su siervo, y bondadosamente lo hace. El hecho que no exista una respuesta de parte de Job a Eliú, no es sino una evidencia de integridad y originalidad. Tampoco existe ninguna razón particular por la cual se deba mencionar a Eliú ya sea en el prólogo o en el epilogo. En algunos lugares sus discursos parecen manifestar una mala interpretación, pero los discursos de aquellos tres amigos, estaban basados en una filosofía equivocada, y necesitaban perdón. Además, la forma brusca de hacer a un lado estos discursos, parece indicarnos que no eran importantes o dañinos como a los de los otros tres amigos. Por último, el hecho que Eliú se dirija a Job por su nombre y que se refiera a los discursos anteriores, demuestra claramente que él había estado presente, O’Neil sugiere que pudo haber sido un secretario o escriba.
Eliú afirma que la sabiduría no pertenece solamente a los ancianos. No está satisfecho con los argumentos de los tres, y le es imposible permanecer callado. Se refiere ala inocencia de Job (33:6-9) y en seguida trata de indicar cómo Dios habla al hombre por medio de varias formas. Existe un propósito en la disciplina que se ha aplicado a Job. Por tanto, Eliú le insiste a Job que escuche y considere el hecho que Dios nunca obra injustamente. Entonces Job ha mostrado ignorancia al criticar a Dios, ya que Dios es justo y ha dispuesto el sufrimiento para el beneficio del hombre; por tanto, todos los hombres deben reverenciar a Dios.
En los discursos de Eliú, existe una cierta severidad y brusquedad, que es aun más fuerte que la de sus amigos. Parece que él no comparte la creencia en el principio vicioso sobre el piano en el cual se inició el debate. Mas bien, parece que cree en la verdadera soberanía de Dios; pero sus palabras son palabras de ignorancia. Lo que dice parece ser la verdad pero en este punto no viene al caso.

V. Job 38:1—42:6

Estas palabras maravillosas de Jehová, constituyen una respuesta a la oración de Job y al deseo de que pudiera enfrentarse a Dios, así como la verdadera respuesta al problema. Dios presenta, por medio de una constante apelación a la creación y a la incomprensible naturaleza del universo creado, la distancia absoluta entre el Creador y la criatura. El hombre, siendo una criatura y por lo tanto finita, no puede comprender la sabiduría infinita de Dios o el misterio de su gobierno. Por medio de estas palabras, Job se humilla cada vez más, hasta el punto en que se da cuenta que es inútil para el hombre pensar que puede penetrar los misterios de los tratos providenciales de Dios con sus criaturas. Ha encontrado la paz—una paz dada por Dios—aun cuando no se le han contestado todas sus preguntas. Ahora sabe que “todas las cosas obran para bien <<aun cuando no pueda entender cómo>> para aquellos que aman a Dios, aquellos que han sido llamados de acuerdo con su propósito”. Se ha abatido su orgullo y se ha humillado su espíritu, pero por medio de contemplar a Dios afirmando su integridad, Job ha alcanzado, por medio de la gracia de Dios, la verdadera victoria y la fe triunfante. Job rompe por completo con la estrecha teología que anteriormente había tenido. Ahora ye a Dios como a un soberano. Job y sus sufrimientos tienen su lugar en la disposición sabia e incomprensible de todas las cosas. Todo está bien. ¿Por qué es necesario que Job penetre este misterio? Dios está en el trono. Esto es suficiente. Por tanto Job aborrece sus palabras y se arrepiente.
La gracia de Dios se manifiesta aun más en el hecho que él ordena a los tres amigos que tomen sacrificios y que vayan a Job, quid orará por ellos. Se confirma aun más la inocencia de Job. Sin duda uno de los propósitos de este libro sorprendente es defender al inocencia e integridad de Job. Por último, Dios bendice ricamente a Job y este muere “viejo y lleno de días”.


NOTA DEL CAPITULO VEINTIUNO

1. El 13:15 debe traducirse mejor: “Me matará: En El esperaré”. Así entonces yo traduzco lo, “a el” y no lo’, “no”. La traducción de la AV, “aunque me matare: en él esperaré”, aunque no está literalmente correcta, sin embargo, parece reflejar mejor la actitud de Job.

Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

www.iglesiareformada.com
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