En la tercera división del canon del Antiguo Testamento, existen tres libros a los cuales los judíos consideraban como poéticos: Salmos, Proverbios, y Job. Fueron designados por medio de una palabra mnemotécnica, “Libros de 'Emeth <<verdad>>”, la palabra 'emeth está compuesta de la primera letra de los nombres de cada uno de los libros poéticos, así por ejemplo: 'iov, meshallim, tehillim (Job, Proverbios, Salmos). Los judíos proveyeron a estos libros con un sistema especial de acentos.
No debemos pensar que la poesía en la Biblia esté limitada únicamente a los tres libros poéticos principales. Sin duda también a través de toda la Biblia existen cortos trozos de poesía. Para mencionar solo algunos, podemos referirnos a Gn. 4:23-24; 49:1-27; Ex. 15:1-18; Jue. 5; 2 S. 1:17-27.
La poesía de los tres grandes libros poéticos es en su mayor parte didáctica y lírica, aun cuando también existen algunos ejemplos de poesía épica y dramática. Pero ya que estos libros constituyen la Palabra de Dios, tienen el propósito primordial de enseñar a los hombres pecadores. Por esta razón son preponderantemente didácticos aun cuando, como sucede en los Salmos, el elemento didáctico se presenta en una forma lírica hermosísima.

Las características de la poesía hebrea

(1) Paralelismo. La poesía hebrea se distingue por ciertas peculiaridades y características. La principal de ellas no es el ritmo, sino más bien el paralelismo
(parallelismus membrorum). Este fenómeno ya había sido observado, pero lo sometió por primera vez a un cuidadoso escrutinio e investigación el Obispo Roberto Lowth en el año de 1753 (De sacra poesi Hebraeorum). De acuerdo con Lowth, los versículos de la poesía estaban compuestos de dos o más componentes, cuyo pensamiento exhibía una relación “paralela” el uno para con el otro. La unidad de la poesía es la línea, y dos de tales líneas por lo general constituyen un verso (distich), aun cuando también hay tristichs (tres líneas), tetrastichs (4 líneas) y aun pentastichs (5 líneas). Podemos observar un ejemplo de paralelismo en el Salmo 83:1.

Oh Dios, no tengas silencio:
No calles, o Dios, ni te estés quieto.

Será fácil observar aquí, que la segunda línea expresa un pensamiento paralelo en su significado a la primera línea.
Lowth pudo identificar tres formas básicas de paralelismo, y aun hoy en día, estas tres formas son reconocidas como las formas estandard, aunque también se han reconocido algunos otros tipos. Estos tres tipos son:

(a) Sinónimos, en los cuales se repite el mismo pensamiento con casi las mismas palabras, por ejemplo el Salmo 49:1 —

Oíd esto, pueblos todos
Escuchad, habitadores todos del mundo:

(b) Antitéticos en los cuales se expresa un pensamiento por medio del contraste con lo opuesto (esta forma es especialmente frecuente en Proverbios), por ejemplo, Proverbios 15:1 —

La blanda respuesta quita la ira:
Mas la palabra áspera hace subir el furor.

(c) Sintéticos en los cuales el segundo componente completa o llena el pensamiento del primero, por ejemplo, Proverbios 4:23 —

Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.

También se han observado otras formas de paralelismo, la mayoría de las cuales no son más que variaciones de los tres tipos básicos. Sin embargo, se debe llamar la atención al paralelismo quiástico en el cual ocurren los arreglos ab, ba, por ejemplo, el Salmo 51:1 —
a. Ten piedad de mí, oh Dios,
b. Conforme a tu misericordia:
b. Conforme a la multitud de tus piedades
a. Borra mis rebeliones.

Los miembros primero y cuarto corresponden, y asimismo, el segundo y el tercero. En esta forma se le da al pasaje una fuerza de expresión muy especial. Al paralelismo que se encuentra en el Salmo 29:1, por ejemplo, se le puede llamar climáctico, en realidad esto no es más que tina forma del paralelismo sintético.
En 1915, Jorge Buchanan Gray (Forms of Hebrew Poetry) hizo la indicación que en algunos casos, por ejemplo Isaías 3:1, los dos componentes de la unes estaban en un paralelismo exacto, pero a la vez se había insertado un término adicional en el segundo componente o stichos.
Oesterley y Robinson, quienes en su Introduction, págs. 139-142, han escrito una discusión muy valiosa del paralelismo, indican que hay ocasiones también en que solamente una parte del primer stichos o componente se repite en el segundo.
(2) Acristicismo, asonancia, aliteración. La poesía hebrea en algunas ocasiones exhibe ciertas características secundarias. Una de estas es el acrosticismo, cuyo ejemplo mas notable es el Salmo 119. En este salmo, los versículos 1-8 principian cada uno un ’aleph, los versículos 9-16 uno con beth, y el resto todo así a través de las veintidós letras del alfabeto. Podemos encontrar otros ejemplos en Salmos 9, 34, 37; Proverbios 31:10 y siguientes y Lamentaciones 1-4. La poesía también en algunas ocasiones exhibe cierta cantidad de asonancia (palabras que suenan iguales) como en Génesis 49:17; Éxodo 14:14: Deuteronomio 3:2; y también de aliteración, como por ejemplo en el Salmo 6:8, 27:7.
(3) Metro. Se podrá concluir, por lo que se ha escrito anteriormente acerca del paralelismo, que el balance en el pensamiento es de extrema importancia. Sin duda, debemos considerar toda peculiaridad o característica de la poesía hebrea como secundaria, cuando hablamos de esta expresión paralela de pensamiento. Este fenómeno presta una intensidad de fuerza y belleza muy peculiar a la poesía del Antiguo Testamento y sirve admirablemente como un vehículo para la comunicación de la verdad. En otras palabras, es una verdadera ayuda para la poesía didáctica, ya que sirve para hacer énfasis en la mente, el contenido de la poesía. Aun cuando en otros idiomas también aparece el paralelismo—egipcio, acadio, ras shamra, siriaco—en ninguno de ellos aparece en forma tan clara su gracia y fuerza peculiar como cuando se usa para expresar las palabras divinamente inspiradas del Antiguo Testamento.
Por tanto, cuando nos ponemos a considerar el asunto de que si existe el metro en el Antiguo Testamento, necesitamos recordar la estructura básica de la poesía. Josefo en sus Antigüedades, 11:16:4, declaró que Moisés había compuesto el cántico de triunfo (Ex. 15:1-18) en hexámetros, y en la misma obra (IV:8:44) habla del cántico en Deuteronomio 32:1-43 como poesía escrita en hexámetros. El propósito de Josefo fue el de procurar que sus lectores no semíticos pudieran comprender la naturaleza de la poesía hebrea y por tanto aplica a esta poesía un concepto no oriental, esto es, el del metro clásico.
Sin embargo, un testimonio como este de Josefo, en realidad no resuelve el problema. Para poder contestar la pregunta de que si existe o no en la poesía hebrea el metro, necesitamos nosotros mismos examinar esa poesía. No hay tradición alguna sobre el metro hebreo; el Talmud guarda silencio en este asunto. Y no parece existir ninguna evidencia de la presencia del metro regular en los textos recientemente descubiertos del Ras Shamra. Basándose en una reciente investigación de los textos del Ras Shamra, el Dr. O. Douglas Young escribe: “Es una ilusión que pueda existir el metro regular en tal poesía” (O. Douglas Young: “Ugaritic Prosody” in Journal of Near Eastern Studies, Vol. IX, 1950, pág. 124-133). Por otra parte, aquellos que alegan en favor de la presencia del metro, nos indican el hecho que aparentemente algunos de los salmos se cantaban acompañados por instrumentos musicales, así como también indican la presencia de metro en el acadio y egipcio (siendo desconocida aún la pronunciación de las vocales en este último idioma).
Gustavo Bickell (1882), un profundo estudiante del idioma siriaco, reconoció que los conceptos clásicos de la poesía no se debían aplicar a un lenguaje oriental’. Por tanto, el apeló al siriaco en donde los versos consisten de pies (medidas) de dos sílabas, una corta y una larga, sucediéndose uno a la otra en alternación. En terminología clásica se llamaría a estos trochees o iambos. Bickell trató de aplicar este principio al hebreo, pero no tuvo éxito en su esfuerzo. Gustavo Hoelscher adoptó este sistema pero insistió que siempre se debía acentuar la última (jámbica). Esto tuvo como resultado la aparición frecuente del siguiente sistema: x—x/x—x (esto es, el dímetro acataléctico). Hoelscher consideraba a un par de estos dímetros como la forma característica de la poesía hebrea. Hoelscher también llamó la atención a la combinación de un dímetro acataléctico con un dímetro bracucaléctivo (esto es, un dímetro en el cual el segundo miembro estaba incompleto), lo cual resultaba en este sistema:

x_x—/x—x—
x—x—/x—

Además del sistema “siriaco” de Bickell, existe aun otro, el cual es mucho más aceptable. De acuerdo con Julio Ley, (1875), se debe determinar el carácter del verso a través del número de sílabas acentuadas (tono), no siendo de importancia el número de sílabas sin. acento que haya. Por tanto, el pie es la unidad métrica más pequeña, la cual exhibe por lo general un ritmo climáctico (anapaest) ))—, aunque al final del verso a menudo hay una sílaba extra- grande. Ley hizo énfasis sobre la frecuente presencia de un “pentámentro elegiaco”, en donde la cesura aparece después del tercer acento, en esta forma:

xx—/xx—/ xx—//xx—/xx—esto es 3 + 2.

Karl Budde estudió la estructura muy intensamente, y llegó a conocérsele como la medida Qinah (lamentación), aunque también se le encuentra en otros tipos de poesía.
Eduardo Sievers llevó a cabo una exploración mas intensa de los resultados de la obra de Ley en su famoso Metrical Studies (1901). Sievers, por medio de esta investigación meticulosa, aparentemente pudo establecer los resultados de Ley como certeros y finales. Pero él también avanzó algo. Ley había pensado que no tenía importancia el número de sílabas sin acento. Sievers pensó que cada pie o medida tenía que consistir siempre de cuatro golpes. Así entonces, la medida xx— es en realidad equivalente a xx xx, esto es, un golpe acentuado es igual a dos golpes sin acento. Sin embargo, si entre dos golpes acentuados no existiera ningún golpe sin acento o solamente uno, Siever pensó que el número indispensable de golpes sin acento no presentes, debía contarse con el de los acentuados, de tal manera que cada medida siempre consistiría de cuatro golpes. Sin embargo esto no siempre resulta así ya en la práctica.
Sievers afirmaba que había filas de 2, 3 y 4 pies (medidas poéticas) y que las líneas podían consistir de 2+2; 3+3; 4+4; 4+3 o 3+ 4; 3+2 o 2+ 3; y 2+ 2+ 2.
Pero ahora surge la pregunta, ¿aparecen en realidad estos metros en la poesía del Antiguo Testamento? Como contestación podríamos decir que no parece posible descubrir ningún sistema métrico consistente. Es cierto que ciertas formas aparecen, especialmente la del 3 + 2, pero parece que más bien su aparición es accidental. El poeta parece caer en dicha forma, pero pronto la abandona. Y la designación Qinah no es enteramente exacta. Aparecen varios tipos, este hecho debe servir como advertencia. El texto hebreo nunca debe enmendarse, con el propósito solamente de encajarlo dentro de cierto sistema métrico. En otras palabras, las consideraciones métricas no son suficientes para que sirvan como criterio para la crítica textual. Los comentarios de Bernardo Duhm y otros, están contaminados con la incapacidad para observar este principio. Como conclusión, por tanto, podemos decir que no conocemos lo suficiente acerca de la poesía hebrea, como para descubrir en ella sistemas métricos definitivos, que si es cierto que el metro aparece aquí y allá, tales apariciones son un tanto accidentales o secundarias, y que de ninguna manera las consideraciones métricas pueden justificar la enmienda del texto. El verdadero estado del asunto es que los escritores poéticos del Antiguo Testamento bajo el peso de una fuerte emoción, se expresaron en forma rítmica, y así fue que en algunas ocasiones produjeron esos fenómenos que más tarde pudieron clasificarse como formas del metro.
(4) Estructura Estrófica. En épocas recientes ha surgido una gran cantidad de discusión sobre el asunto de que si existen estrofas en la poesía hebrea. En el sentido estricto de la palabra, una estrofa necesita contener el mismo número y clase de dos o más versos que aparecen dos o más veces. Estrofas construidas de esa manera métrica, son sumamente raras, si en realidad aparecen del todo. Por otra parte, si vamos a considerar a una estrofa solamente como un arreglo de líneas, caracterizada por marcas externas, entonces sin duda podremos encontrar muchas estrofas. Por ejemplo, a un refrán que se repite con frecuencia, se le considera como que da fin a una estrofa. Así sucede con la palabra Selah, por ejemplo en el Salmo 87. Por último, se ha llegado a pensar que el acróstico indica una estructura estrófica en la poesía hebrea, pero los principios sobre los cuales está constituida tal estructura, no parecen tener uniformidad

NOTA DEL CAPITULO DIECIOCHO

1. Al escribir esta sección me he dejado guiar en gran parte, por la excelente discusión de Eissfeldt (Einleitung, págs. 65-69).

www.iglesiareformada.com
Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO DIECIOCHO


LOS LIBROS POÉTICOS