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Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO DIECISEIS


EZEQUIEL

Nombre

El nombre del profeta en Hebreo es yehezqe’l, lo que probablemente quiere decir “Dios fortalece”. En la Septuaginta aparece como lezequiei. Y en la Vulgata como Ezechicl, de donde se deriva el nombre en español. No se hace ninguna mención de este profeta en las Escrituras, fuera de su propio libro.

Escritor

En el Baba Bathra 15a leemos, “Los hombres de la Gran Sinagoga escribieron Ezequiel y los Doce”. Otra declaración muy antigua acerca de la paternidad literaria del libro la encontramos en Josefo (Antiguedades X:5:1). “Pero no solamente predijo (Jeremías) al pueblo (la destrucción de Jerusalén y el exilio), sino también el profeta Ezequiel fue quien escribió primero dos libros sobre estas cosas y los lego (a la posteridad)” (duo biblia grapsas katelipen). Este pasaje es algo vago y ha ocasionado discusiones. Probablemente lo que Josefo trataba de explicar, era que los “dos libros” eran Ezequiel 1-32 y Ezequiel 33-48. También Jerónimo expresó ciertas dudas sobre la homogeneidad y exactitud de la profecía.
Hasta muy recientes años existía muy poca duda seria sobre la posibilidad de que Ezequiel hubiera sido el escritor del libro y que hubiera sido responsable del arreglo de las profecías. Así entonces, aun Cornill escribió: “Todas estas consideraciones nos obligan a la opinión que Ezequiel escribió y compuso el libro como una sola obra en el vigésimo quinto año, pero para este propósito se valió de material escrito anteriormente—y en algunos casos muy anteriormente—el cual él ha dejado prácticamente sin alteración alguna”
(intro., ET, 1907, pág. 318). Y Driver escribió, “No surge ninguna pregunta critica con respecto a la paternidad literaria del libro, ya que este ostenta de principio a fin el sello inequívoco de una sola mente” (LOTs, pág. 279).
Indudablemente, las razones para defender la paternidad literaria de todo el libro de Ezequiel son más bien muy poderosas. El libro es autobiográfico—Se utiliza la primera persona del singular a través de toda la obra. Este libro nos deja la impresión de que es la obra de una sola personalidad. Además, se da la fecha y el lugar de muchas profecías. La similaridad del pensamiento y el arreglo que encontramos a través de toda la obra, nos llevan a pensar que todo el libro es el trabajo de una sola mente. Por tanto, con toda confianza podemos sostener el punto de vista que Ezequiel fue el escritor. Y es sumamente interesante el notar que uno de los últimos comentarios eruditos, el de Cooke, mantiene que Ezequiel es el escritor básico del libro.

Historia de la crítica literaria de Ezequiel

El pasaje de Baba Bathra que anteriormente se menciona, en realidad no niega la paternidad literaria de Ezequiel de este libro. Es posible ser que sólo trate de enseñar que los hombres de la Gran Sinagoga editaron y copiaron el libro. La escuela de Shammai creía que la enseñanza del libro no estaba en armonía con la ley mosaica y que los primeros diez capítulos exhibían cierta tendencia al gnosticismo. Por tanto lo consideraban apócrifo. Sin embargo, el Rabi Harjanyah ben Hezekiah, defendió el libro y por tanto se le retuvo como canónico.1
El primer ataque serio en contra de la unidad y la integridad del libro se llevó a cabo en el año de 1756 por G. L. Oeder, en una obra póstuma que apareció en 1771. Oeder pensaba que el verdadero libro de Ezequiel finalizaba con el capitulo 39 y que los capítulos 40-48 eran una adición posterior. Su obra encaja bien con el espíritu de duda que prevaleció en su época. Y hasta existía preparación para la crítica de Ezequiel. Casi cien años antes Spinoza había negado la paternidad literaria de Ezequiel, TTP, pág. 207.
La obra de Oeder (Freie Untersuchung über einige Büeher des Alten Testaments, 1771) formuló una tesis que de vez en cuando se ha presentado. En 1798 (estoy en deuda con Pfeiffer por esta información) un escritor anónimo en el Monthly Magazine and British Register, se negó a atribuirle los capítulos 1-24 al escritor de los capítulos 25-32, pensando que tal escritor había sido Daniel.
Durante el siglo diecinueve, se atacó la autenticidad pero no la unidad del libro. En su Diegottesdienstliche Vortage der Juden, 1832, Leopoldo Zunz trató de comprobar que Ezequiel era un producto de la primera parte del período persa. Más tarde sin embargo, (1873, en ZDMG, Vol. XXVII, págs. 676-681), lo asignó a una fecha entre 440-400 a.C. En 1857 Abraham Geiger (Urschrft und Uebersetzungen del Bibel pág. 23) siguió a Zunz. Por último, L. Seinecke atributo el libro al periodo macabeo (Geschiehte des Volkes, Israel, 1884).
R. Kraetzchmar (1900), bajo la influencia de la tradición talmúdica de que Ezequiel estaba colocado entre Isaías y Jeremías y que había sido escrito por los hombres de la Gran Sinagoga, sostenía que el libro había sido formado por un redactor utilizando dos revisiones críticas del texto.
Jahn (1905) se opuso a la hipótesis de Kraetzchmar, y trató de reconstruir el texto de la Septuaginta. Pensaba que los escribas hablan insertado notas en el margen, que más tarde llegaron a incorporarse en el texto. Jahn exhibe demasiada preferencia por la Septuaginta.
J. Herrmann (1908, 1924) consideraba el libro como una colección de pequeñas profecías las cuales había editado y redactado en su mayor parte Ezequiel mismo.
Gustavo Hoelscher (1924) presentó la queja que Ezequiel se había escapado por mucho tiempo del cuchillo de la crítica (Fast an alíen prophetischen Büeher des Kanons man (üngst das Messer der Kritik gelegt, nur Hesekiel blieb unberührt, Hesekiel, pág. 1). Este autor creía que Herrmann habla presentado el primer análisis metódico del libro, pero no le gustaba el hecho que Herrmann hubiera atribuido una parte tan grande del libro al mismo Ezequiel. Hoelscher era de la opinión que dentro del libro existían dos mundos enteramente distintos, el mundo de Ezequiel y el de editores posteriores. Ezequiel era sólo el escritor de ciertas partes; el resto, especialmente los lugares donde existe una relación literaria con Levítico y Jeremías, se debía a un editor posterior quien vivió más o menos en la época de Nehemías. Este editor arregló el material del Ezequiel original y en esa forma impregnó el libro con su propia actitud. La primera edición del libro se hizo entre los años 500 y 450 a.C. En total, Hoelscher le atribuye a Ezequiel, de los 1237 versículos del libro, solamente como 143.
C. C. Torrey (1930) consideraba que la profecía original había sido escrita en Jerusalén por el año de 230 a.C. y que estaba dirigida en contra de las idolatrías permitidas durante el reinado de Manasés. Así entonces, era seudoepígrafa, compuesta en realidad muchos siglos después. En una ocasión posterior, no muchos años después de la aparición de la profecía original, un editor le dio a la obra el aspecto de “una profecía del Golah babilónico”. A este editor se le puede considerar como un representante del movimiento literario que tenía como propósito la “vindicación de la tradición religiosa de Jerusalén” (Pseudo Ezekiel, pág. 102).
Santiago Smith (1931) también afirmaba que aparentemente las profecías pertenecían a la época de Manasés, habiendo éstas estado dirigidas a los palestinos. Además, no se habían pronunciado en Babilonia, sino en Palestina a través de un verdadero profeta, un israelita del norte que vivió en los días de Manasés.
Volkmar Herntrich (1932) cree que los discursos del libro fueron pronunciados ante los habitantes de Palestina. El bosquejo babilónico es simplemente la obra de algún editor perteneciente al período exilico. Se pueden ver claramente a través de todo el libro señales de la obra del editor. Así pues, la forma presente del libro se originó en Babilonia, en donde el editor trató de probar la unidad y la superioridad de Jehová sobre los dioses babilónicos. Los autores Oesterley y Robinson parecen inclinarse favorablemente hacia este punto de vista de Herntrich, y lo mismo en su mayor parte lo hace J. Battersby Harford (1935), así como Alfredo Bertholet en su comentario (1936).
Guillermo A. Irwin (1943) trata de descubrir las profecías originales del libro por medio de un proceso de disección. Comienza con un estudio del capítulo 15 y le deja muy poco a Ezequiel. Rechaza los capítulos 40-48, y del resto, se aceptan como genuinos solamente unos 251 versículos totalmente o en partes. Afirma que Ezequiel fue a Babilonia en la segunda deportación y la mayor parte de’ las profecías fueron compuestos en Jerusalén.
Nils Messel (1945) halló el punto débil de la tesis de Herntrich al sugerir que los exiliados deben haber conocido el curso de la vida de Ezequiel y que hubieran podido prever el resultado de la situación si hubiera sido lo que Herntrich había propuesto. De acuerdo con Messel, el “Golah” no son los exiliados en Babilonia sino más bien aquellos que ya habían regresado a Palestina. Por tanto Ezequiel pertenece a Palestina, a una época posterior a la de Nehemías, probablemente alrededor del año 400 a.C. y los redactores del libro deben haber vivido por el año 350 a.C. En cierto sentido, Ezequiel continuó la obra de Nehemías, surgiendo sus enemigos de los mismos círculos judíos de donde surgieron los enemigos de Nehemías. El redactor trató de continuar la lucha de Ezequiel en contra de la idolatría y utilizó sus escritos con ese propósito ampliándolos y corrigiéndolos.
El repaso anterior demostrará cuan variados son los puntos de vista de la crítica negativa reciente acerca del libro de Ezequiel. Pero los supuestos problemas del libro se pueden resolver mejor basándose en el punto de vista tradicional, esto es, el punto de vista que afirma que fue el mismo Ezequiel quien compuso todo el libro.
En 1953, H. 1-1. Rowley defendió la unidad esencial del libro (The Book of Ezekiel in Modern Study), e indicó de una manera convincente que las “teorías que transfieren ya sea al profeta o a su creador literario a un época post-exílica, no son convincentes” (pág. 182). Esta obra de Rowley es una introducción excelente al estudio de la crítica moderna de Ezequiel.

Propósito

Ezequiel era un sacerdote de Jerusalén, hijo de Buzi, un hombre de quien se sabe muy poco. Con la deportación de Joacim fue él también llevado al exilio en Babilonia (1:1), viviendo allá en Tel Aviv (3:15), en el río Chebar (1:3; 3:16 y siguientes). Ezequiel estaba casado y tenía su propio hogar (24:16-18). Su llamamiento al oficio de profeta le vino en el cuarto mes del quinto año del cautiverio (1:1-2), y la última fecha que se da es el primer mes del año vientisiete (29:17). Por tanto, su ministerio debe haber durado por lo menos unos veintidos años. Su esposa murió el día que comenzó el sitio de Jerusalén (24:1, 15-18), y no se sabe si él vivió para ver la liberación de Joacim por Evilmerodach. Es evidente, por los pasajes 14:14, 20 y 28:3, que conoció a Daniel su contemporáneo en Babilonia.
La tarea de Ezequiel fue la de inculcar en los exiliados la idea de que debido a su propia pecaminosidad había sobrevenido la calamidad. “El alma que peque morirá”. Así entonces, la profecía inculca la gran doctrina de la responsabilidad personal. Aun la teocracia en su forma externa tiene que llegar a su fin, si acaso la nación continúa en el pecado. Sin embargo, Dios no se deleita en la muerte del pecador; sino ofrece sincera y gratuitamente liberación para todos. “Volveos, volveos, ¿por qué habréis de morir?” Un día, Israel será recogido en su propia tierra y tendrá un rey. Existirá la verdadera adoración a Jehová, y entonces la ciudad será llamada Jehovah shammah (Jehová está allí). En esta forma, el libro revela la fidelidad de Dios a sus propósitos eternos. La nación pecaminosa tendrá que ser destruida, pero Jehová no abandonará a los suyos.

Análisis

I. Ezequiel 1:1-24:27. Profecías proclamadas antes de la calda de Jerusalén.
(1) 1:1-3:21. Introducción. El profeta narra cómo en el quinto año del cautiverio de Joaquín (esto es, como el 592 a.C.) recibió una visión y contempló la majestad de Jehová.
En el 1:1 menciona el año treinta. Alguien ha dicho que este es el año treinta después de la reforma de Josías. Otros han afirmado que es el año treinta después que el padre de Nabucodonosor, Nabopolasar ascendió al trono. Sin embargo, parece que el 1:2 refuta estas opiniones, ya que habla del quinto año del cautiverio de Joaquín. Por tanto, es muy probable que la frase “a los treinta años” se refiera al año treinta de la vida del profeta. Si esto es correcto, entonces Ezequiel probablemente nació poco después de la ascención de Nabopolasar al trono. También es muy probable que haya sido unos cinco años mayor que Daniel.
El remolino se aproxima del norte, significando que es del norte de donde habrá de venir el juicio sobre la nación. Después de la manifestación divina viene el llamamiento de Dios, y Ezequiel (3:14, 15) va a Tel Aviv, donde espera durante siete días. Luego viene el llamado para iniciar su ministerio, y el carácter de su posición se le propone. Es un “atalaya de la casa de Israel”.
(2) 3:22-27. Una segunda visión de la gloria de Jehová.
(3) 4:1-7:27. Por medio de acciones simbólicas se presenta la destrucción de Jerusalén. Ezequiel debe representar simbólicamente el sitio de Jerusalén (4:1-3); acostándose sobre un costado, debe anunciar el castigo de los pecados de la nación (4:4-8); por medio de la comida que toma, debe representar las consecuencias del sitio. En el 5:1-4 él muestra simbólicamente lo que habrá de sucederles a los habitantes de la ciudad, y en el 5:5-17 el profeta claramente explica la culpa del pueblo. Los capítulos 6 y 7 son dos profecías adicionales, que tratan acerca del juicio sobre la tierra idólatra y finalmente sobre todo el reino.
(4) 8:1-8. En el sexto año, el sexto mes, y el quinto día (como el mes de agosto o septiembre del año591 a.C.) el profeta es transportado en espíritu a Jerusalén y contempla la visión de su destrucción.
(5) 9:1-11:25. El castigo de Jerusalén. Los ministros de Jehová pasan a través de la ciudad para destruir a todos los que quedan. El se prepara para retirarse finalmente del santuario. Los gobernantes impíos de la nación serán destruidos.
(6) 12:1-14:23. El Señor abandona la ciudad debido a su incredulidad y a que sigue a los falsos profetas.
(7) 15:1-17:24. La seguridad y necesidad del castigo.
(8) 18:1-32. El amor de Dios hacia los pecadores.
(9) 19:1-4. Una lamentación sobre los príncipes de Israel.
(10) 20:1—24:27. Las últimas declaraciones de advertencia antes de la caída de la ciudad.

II. Ezequiel 25:1-32:32. Profecías de juicio declaradas en contra de naciones extranjeras. Amon, 25:1-7; Moab, 25:8-11; Edom, 25:12-14; Filistea, 25:15-17; Tiro, 26:1-28:19; Sidón, 28:20-26; Egipto, 29:1-32:32.

III. Ezequiel 33:1-48:35. Profecías concernientes a la restauración que fueron expresadas después que Nabucodonosor hubo tomado Jerusalén.

(1) 33:1-22. El nuevo pacto y el amor de Dios para el pecador. Instrucción formal para la misión profética.
(2) 34:1-31. Vendrá el tiempo cuando el pueblo reconocerá a Jehová y habrá entre ellos un verdadero profeta.
(3) 35:1-15. El asolamiento de Edom.
(4) 36:1-38. La restauración del pueblo de Israel.
(5) 37:1-28. La visión de los huesos, símbolo de la resurrección
de Israel.
(6) 38:1-39:29. La profecía de Gog y Magog.
Los capítulos que contienen esta profecía siguen inmediatamente a la visión de los huesos, y a la declaración gloriosa de que los hijos de Israel regresarán a su tierra en donde David era su rey, y ellos serán en verdad el pueblo de Dios, y el será su Dios (cap. 37). Este estado de cosas perdurará para siempre.
En nuestra opinión, estos capítulos (37, 38 y 39) forman una unidad. Así entonces, la lectura del capítulo 37 levanta en nuestra mente ciertas preguntas: ¿No existirán enemigos que busquen la caída y destrucción del pueblo de Dios para separarlos en esa forma de su Dios? Es en los capítulos 38 y 39 donde tenemos que buscar para encontrar la respuesta. En ellos se pone en claro que tales enemigos existirán y que serán fuertes y poderosos, pero Jehová conoce a los suyos. Con ellos ha establecido un pacto eterno que no puede ser destruido y por lo que toca a sus enemigos, él mismo los destruirá por completo. Por tanto, la profecía es sobre todo, un mensaje de aliento al pueblo de Dios.
Ezequiel nos dice cuándo ha de aparecer el enemigo. Será después ‘‘de muchos días’’ (38:8), ‘‘en los últimos años” (38:8), y ‘‘en los postreros días” (38:16). La primera referencia de estas frases es a la época actual novotestamentaria, la cual fue inaugurada por medio de la aparición del Señor Jesucristo sobre la tierra. (Léanse cuidadosamente en relación con esto, los siguientes pasajes del Nuevo Testamento, y obsérvese el uso que se hace de frases tales como “al fin de estos días”, “en los postreros días”, etc.; Hch. 2:17; He. 1:1-2; 1 P. 1:20; 1 Jn. 2:18; Jud. 18).
Por tanto, cuando estos postreros días hayan venido sobre Israel y éste esté nuevamente establecido en su tierra (38:8); cuando, para decirlo en otras palabras, el Mesías prometido haya aparecido, el tabernáculo de Dios haya traído nuestra paz sobre la cruz, entonces aparecerán los feroces enemigos que tratarán de destruir a aquellos por quienes él murió. Si, aun las mismas puertas del infierno tratarán de prevalecer contra su iglesia. Pero Dios es Dios y destruirá a los enemigos de su pueblo. Solamente a través de él prevalecerán los redimidos.
¿Pero cómo va Ezequiel a presentar estas verdades? Es casi seguro que no lo hará por medio del lenguaje del Nuevo Testamento ya que él fue un profeta del Antiguo Testamento. Por tanto, habló como un profeta del Antiguo Testamento, y utilizó las formas de pensamiento de su época como vehículos para declarar sus verdades. En una forma muy característica, utilizó figuras literarias para tal propósito. ¿Qué mejor podía él interpretar la verdad de que enemigos atacarían al pueblo de Dios aun después de que la redención prometida hubiese venido, que utilizando los nombres de naciones contemporáneas suyas, con las cuales estaba familiarizado, como símbolos para representar una gran alianza de los ejércitos del mal? Nos parece que eso es precisamente lo que hace. Usa la figura de una gran confederación de naciones de su época, la cual trata de destruir al pueblo de Dios “sobre los montes de Israel”. Esta confederación encabezada por Gog, representa a las fuerzas aliadas de aquellos que se oponen a Jehová y a sus redimidos. Esos enemigos son derrotados vergonzosamente en esta tarea. En realidad, su derrota es tan completa y absoluta, que Ezequiel simbólicamente representa este hecho diciendo que durante siete años Israel quemará sus armas y enterrará a sus muertos. En esta forma es como el pueblo de Dios puede estar verdaderamente convencido de que Dios puede defenderlo de todo mal.
Sin embargo, ¿cuáles son las naciones que Ezequiel dice que tomarán parte en la confederación en contra de Israel? La contestación a esta pregunta es difícil. Es imposible identificar con certeza a todas estas naciones, y aun entre los estudiantes mas devotos de la Biblia existe serio desacuerdo sobre su apropiada identificación. Parece ser que Ezequiel coloca a la cabeza de la conspiración a Gagaia, nombre que pudo haber utilizado para designar a Carquemis. Parece que del nombre de esta tierra él compuso los nombres de Gog y Magog. A continuación selecciona a las naciones que estaban cerca de Gagaia, esto es, Moschi y Tibareni (Meshech y Tubal). Luego, del mundo conocido por sus lectores, menciona naciones que estaban tanto cercanas como remotas, Persia, Etiopía, Phut (probablemente los africanos del este), Gomer, (tal vez los cimmerianos) y Togarmah (probablemente el antiguo distrito que correspondía a Armenia). Estas naciones sirven únicamente como símbolos por medio de los cuales Ezequiel trata de describir el poder y la fortaleza de los enemigos del pueblo redimido de Dios.
Por tanto la profecía no se refiere primordialmente a ningún acontecimiento histórico en particular, ni se tuvo esa intención siquiera. De aquí que al tratar de encontrar su cumplimiento en acontecimientos que se están llevando a cabo en el mundo hoy en día, es cometer un grave error. El tratarla como si fuera solamente historia escrita por adelantado, es demostrar una ignorancia de su verdadera naturaleza. Por otra parte, ¡cuán rica y consoladora es esta profecía cuando se le entiende adecuadamente! Claramente nos revela a los cristianos cuán poderosos son los principados y potestades que tratan de destruirnos. Este hecho, sin embargo, no debe causarnos desilusión, ya que la grandeza de nuestros enemigos sirve sólo para revelarnos nuevamente cuán infinitamente poderoso es nuestro Dios. “Su roca no es nuestra Roca”.2
Esta consoladora profecía de Gog y Magog prepara el camino para la gloriosa visión que se revela en los últimos nueve capítulos de la profecía.
(7) 40:1-48:35. La visión de la iglesia de Dios sobre la tierra simbolizada por la descripción del templo.
Con respecto a la interpretación de estos capítulos, podemos decir que una parte del ministerio del profeta consistió en consolar a los exiliados y recordarles la salvación que se aproximaba. El exilio en realidad era un castigo por sus pecados, pero el exilio tarde o temprano terminarla. Dios no había olvidado sus promesas. Llegaría el día cuando Israel regresara a su tierra y adorara a Jehová en espíritu y en verdad. ¿Cómo iba Ezequiel a presentar estas verdades al pueblo? El, que era tanto un sacerdote como un profeta, presentaría estas verdades usando los símbolos escogidos del servicio sacerdotal. Presenta por tanto con minuciosidad exagerada los detalles del templo y su adoración.
Es obvio que el profeta no tuvo nunca la intención de que estas descripciones se tomaran literalmente. También está claro que usa lenguaje figurado o simbólico. Cualquier esfuerzo para seguir su instrucción literal del capitulo 48, resultaría en la colocación del templo fuera de la ciudad de Jerusalén. Toda la descripción (capítulos 40-48) llega a un extraordinario clímax en las últimas palabras de la profecía. “Jehová está aquí”, y esa es la médula de toda la descripción. El profeta describe una época en que existirá una verdadera adoración a Jehová. ¿En un templo terrenal? No, ya que el profeta ni siquiera menciona a un sacerdote terrenal. Sino en espíritu y en verdad. En otras palabras, la complicada representación es un cuadro de la época Mesiánica. Jehová mora en medio de su pueblo. Tal es la característica principal de este cuadro.
Puede que a nosotros nos parezca este un modo extraño de presentar la verdad. Nosotros tendríamos la tendencia de utilizar una prosa narrativa directa. Pero es necesario que recordemos que los profetas del Antiguo Testamento a menudo usaban declaraciones vagas y lenguaje figurado. Hablaban usando las formas sombrías del antiguo pacto. pero hablaron de Cristo, y Ezequiel también estaba hablando de Cristo bajo este simbolismo extraño. De aquí que el no estaba en conflicto con el Pentateuco, ni estaba describiendo un templo literal, el cual existiría durante el milenio. En su forma muy peculiar, estaba predicando a Jesucristo.


NOTAS DEL CAPITULO DIECISEIS

1. La forma en la cual Ananias restauró el libro es sumamente interesante. “¿Qué hizo? Le trajeron trescientos frascos de aceite y lo explico”. Véase Shabbath 14b, Hagiga 13a, Menahoth 45a.
2. La explicación anterior acerca del capitulo 38:1 al 39:29 la he tornado de un articulo del autor “Gog y Magog: ¿Predice la Biblia la Alianza ruso-germánica?”, que apareció en The Presbyterian Guardian, 25 de Febrero de 1940.