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Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO DIECINUEVE


LOS SALMOS


Nombre

El nombre hebreo de la colección completa de los Salmos era: “el libro de alabanzas” (sefer tehillim), o simplemente “alabanzas” (tehillim). Esto corresponde con la designación en el Nuevo Testamento como “libro de Salmos” (biblos psalmon, Lc. 20:42; Hch. 1:20). En los manuscritos griegos, el libro es conocido como Psalmoi, aunque en algunos aparece como Psalterion (una colección de cantos). La Vulgata sigue a la Septuaginta, Liber Psalmorum, y de aquí se deriva el término en español.

Escritor

La declaración del Beraitha (Baba Bathra, 14b) es como sigue: “David escribió el libro de los Salmos <<sefer tehillim>> con la ayuda de diez ancianos; con la ayuda de Adán, el primero y Melchisedec, y Abraham, y Moisés, y Hemán, y Jedutún y Asaf, y los tres hijos de Corá”. Debemos tratar de interpretar en primer lugar este pasaje, y discutir después su valor. Evidentemente debemos entender esta declaración no en el sentido de que David compuso los Salmos con la ayuda de (aunque la frase ‘al yedhe significa “sobre las manos de”) los ancianos, sino que más bien David coleccionó los Salmos que ya habían sido compuestos por los ancianos. De acuerdo con esta opinión por tanto, no se compusieron Salmos después de la época de David. Todos los Salmos fueron escritos ya sea por los diez ancianos o por el mismo David.
Al examinar la lista de los diez ancianos, notamos que aun cuando siete de ellos se mencionan en los títulos de los Salmos, a tres de ellos, Adán, Melquisedec y Abraham, no se les menciona; y los otros dos, Etán ezraita (Sal. 89) y Salomón (Sal. 72), a los que se les menciona en los títulos, no aparecen en la lista talmúdica para nada. Evidentemente, a Etán se le consideraba como Abraham, y los Salmos Salomónicos fueron compuestos para Salomón y no por él. En Sanhedrin 38b a Adán se le llama el escritor del Salmo 139, y probablemente Melquisedec fue el escritor del Salmo 110
Sin embargo, es necesario rechazar este punto de vista ya que carece de todo fundamento histórico. Está correcto en el sentido que da prominencia a David, pero fuera de eso tenemos que considerarlo como confuso.
No puede haber duda que los Salmos fueron compuestos después de la época de David, y algunos Salmos lo fueron aún en la época del exilio. Además, el titulo y contenido del Salmo 139, demuestra que no pudo haber sido la obra del primer hombre. En el Nuevo Testamento varios Salmos se atribuyen claramente a David como su autor. Así por ejemplo, Hechos 4:25 atribuye el Salmo 2 a David; Hechos 2:25-28 y 13:26 le atribuyen también a él el Salmo 16; Romanos 4:6-8, Salmo 32; Hechos 1:16-20a y Romanos 11:9 y siguientes, Salmo 69; Hechos 1:20b, Salmo 109; Mateo 22:42 y siguientes, Marcos 12:36 y siguientes, Lucas 20:42-44, y Hechos 2:34, Salmo 110; Hebreos 4:7, Salmo 95. El testimonio del Nuevo Testamento atribuye la paternidad literaria de algunos de los Salmos a David. Por tanto, David compuso algunos de los Salmos. De esto no puede haber la menor duda.
La tradición sobre la paternidad literaria davídica a la cual se le da infalible expresión en el Nuevo Testamento, aparece también en Eclesiástico 47:8. “En cada una de sus obras, dio gracias al Santo, al Altísimo con palabras de gloria; con todo su corazón entonó alabanzas, y amó a Aquel que le crió”. En ciertos pasajes del Antiguo Testamento, (1 Cr. 6:3 1; 16:7; 25:1; Esd. 3:10; Neh. 12:24, 36, 45, 46; Am. 6:5) se representa a David como arreglando el canto litúrgico del santuario.
Además, muchos de los Salmos se le atribuyen a David por medio de sus títulos. En los títulos hebreos, se le atribuyen a David como unos setenta y tres Salmos, y en la Septuaginta como ochenta y cuatro, y en la Vulgata ochenta y cinco. En los títulos hebreos aparece la frase ledhavidh, y esta frase, aun cuando no necesaria mente se refiere a la paternidad literaria, generalmente se considera como que a eso se refiere.1 El contenido de algunos de los títulos, por ejemplo, 3,7,18,30,34,51,52,54,56,57,59,60,63, 142, se refieren a algún acontecimiento en la vida de David, y en este caso, la frase ledhavidh claramente tiene el propósito de indicar la paternidad literaria de David. Si esto es así, parecería que así tiene también que ser en las otras ocasiones que aparece la frase. Por tanto los títulos no atribuyen a David la paternidad literaria de muchos de los salmos. Habremos de discutir el valor de este testimonio más tarde. También existen otras consideraciones que deben tomarse en cuenta al tratar de valorizar la tradición de que David compuso muchos de los Salmos.
(1) David fue un experto músico. Esto puede verse en el hecho de que pudo tocar ante Saúl. Además, el profeta Amós se refiere a esta habilidad de David (Am. 6:5). En el viejo Israel, David tenía la reputación de tocar bien. Aparentemente David poseía el conocimiento musical necesario para la composición de los Salmos.
(2) David también fue un verdadero poeta. Tenemos en existencia uno de los poemas, y muchos de los que no reconocen la paternidad literaria de David para muchos de los Salmos, sin embargo reconocen la integridad de este poema. Es el lamento sobre Saúl y Jonatán (2 5. 1:19-27). Estas palabras fueron pronunciadas después que se recibió noticia de la muerte del enemigo de David. Sería bueno recordar la situación. Durante su vida, Saúl había tratado de quitarle la vida a David en una forma injusta y celosa. Ahora que Saúl está muerto, David tiene la oportunidad de expresar sus pensamientos con absoluta libertad; y encontramos que David exhibe aquí la grandeza de su corazón. No pronuncia ni una sola palabra de crítica contra Saúl. David no menciona ni una palabra sobre aquellas características desafortunadas de Saúl que muy bien podrían haber despertado declaraciones vengativas de parte de una persona de menor estatura. Si nos preguntamos a qué se debe que no se mencione la religión en este poema, la respuesta la encontraremos probablemente en el hecho que mencionar la religión sería el llamar la atención a los defectos de Saúl. Es mejor pasar esto por alto. David dice lo que con toda verdad puede decir, solamente eso y nada más. No puede leer uno estas palabras sin admirar el carácter magnánimo y el gran corazón de David. Un simple caudillo y rudo caudillo guerrero no habría hablado así. No fue un alma pequeña la que compuso este lamento. Más bien, estamos cara a cara con un hombre grande en espíritu. Si David pudo componer este poema extraordinario—y sin duda que es extraordinario— ¿por qué no pudo él también componer algunos de los Salmos? Indudablemente nos da muestras de ser capaz de hacerlo.
(3) David era un hombre de profundo sentimiento y rica imaginación. El lamento sobre Saúl y Jonatán al cual apenas nos hemos referido, nos demuestra que era un verdadero poeta. Su imaginación se expresa a si mismo en figuras que sin duda son ricas. En una ocasión, David pecó profundamente, pero no pecó con impunidad. Se lamentó sobre el pecado que había cometido. Su intenso amor por sus hijos también demuestra su grandeza. Por tanto, tenemos que rechazar la idea de que David era un hombre de una naturaleza primitiva.
(4) David fue un verdadero adorador de Jehová y un hombre con auténtico sentimiento religioso. Los Salmos no pudieron haber sido escritos por alguien que no amara a Dios. A través de su vida, a pesar de la realidad del pecado, David nunca perdió su fe en el Señor.
(5) David fue un hombre de ricas y variadas experiencias. El escritor de los Salmos debe haber sido así. Al leer la vida de David, podemos pensar en él como pastorcillo, guerrero, líder, rey, administrador, músico, escritor, poeta, hombre religioso, padre, pecador. Sólo una persona con tales antecedentes podía haber tenido la experiencia indispensable para componer algunos de los Salmos.
(6) Debe observarse que la Biblia representa a David como poseído por el espíritu de Dios (1 S. 16:13).
La tradición de la paternidad literaria de David, podríamos nosotros concluir, está fundada sobre un hecho. El testimonio del Nuevo Testamento establece este punto en forma abundante. Esto no significa que David haya compuesto cada Salmo del Salterio. El mismo Salterio no lo declara así. Sin embargo, si significa que el libro de los Salmos es básicamente davídico, y que no existe fundamento suficiente para negar que aquellos Salmos que se dicen provienen de David, sean de hecho su propia composición.

El testimonio de los títulos

De acuerdo con los títulos que aparecen antes de los Salmos en la Biblia hebrea, se atribuyen a David setenta y tres Salmos. Doce (esto es, 50, 73-83) se le atribuyen a Asaf (cf. 1 Cr. 15:17; 16:5). A los hijos de Coré (esto es, sus descendientes) (Nm. 16; 26:11; 1 Cr. 9:19) se les menciona como los autores de diez Salmos (42, 44-49, 84, 87, 88). Dos Salmos se le atribuyen a Salomón (72, 127). Un Salmo se le atribuye a Hemán el ezraíta (88), Etán el ezraita (89) y Moisés (90).
En su mayor parte, la crítica moderna rechaza los títulos por no ser de ningún valor práctico. Se cree más bien que los títulos se agregaron mucho tiempo después, y que los títulos que se refieren a algún acontecimiento en la vida de David, fueron tomados simplemente de los libros de Samuel. Además, la filosofía básica del desarrollo de la religión de Israel que mantiene gran parte de la discusión moderna sobre el Salterio, necesariamente impide que se le atribuya mucho valor al testimonio de los títulos. Así por ejemplo, Pfeiffer piensa que “la verdadera pregunta con respecto al Salterio no es si contiene o no salmos macabeos del segundo siglo, sino más bien si alguno de los salmos son preexilicos” (IOT, pág. 629). El piensa que el Salterio representa por lo general, la situación religiosa del judaísmo postexílico. Por tanto, por lo que toca a los títulos, los nombres que en ellos se mencionan, con la excepción de Hemán y Etán no son de ninguna importancia.
Con esta negación del valor del testimonio de los títulos, este autor no puede estar de acuerdo. Por ejemplo, seguramente no es correcto el derivar el Abimelec del Salmo 34:1 del Aquis de 1 Samuel 21:11 y siguientes. También, como Moeller lo ha indicado ya, el Salmo 60:1, contiene detalles que no se encuentran en Samuel, y es difícil determinar cuál es la referencia histórica del Salmo 7:1. Es cierto que en los 11 títulos restantes, existe una similitud entre el título y la narración en Samuel. Los títulos ayudan para la comprensión del Salmo, y no existe razón objetiva para negar su valor como testimonio. Si los Salmos hubieran sido compuestos en una fecha muy posterior, sería difícil entender con qué propósito se hubieran añadido los títulos. Esto es especialmente así debido a que a menudo en el mismo Salmo existe muy poco que lo llevara a uno a pensar sobre la situación que se expresa en el título. Por ejemplo, ¿por qué pensaría uno que David cantó el Salmo 7 con respecto a Cus hijo de Benjamín, a juzgar solamente por el contenido del salmo solamente? ¿Por qué estaría uno justificado en juzgar que el Salmo 18 se cantó en la dedicación de la casa de David? ¿Acaso estas consideraciones no nos indican el hecho que los títulos fueron añadidos en época temprana por aquellos que conocieron las circunstancias reales debido a los cuales se originó el salmo? Si los títulos solamente fueron fabricados por la sola imaginación de editores “píos” y “devotos” de una era postexilica, ¿a qué se debe que estos editores no hayan formulado títulos para todos los salmos? El hecho que existan Salmos huérfanos (esto es, sin títulos), es en sí mismo una evidencia del valor y la antigüedad de los títulos. Además, cuando consideramos la manera en que se reproduce el Salmo 18 en 1 Samuel 22, es muy posible que los libros de Samuel dependan de los Salmos y sus títulos. Por tanto, a menos que el testimonio del título sea en realidad contrario al contenido del Salmo, al título se le puede considerar digno de confianza.

La negación de la paternidad literaria davídica

Si se niega la paternidad literaria davídica de los Salmos, ¿qué teorías alternativas se ofrecen? Estas teorías alternativas tienen algo en común, que consideran al Salterio como algo que resultó de las necesidades de la comunidad religiosa hebrea. De acuerdo con Eissfeldt, los israelitas obtuvieron sus cánticos de alabanza de los cananeos, que a la vez dependieron para ellos de Egipto, Babilonia y Asia Menor. Así entonces, los principios de la poesía de adoración de Israel tienen su origen en el principio de establecimiento de Israel en Canaán. Sin embargo, esto no significa, cree Eissfeldt, que los ejemplos individuales sean tan antiguos. Algunos Salmos son seguramente preexílicos y otros, especialmente los Salmos reales, son de origen temprano preexílico, pero la mayoría son de origen postexílico. La nación postexílica consideraba a David como el fundador de los arreglos para los cultos, y compositor de los cantos del templo, y por esta razón los títulos que son sospechosos y no ofrecen ninguna garantía de credibilidad, se le atribuyeron también a él. Eissfeldt admite que a los sumo, uno o dos Salmos pueden provenir de David, pero los títulos no son los que determinan esto, y un examen más minucioso manifiesta que los Salmos presuponen
una situación ática y religiosa mucho más desarrollada de lo que se puede admitir para la época de David.
Bernardo Duhm colocaba a la mayoría de los Salmos en la era postexílica y aun en los tiempos macabeos. La opinión de que existen Salmos macabeos es muy antigua. Teodoro de Mopsuestia consideraba que habían diecisiete salmos macabeos, y Calvino admite que existen algunos de esa época. Cornill afirma que el título del Salmo 30 debe ser posterior a 165 a.C. ya que cree que se refiere al festival de Hanukah. Pero aun si el título es posterior, no debemos deducir que el Salmo en sí mismo sea macabeo. Surgen a la mente dos posibilidades. O este salmo se cantaba en el festival de Hanukah, como lo declara Sopherim 18:2, y debido a esto se le agregaron al titulo de este Salmo Davídico las palabras “cantado en la dedicación de la Casa”2, o de otra manera, David compuso este salmo para la dedicación de su propia casa, y debido a la fraseología del título se utilizó también para la rededicación del templo por Judas Macabeo.
Cornill también señala los Salmos 44, 74, 79 y 83, como macabeos, ya que piensa que los sufrimientos que estos mencionan, tienen el carácter de persecución religiosa soportada por inocentes mártires. Existen también otros pasajes que Cornill cree que se les podía considerar como macabeos, pero cuando menos estos cuatro son seguros. Cornill también cree que el considerar a la mayoría de los Salmos como macabeos, es “sumamente extravagante”.
Afortunadamente, cada vez se rechaza más y más la opinión de que muchos Salmos son macabeos. Esta es una teoría extravagante que junto con muchas otras teorías extravagantes obtuvo prominencia en relación con el punto de vista liberal del Antiguo Testamento. Por una parte, 1 Macabeos 7:17, al citar el Salmo 79 como Escritura, manifiesta claramente que el Salterio ya existía. Además, la evidencia interna a la cual se apela para la fecha macabea no viene al caso.
Al punto de vista de Eissfeldt que anteriormente se menciona, se le puede considerar como un justo representante de aquellas opiniones que niegan mucha credibilidad a los títulos. Al negar la paternidad literaria davídica del Salterio, se utilizan principalmente los siguientes argumentos (basados en Sellin):
(1) Los Salmos en los cuales se habla al rey directamente o hablan de él en tercera persona, no pueden ser de David, por ejemplo,
el 20, 21, 61, 63, 72, 110.
(2) Algunos salmos implican que el templo ya existía, por ejemplo, 5, 27, 28, 63, 68, 69, 101, 138.
(3) Algunos salmos, tales como el 139, exhiben arameísmos.
(4) La oposición religiosa de David, estaba combinada con algún conflicto político o privado. Por tanto, los Salmos que implican una oposición puramente religiosa hacia los impíos que están en el poder, no pueden ser de David, por ejemplo, 9, 12, 14, 27 35, 38, 101, etc.
Como contestación a estas objeciones, es necesario tomar en consideración lo siguiente.
(1) De los Salmos que se mencionan en el (1) anteriormente, el Salmo 72 se le atribuye a Salomón y por tanto no viene al caso en la discusión. Sin embargo, el hecho que David hable de si mismo en la tercera persona como rey, (por ejemplo, Sal. 21:7), por ningún motivo excluye la paternidad literaria davídica. Al hablar de su capacidad oficial, David usa la tercera persona, un método que es mucho más efectivo que si se utiliza el pronombre de la primera persona. Tampoco el uso de la segunda persona necesariamente excluye la paternidad literaria davídica. Indudablemente no se encontró ninguna objeción al uso personal en esa manera en tiempos antiguos, ya que Hechos 2:34 claramente atribuye el Salmo 110 a David.
(2) Es cierto, por supuesto, que si un Salmo contenía una referencia al templo, sería difícil creer que David lo hubiera escrito, ya que el templo se construyó después de la muerte de David. Por tanto la pregunta es si es cierto que los Salmos cuyos títulos los atribuyen a David, contienen referencias al templo. Es necesario que se observe, que al Tabernáculo se le llama el lugar santo (codhes, por ejemplo en Éxodo 28:43; 29:30) y la casa de Jehová (Jos. 6:24); y al Tabernáculo en Silo se le llama la casa de Dios (Jue. 18:31), la casa de Jehová (1 5. 1:7), y el templo (hechal, “palacio”, 1 5. 1:9; 3:3). Al usar estas designaciones en los Salmos, por tanto, es casi seguro que David se estaba refiriendo al Tabernáculo (cf. también 2 5. 12; 20). Con respecto a esto, podemos observar que el lugar de la adoración al cual en el Salmo 27:4 se le llama “la casa de Jehová (beth yehowah) y “templo” (hechal) en el y. 5 recibe la designación de “pabellón” (sukkah) y “tienda”, descripciones que nunca se aplicaron al templo de Salomón.
(3) La presencia de arameísmos en una composición, no es en sí una indicación de la fecha. David había conquistado a tribus que hablaban el arameo. La presencia de un elemento arameo en los textos recientemente descubiertos del Ras esh-Shamra pueden mostrar que los arameísmos eran evidencia de una fecha tanto temprana como tardía.
(4) La sugestión de que los salmos que implican una oposición puramente religiosa al partido en el poder no pudieron haber sido escritos por David, está basada en una mala interpretación de la situación. La pregunta surge, ¿quiénes son los enemigos que se mencionan en los Salmos? En época reciente, Sigmund Mowinckel ha declarado que estos enemigos eran magos, obradores de magia que habían traído la enfermedad y la calamidad a la nación. Pero los mismos Salmos atribuyen esta calamidad a Jehová o al pecado del individuo mismo. Por tanto, básicamente, se debe considerar a los enemigos y a las calamidades como reales y verdaderas. Queda en claro que David tenía tan reales enemigos por pasajes tales como 1 Samuel 18:27 y 2 Samuel 15:18, 20, 22, y es cierto que se presentaban en esta enemistad factores políticos y privados. Pero también esto es cierto de la enemistad que se describe en los Salmos. Hans Moeller indica cuán difícil es explicar esta enemistad si es que en realidad David no es el escritor de estos Salmos. En primer lugar, la queja “Yo” (por ejemplo, “Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo”, Sal. 27:7a), los eruditos consideraron que esto se refería a la congregación de la época macabea, debido a que durante ese tiempo toda la congregación sufrió la opresión, y solamente durante este tiempo parece que existieron Salmos políticos y religiosos. Sin embargo, más y más, y por supuesto con justa razón, se olvidó la oposición de una naturaleza suficientemente buena como para justificar las quejas de los antecedentes macabeos, y los enemigos y las quejas de los Salmos se tomaron en un sentido típico o simbólico. Una de las contribuciones de Mowinckel fue el rechazo de esta opinión, y la identificación de los enemigos como operadores de magia; pero como se ha indicado anteriormente, este punto de vista también está lleno de dificultades. Por otra parte, cuando se asume la paternidad literaria davídica, los salmos en cuestión adquieren buen sentido.
A la luz de las consideraciones anteriores, por tanto, nos vemos obligados a rechazar la opinión de que el contenido de los Salmos está a menudo en conflicto con sus títulos, y creemos que los títulos son indicaciones dignas de confianza por lo que toca a la paternidad literaria de los Salmos.3

La paternidad literaria de los Salmos no-davídicas

No existe ninguna razón válida para negar la credibilidad de los títulos que indican que los escritores de los Salmos fueron otras personas aparte de David. Sin embargo, ¿qué podríamos decir acerca de los llamados Salmos “huérfanos” los cuales no poseen título? Mowinckle ha designado a los Salmos 47 (atribuido a los hijos de Coré) y 93-99 (todos sin titulo excepto Salmo 98), como Salmos que se usaban en el culto durante un festival anual de la ascención al trono. Pero no se menciona en el Antiguo Testamento ningún festival de tal naturaleza. Indudablemente que se utilizaron Salmos cuando el arca entró en el santuario por primera vez. Tales ocasiones serían la introducción del arca en la ciudad por David (2 5. 6 y 1 Cr. 13:15 y siguientes), o la dedicación del templo por Salomón (1 R. 8; 2 Cr. 5-7). Por medio de los libros de Crónicas, aprendemos que se cantaban los Salmos en estas ocasiones (véase 1 Cr. 16:22-33 y 2Cr. 6:41, 42), y es interesante notar que entre estos se encuentran los Salmos 96 y 132, este último considerado también por Mowinckel como un Salmo del culto. Por tanto, es muy probable que Mowinckel haya tenido razón al suponer el propósito de estos salmos, y si es así, a éstos se les consideraba como provenientes de la época de David o de Salomón.
Con respecto a los Salmos anónimos que aparecen en el siclo davídico, tales como el 10, 33, 66, 67, 71, es muy probable que también esos sean de paternidad literaria davídica. Así por ejemplo, por Hechos 4:22 y siguientes, aprendemos que el Salmo 2 es de David. Por medio de la evidencia interna aprendemos que el Salmo 137 pertenece a la época del exilio, y probablemente también el Salmo 126. Sin embargo, es muy difícil, si no imposible, saber la fecha de un Salmo si este no tiene título, y no existe ninguna evidencia interna clara como la que encontramos en el Salmo 137.

División y número

En el texto hebreo, así como en la mayoría de las versiones antiguas, se divide al Salterio en cinco libros, cada uno de los cuales termina en una doxología; formando el último salmo una apropiada doxología final a todo el salterio, en esta forma:

I. Salmos 1-41
II. Salmos 42-72
III. Salmos 73-89
IV. Salmos 90-106
V. Salmos 107-150

En el libro 1 el nombre divino Jahweh (Jehová) ocurre 273 veces, y Elohim (Dios) solamente 15 veces. En el libro II Elohim aparece 164 veces y Jahweh sólo 30. En el libro III Jahweh aparece 44 veces y Elohim 43. En el libro IV se usa solamente Jahweh (103 veces) y en el libro y Jahweh se usa 236 veces y Elohim 7. Obsérvese que el Salmo 53 es esencialmente una repetición del Salmo 14, pero utiliza Elohim en lugar de Jahweh.
La división del Salterio en 150 Salmos, no aparece en los manuscritos hebreos más antiguos, algunos de los cuales contienen más, otros menos que este número. De acuerdo con Berachoth 9b, los Salmos 1 y 2 se contaban como uno. Y Jerusalén Talmud (Shabbath 16) habla del número de Salmos como 147, correspondiendo al número de años que Jacob vivió.4
La Septuaginta une a los Salmos 9 y 10 y también a los 114 y 115 en un Salmo cada uno, pero por otra parte divide a los Salmos 116 y 147 en dos salmos cada uno. Además, agrega un Salmo extra el cual, de acuerdo con el título, se dice que “no tiene número” (ex othe tou arithmou). Así entonces, la Septuaginta tiene 151 Salmos. Este Salmo extra sin embargo, es apócrifo.
Los Salmos no están arreglados en orden cronológico, pero los relacionados los unos con los otros, sí aparecen juntos. Así por ejemplo, 3-4, 9-lo, y 42-43 están relacionados; también grupos más grandes como 95-100 y 146-150 pertenecen juntos, y también, por razón de su acróstico alfabético el 111 y el 112. También, los grupos están algunas veces arreglados de acuerdo con su autor, como el 42, 44-49 (hijos de Coré) y 73-83 (Asaph). Los Salmos que llevan inscripciones descriptivas similares están colocados juntos, como es el caso con el 50-60 (Michtan) y 120-134 (Cánticos graduales).
Al final del Salmo 72 aparece la declaración, “Acábanse las oraciones de David, hijo de Isai”. Estas palabras aparecen al final de un Salmo salomónico, y podemos observar que aun más allá de este lugar aparecen Salmos davídicos. Evidentemente esta declaración trata de hacernos entender no que ya no hay más Salmos davídicos en el Salterio, pero que más bien hemos llegado al final de una sección que era predominantemente davídica. Así entonces, separa esta obra de David de los Salmos de Asaf (73-83).
Una declaración similar aparece también en Job 31:40, “Acábanse las palabras de Job”. Pero las palabras de Job aparecen más tarde. La declaración indica que se ha alcanzado cierto punto en el libro, y distingue lo que precede (las discusiones de Job con sus tres amigos) de lo que sigue (la sección en la cual aparece Elihu).

La colección del salterio

Es difícil el determinar como tomó forma el presente Salterio, pero podemos decir que existieron colecciones antiguas de Salmos. Además, parece haber poca duda que la presente división quintuple sea anterior a la época de la Septuaginta.
Es muy probable que David mismo haya iniciado una colección y arreglo formal de los Salmos. El instituyó el uso litúrgico de algunos Salmos cuanto menos (p. ej., 1 Cr. 16:4 y siguientes) y también instituyó el servicio de canto en el santuario (1 Cr. 6:31; cf. también 2 Cr. 7:6; 23:18; 29:30; Esd. 3:10 y siguientes; Neh. 12:24, 27 y siguientes). Pero es imposible determinar hasta dónde coleccionó y arregló David sus Salmos. No tenemos evidencia tampoco de que David haya usado todos sus Salmos en el santuario.
Es posible que Ezequías haya sido quien arregló los tres primeros libros del Salterio. Por lo menos en su época ya habían colecciones de los Salmos de David y de Asaf (2Cr. 29:30). Es imposible decir cómo o cuando se coleccionó el Libro IV, pero probablemente Esdras fue el editor de toda la colección.

Los títulos de los Salmos

Existen treinta y cuatro Salmos en el texto hebreo que no tienen título, pero en la Septuaginta solamente dos no lo tienen (contándose la palabra Aleluya como título). La Vulgata imita a la Septuaginta en este sentido. También es claro que los traductores de la Septuaginta no siempre comprendieron el lenguaje de los títulos, un hecho que en sí es un argumento en favor de su antigüedad. Los títulos del texto hebreo, cuando se estudian con la ayuda de la crítica textual legítima,5 deben ser considerados como dignos de confianza y de gran valor al determinar el Salmo que se está discutiendo. Muchos eruditos cristianos los han considerado como inspirados, pero ya sea que sean inspirados o no, constituyen una fuente antigua pero valiosa de información acerca del Salterio.
En la forma en que aparecen los títulos en la Septuaginta, no pueden ser originales. Existen algunos manuscritos que no los tienen, y algunos títulos (por ejemplo, aquellos del 51, 52, 54, 57, 63, 142) que evidentemente son en parte de un origen posterior. También podríamos decir que en los varios manuscritos de la Septuaginta existe una considerable divergencia.
En el texto siriaco existe una divergencia tanto del hebreo como del griego, lo cual expresa el punto de vista que tenía de los Salmos la escuela de exégesis de Antioquía. Por tanto, evidentemente las superscripciones no fueron consideradas como inspiradas por aquellos que produjeron la Septuaginta y las traducciones siriacas del Salterio.
Ya hemos considerado los títulos que indican paternidad literaria. También debe observarse que los títulos pueden indicar lo siguiente:
(1) Tipo o característica poética. A cincuenta y siete salmos se les designa como mozmor, que es un titulo común para salmos individuales. La raíz de la palabra significa “estirar” y se refiere así al hecho de estirar las cuerdas de un instrumento musical. Por tanto, es muy posible que debemos entender por esta designación un salmo que se cantaba acompañado por un instrumento de cuerdas.
Shir, un canto aparece treinta veces, doce de las cuales tiene alguna relación con mizmor. Mientras que mizmor se puede aplicar sólo a los salmos que se usan en la adoración religiosa, a shir se le usa tanto en los cantos sagrados como en los seculares.
Masquil aparece en los títulos de trece salmos. La palabra tiene varias acepciones; un salmo de meditación, un salmo didáctico, un salmo de habilidad (¿poética? ¿musical?).
Michtam aparece en seis títulos, pero su significado de ninguna manera es claro. Ya que kethem significa oro, se ha creído generalmente que michtam significa un salmo dorado. Mowinckel apela al vocabio asirio ka-ta-mu (“cubrir”) y sugiere que el michtam seria un canto de cubrir o expiar por el pecado.
Sigaión se encuentra solamente una vez, en el Salmo 7, y no es claro su significado.
Tephillah aparece en cinco títulos. La palabra significa “oración’’.
Tephillah (“alabanza”) aparece solamente una vez (Sal. 145), aun cuando a todo el Salterio se le llama “el Libro de las Alabanzas” (Tephillim). La misma palabra se usa en el contexto de varios salmos.
(2) Direcciones musicales o colocación. La palabra lamnatseach aparece en los títulos de cincuenta y cinco salmos, y también en Hab. 3:19. La Vulgata la traduce in finem, pero otras versiones la traducen como “al músico principal”, o “para el músico principal”. En 1 Crónicas 15:21, se utiliza la forma verbal con respecto al servicio musical en el santuario, y por tanto a menudo se supone que tiene alguna referencia al director o líder de la música. Pero las traducciones antiguas no lo comprendieron así. Algunos traductores enmendarían un poquito el texto de tal manera que leyera “rendición musical”, pero también surgen algunas dificultades con esta opinión. Mowinckel ha sugerido que el término indica que el salmo debe usarse para propiciar a Dios. Tal idea es interesante, pero dudosa. Parece que lo mejor es admitir que no conocemos en realidad el significado de ese término.
Selah no aparece en los títulos, sino más bien al final de una sección (p. ej., Sal. 46:7). Aparece setenta y una veces en treinta y nueve distintos salmos. El significado es desconocido. Algunos piensan que significa “levantando” las voces; otros, que la música debía aumentar su volumen. Pero si es un término musical, ¿por qué se utiliza en tan pocos Salmos? La Septuaginta lo traduce diapsalmon, lo cual demuestra que los traductores no conocían su significado.
Neginoth, se encuentra en seis títulos, siempre se halla combinado con lamnatseach. El término significa “instrumentos de cuerdas”, y es en realidad sorprendente su uso frecuente. Cuatro de los títulos en los cuales aparece llevan también el término mizmor.
’Al hashsheminith, en los Salmos 6 y 12, generalmente se le considera como que significa “en la octava”. FAP, sin embargo, ha demostrado en forma más bien convincente que ese no es su significado. En realidad se deconoce su significado.
’Al’alamoth, aparece en el Salmo 46, probablemente también se encontraba en el título del Salmo 49, pero ahora aparece como la última palabra del Salmo 48. En 1 Crónicas 15:20 se le utiliza con relación a los instrumentos de cuerdas, pero se desconoce su verdadero significado.
Gittith aparece en tres títulos. Puede relacionarse con la palabra gath (“lagar”). Si así es, se le podría llamar una tonada o melodía de vendimia. Sin embargo, esto es dudoso.
Nehiloth que se encuentra en el Salmo 5, una versión lo traduce como “con instrumentos de viento”. FAB sugiere que se puede referir a una flauta de carrizo (1 S. 10:5; 1 R. 1:40; Is. 30:29). Machalath, “enfermedad, dolor”, probablemente indica que el salmo debe cantarse con una melodía dolorosa. En el título del Salmo 88 aparece como machalath leannoth.
(3) Melodías. Al-tashcheht (“no destruyáis”) se encuentra en cuatro títulos. FAB sugiere que la referencia es al “canto de la vendimia” que se cita en Isaías 65:8 (“no lo desperdiciéis”), y que estos salmos debían cantarse con la tonada de este canto el cual era muy conocido, de tal manera que se le podía reconocer únicamente por sus primeras palabras. Sin embargo, por ningún motivo está en claro que las palabras de Isaías 65:8 sean las de un cántico. Es más seguro que no lo sean. Tenemos que admitir que no comprendemos la fuerza precisa de esta frase.
Ayyeleht hashachar, en el título del Salmo 22 significa “lo postrero de la mañana”.
Shoshanim, en los títulos de los Salmos 45 y 69, significa “anémona” (una flor así llamada).
Shushan’Eduth (“una anémona es «mi» testimonio”) aparece en los títulos de los salmos 60 y 80. (Compárese también el Salmo 45, “un canto de amores”).
Jonath elem rechokim en el Salmo 56, probablemente significa “la paloma de los terebintos lejanos” (elyem). Joaquín Begrich enmienda este título de tal manera que se lee “de acuerdo con grecia (javanith) de las islas lejanas” y apela a Isaías 56:19. Pero esto es sólo una conjetura.
Al muth labben aparece en el título del Salmo 9.
(4) Cánticos graduales (Ma’aloth). Se ha sugerido que estos (Salmos 120-134) se cantaban conforme a los peregrinos viajaban a Jerusalén a celebrar las tres festividades anuales. Puede ser que este haya sido el caso (cf. Sal. 122:103), pero no se sabe con certeza.
Propósito
De acuerdo con Cornill, el Salterio en su forma presente constituye “el libro de himnos, oraciones e instrucción religiosa de la comunidad del segundo templo” (Introducción, ET pág. 399). Esta opinión está basada en la suposición de que el Salterio representa el sentimiento devoto del antiguo Israel como protesta al creciente judaísmo de Esdras y los fariseos. Pero esta opinión carece de fundamento.
Además, estamos equivocados cuando consideramos que todo el Salterio estaba designado para su uso en el templo. No se puede negar que a algunos Salmos se les daba ese uso, pero es interesante notar que muchos de ellos carecen de direcciones litúrgicas. El Salterio más bien, es primordialmente un manual, un guía y modelo para las necesidades devocionales del creyente individual. Es un libro de oración y alabanza, sobre el que cada creyente debía meditar, para que pudiera aprender a alabar a Dios y orar a El. Como Calvino ha declarado, es “Una Anatomía de todas las partes del Alma”, porque no existe una emoción «affecturn» de la cual alguien pudiera estar consciente «reperiet» que no se represente aquí como en un espejo. O más bien, el Espíritu Santo ha bosquejado aquí la vida «repraesentavit» con todos sus dolores, tristezas, dudas, temores, esperanzas, cuidados, perplejidades, en una palabra, todas las emociones que distraen «turbulentos inotus» con las cuales las mentes de los hombres acostumbraban estar agitadas”.
Los salmos en los cuales se utiliza el pronombre de la primera persona, están designados a expresar primordialmente la experiencia de un individuo. Este hecho se está reconociendo cada día más y más (por ejemplo, por Mowinckel, Baila, y otros). Por supuesto esto no impide el uso de estos salmos en la adoración divina, pero tal uso es secundario. Aun cuando los cristianos hoy en día deben cantar los salmos en la adoración en la iglesia, cometen grave error al descuidar el Salterio en sus meditaciones personales.

NOTAS DEL CAPITULO DIECINUEVE

1. Es posible que en algunos casos el titulo signifique solamente “perteneciente a David”, e indique en esta forma que el Salmo posee un carácter davídico, o que es como un Salmo de David. Me es imposible encontrar evidencia alguna en favor del punto de vista que, en relación a esto, se podría utilizar la palabra David para indicar una colección de Salmos.
2. Si este fuera el caso, el titulo original seria “un Salmo de David”. Al defender la integridad esencial de los títulos, no deseo sugerir que tal como los encontramos están por encima de cualquier crítica o investigación. Pero una crítica cuidadosa y reverente, cuanto menos así me parece a mí, se verá imposibilitada para descartarlos por completo como testigos inútiles de la paternidad literaria. Para respaldar la opinión que aquí se expresa acerca del titulo del Salmo 30, no existe nada en el contenido del Salmo que lo haga más apropiado para el festival de Hanukah que para la
dedicación de la casa de David. Más bien, el carácter individual del Salmo lo hace más apropiado para esta última ocasión.
3. No es necesario de ninguna manera asumir que los versículos 18 y 19 los haya
añadido un editor postéxilico al Salmo 51. Más bien, estas palabras se deben tomar en un sentido figurado, esto es, haciendo bien a Sión, Dios edificará los muros de Jerusalén.
4. “Los 147 Salmos que están escritos en el Salterio (tehillim) corresponden a los años de nuestro padre Jacob. Cada una de las alabanzas que Israel dirigió a Jehová corresponden a los años de Jacob.” Compárese también Sopherim 16:11 y en otras partes.
5. Así entonces, es obvio que no son originales los dos títulos del Salmo 88.