CAPÍTULO QUINCE

JEREMIAS

Nombre

La profecía lleva el nombre del mismo profeta, yirmeyahu o yirmeyah. En la Septuaginta el nombre aparece como Hieremias, y en el Latín, Jeremías.

Escritor

I. Paternidad literaria del libro

No existe razón satisfactoria para dudar que el mismo Jeremías haya sido el escritor de todo el libro. En el capitulo 36:1-2, se nos dice que en el cuarto año de Joacim, Jehová ordenó al profeta tomar un rollo del libro y escribir en él las profecías que le habían sido reveladas desde los días de Josías hasta el presente. Como respuesta a esa orden, Jeremías apercibió a su escriba, Baruc, quien tomó el dictado (mippi hiremeyahu) de todas las profecías (v. 4). En seguida, Baruc fue al Templo, y leyó allí todo lo que se le había dictado (v. 8). Un año más tarde (esto es, el quinto año de Joacim), en el noveno mes, se proclamó un ayuno y Baruc leyó nuevamente las profecías en público. Este acto fue comunicado a los príncipes, quienes mandaron a Baruc traer el rollo ante ellos. Los príncipes permitieron entonces que Baruc y Jeremías escaparan, pero trajeron el rollo a Joacim, quien al escuchar su lectura, lo cortó en pedazos con un cuchillo y lo echó en el fuego (36:9-23).
En seguida Jehová ordenó a Jeremías que tomara otro rollo y escribiera en él todo lo que en el anterior se encontraba. Jeremías le dictó a Baruc el contenido del rollo anterior, “y aun fueron añadidas sobre ellas, muchas palabras semejantes” (v. 32). En esta forma vino a existir el primer testimonio escrito de las profecías de Jeremías desde Josías hasta Joacim. Sin embargo, es obvio que este rollo dictado no coincide con nuestro libro actual de Jeremías, ya que el libro que nosotros poseemos contiene muchas profecías pronunciadas en una época subsecuente al quinto año de Joacim. Es muy probable que en una fecha posterior, Jeremías le haya dictado aun más a Baruc. Baruc, así como Jeremías fue llevado a Egipto (43:6) y es muy probable que en Egipto, Baruc haya juntado y editado todas las profecías de Jeremías. Es muy probable que aun el arreglo de las profecías se deba a la sugerencia de Jeremías aunque efectuado en realidad por Baruc. Así, por tanto, la adición del capítulo 52 al final del libro, aun cuando no haya sido una obra original del profeta, puede ser que se haya efectuado debido a su sugerencia. Por lo que toca a Baruc, toda evidencia parece indicar que era simplemente un escriba o un amanuense, y que cualquier cosa que haya hecho en el sentido de edición, fue, sin duda, bajo la dirección de Jeremías.
Los puntos de vista alternados más importantes sobre la paternidad literaria, son los de Pfeiffer, Oesterley y Robinson. De acuerdo con Pfeiffer, existen tres grupos de escritos, las palabras que el profeta mismo dictó o escribió, una biografía de Jeremías probablemente escrita por Baruc, y varias adiciones por autores o editores posteriores. Se dice que aun la misma obra de Jeremías, y en cierto sentido la biografía de Baruc, fueron sujetas a revisión editorial.
Después de la muerte de Jeremías, y cuanto menos sin conocimiento del profeta, se dice que Baruc preparó una edición en la cual combinó el libro de Jeremías con el suyo, revisando muchos de los discursos del profeta con su propio “estilo deuteronómico”. Aun este libro de Baruc se sometió posteriormente a la revisión. Se efectuaron grandes interpolaciones de prosa así como muchas adiciones poéticas.
Como contestación a este punto de vista, se pueden hacer dos observaciones: Toda evidencia demuestra que Baruc era un hombre demasiado justo y serio como para haber trastornado los discursos de Jeremías en la forma en que se sugirió anteriormente; y no existe evidencia alguna que respalde el argumento de que se hayan hecho
adiciones e interpolaciones posteriores al libro. La idea de que los libros bíblicos sean solamente racimos de fragmentos originados en varias fuentes, no posee ningún fundamento.
De acuerdo con el punto de vista de Oesterley y Robinson, el recopilador del libro (probablemente en el cuarto siglo a.C.), tuvo ante él su material de tres tipos: pequeñas colecciones de material profético en forma poética; material descriptivo que provenía de la mano del biógrafo de Jeremías; y material profético arreglado en forma de prosa retórica en la primera persona. Tomaba cada grupo de declaraciones proféticas, y las añadía a un grupo escogido de una de las dos secciones en prosa. Prefería pasajes del tercer tipo (esto es, prosa biográfica) hasta el capitulo 19, cuando ya prácticamente había agotado la otra. De acuerdo con OR es posible distinguir no menos de catorce selecciones de poesía positiva. El llamado estilo deuteronómico de algunos de estos pasajes es sencillamente la forma de la prosa retórica hebrea en la última parte del siglo séptimo y principios del siglo sexto.
Al caracterizar las piezas de poesía profética, OR llama la atención a la brevedad de la mayoría de las piezas independientes en medio de las colecciones poéticas, y el número de estos fragmentos que aparecen en otros libros de la Biblia. Por lo que toca a la fecha del material poético profético, se nos dice que aun cuando una buena parte de él tiene su origen en Jeremías otra buena parte es muy posterior y proviene de la última parte del siglo quinto ola primera parte del siglo cuarto a.C.
El material biográfico proviene en su mayor parte de un contemporáneo, y es probable que haya sido la obra de Baruc. Los pasajes de prosa autobiográfica contienen varios pasajes que son la obra del mismo Jeremías, aun cuando hay varios, tales como el 3:14-17, que no son anteriores al final del exilio. Es probable que estos pasajes se hayan encontrado en el rollo que Jeremías dictó a Baruc en el año 605 a.C.
Las dos teorías anteriores, sobre la composición del libro dejan muy en claro el hecho que algunos eruditos no atribuyen todas las profecías del libro a Jeremías. Sin embargo, en su mayor parte, existe una considerable diferencia de opinión acerca de lo que es de él y lo que no es. Por ejemplo, Duhm, cuyo comentario es uno de los más radicales, cree que unas dos terceras partes de todo el libro es la obra de editores suplementarios posteriores cuya labor continúo aún hasta el primer siglo a.C.
Generalmente se le niegan a Jeremías los capítulos 10:1-16, y el 17:19-27. Cornill por ejemplo, cree que el 9:26 se continúa en el 10:17 y que los versículos intermedios están fuera de lugar. Además cree, que muestran cierta dependencia en algunos pasajes sobre la última parte de Isaías, y por tanto los consideraría de interpolaciones en conexión con un libro cuyo contenido está arreglado en la misma forma que Jeremías. Por lo que a nosotros toca, no podemos ver que haya ninguna evidencia clara de interpolación, y la dependencia de estos versículos en Isaías tiene gran significado en lo tocante a la temprana paternidad literaria de la última parte.
Cornill todavía duda de los capítulos 30 y 31 y le niega el 33 a Jeremías. También descubre que se han arreglado algo las profecías en contra de las naciones paganas. Casi todo el mundo con excepción de los conservadores, le niega a Jeremías la paternidad de los capítulos 50 y 51.

II. La vida del escritor

Se conoce más acerca de la vida de Jeremías que la de cualquier otro de los profetas del Antiguo Testamento. Fue hijo de Hilcias, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot (el moderno Anata, como una hora y media de distancia caminando al noroeste de Jerusalén). Siendo aún un joven como de unos veinte años, recibió el llamamiento para ser profeta (1:6). Este llamamiento vino a él durante el año décimo tercero de Josías (1:2, 25:3) esto es, 627 a.C. El ministerio de Jeremías continuó hasta la terminación de la destrucción final de Jerusalén por Nabucodonosor 586 a.C., y en total duró cerca de cincuenta años.
Al recibir su llamamiento al ministerio profético, Jeremías se enteró de que la destrucción de Jerusalén era segura y que se llevaría a cabo por medio de un enemigo que vendría del norte (1:11-16). Cinco años después de su llamamiento, en el año dieciocho de Josías, se descubrió en el Templo el libro de la Ley (2 Reyes 22 y 23), y como resultado Josías instituyó una reforma religiosa con el propósito de acabar con la idolatría. No está aún en claro si Jeremías hace alusión especifica o se refiere en alguna forma a este recién hallado libro de la Ley, pero es muy posible que si hable algo acerca de ésto (11:1-8).
Probablemente Jeremías vivía al principio en Anatot, y sólo ocasionalmente se presentaba en Jerusalén. De cualquier manera, debido a su predicación se atrajo mucha hostilidad y oposición tanto en Jerusalén como en Anatot. Al principio, esta oposición se inició en su ciudad nativa (11:18-23), y entonces el profeta se cambió a Jerusalén. Parece ser que aun su familia le trató despreciativamente (12:6). Sin embargo, este periodo del ministerio de Jeremías fue probablemente el más feliz, y cuando Josías murió, Jeremías lo lamentó profundamente (2 Cr. 35:25a).
A Josías siguió Joacaz (llamado también Sallum), quien reinó solo durante tres meses. Jeremías profetizó en contra de él en términos muy categóricos y vigorosos, anunciando claramente su perdición (22:11-17).
Después de Joacaz ocupó el trono Joacim. Durante el cuarto año de su reinado (el tercero de acuerdo con Daniel 1:1, el cual utiliza un método distinto para contar los años), se efectuó la famosa batalla de Carquemis en la cual Nabucodonosor resultó victorioso y luego sitió a Jerusalén, llevándose tanto a cautivos (entre los cuales estaba Daniel) como los vasos del templo. Precisamente durante este año en que los caldeos sitiaron a Jerusalén, Jeremías anunció su venida y los setenta años de exilio (25:1-14).
Durante el reinado de Joacim, el profeta pronunció su gran discurso en el templo (capítulos 7-9). Fue entonces que los sacerdotes decidieron matar a Jeremías (cap. 26). Sin embargo, hubo una intervención a su favor. Jehová le ordenó a coleccionar sus profecías en un rollo (36:1). Estas profecías las dictó a Baruc quien las leyó ante el pueblo. Joacim se enojó tanto con el profeta que destrozó el rollo con un cuchillo, lo quemó y ordenó que prendieran a Jeremías y a Baruc, pero Jehová los escondió (36:26). Jeremías entonces dictó el libro por segunda vez a Baruc, agregando algunas otras profecías.
Joaquin (llamado también Conias, 22:24 y siguientes) reinó durante solamente tres meses y luego fue llevado cautivo a Babilonia, tal como Jeremías lo había profetizado (22:24-30). Le sucedió en el trono el tercer hijo de Josías, Sedequías, el cual habla sido nombrado al trono por los babilonios (597-586 a.C.). Después de cierto tiempo, Sedequías se negó a seguir pagando tributo a Babilonia y trató de aliarse con Egipto (Ez. 17:13; 2 Cr. 36:13), pero Jeremías le insistió que continuara siendo fiel a Babilonia (27:12-22). Esto significaría el menor de los dos males y evitaría a la vez que la nación fuera destruida. “Someted vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, y servid a él y a su pueblo, y vivid” (27:12b). Finalmente llegó Nabucodonosor, y después de un largo sitio, ocupó la ciudad. Este fue un periodo de gran sufrimiento para Jeremías. Le arrestaron al tratar de huir hacia territorio de Benjamín y le acusaron de ser un desertor. Como consecuencia de su arresto, le pusieron en una prisión donde permaneció durante muchos días, pero Sedequías envió a traerlo y le preguntó “¿Hay palabra de Jehová?” Como toda respuesta, Jeremías claramente anunció que Sedequías seria entregado a manos de Nabucodonosor, y a la vez protestó por su encarcelamiento a lo cual el rey lo puso en el patio de la prisión. Ahora Jeremías podía predicar más libremente, pero sus declaraciones provocaron antagonismo, y entonces le colocaron en una fangosa cisterna, de donde le rescató un etiope llamado Ebed-melec
(38:7-13).
Cuando por fin Jerusalén cayó, le sacaron los ojos a Sedequías y junto con el pueblo le llevaron al cautiverio. El general babilónico Nabuzadarán libertó a Jeremías y le permitió permanecer en su propia tierra (39:11-14). Este acudió a refugiarse con el gobernador Gedalías, pero al poco tiempo los crueles oponentes del gobernador, encabezados por un tal Ismael (41:1, 2), le asesinaron. Ahora los judíos temían la venganza de parte de los babilonios y trataron de huir a Egipto para protegerse (41:17, 18). Sin embargo, Jeremías protestó muy vigorosamente (42:9-22) en contra de este plan. Sus palabras resultaron no tener ningún efecto y se le obligó a acompañar a los judíos a Egipto (43:1-7). En un lugar en Egipto llamado Tafnes donde se establecieron los judíos, el profeta continuó su ministerio, siendo el 43:8-13 y el 44, mensajes que el profeta pronunció en ese lugar.

Propósito

Encontramos que la naturaleza del ministerio de Jeremías está expresada en las palabras que Jehová le declaró con motivo de su llamamiento al oficio de profeta. El gran tema que prevalece a través de todos los mensajes de Jeremías es el del juicio en contra de Judá. Este juicio vendrá en la forma de un castigo por medio de un ejército del norte (los babilonios). Además, este castigo vendrá en un futuro muy próximo. Vendrá porque el pueblo lo merece. Se han entregado a la idolatría abandonando a Jehová. Junto con estas advertencias en contra del pueblo escogido de Dios, encontramos también mensajes dirigidos a los enemigos de la teocracia.
Sin embargo, en medio de este negro cuadro de amenaza y castigo, aparecen algunas de las profecías mesiánicas más gloriosas del Antiguo Testamento. A Jeremías, como a Isaías en el siglo anterior, se le permite contemplar el día de Cristo. Estas promesas no están por completo separadas de los mensajes de advertencia, sino que más bien son el resultado de una suplica a la nación para que se arrepienta. Por ejemplo, después de razonar bondadosamente con el pueblo rebelde, Jehová a través de la boca de su profeta dice, “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová” (3:14). A continuación se da la promesa, “Y acontecerá, que cuando os multiplicareis y creciereis en la tierra, en aquellos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá el pensamiento, ni se acordaran de ella, ni la visitarán, ni se hará más. En aquel tiempo llamaran a Jerusalén Trono de Jehová, y todas las gentes se congregarán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén: ni andarán más tras la dureza de su corazón malvado” (3:16-17).
En el capítulo 23 tenemos la promesa del renuevo justo y nuevamente en los capítulos 31 y 33 se menciona esta misma promesa. En Jeremías, el clímax de estas promesas mesiánicas es tal vez la siguiente: “En aquellos días Judá será salvo, Jerusalén habitará Seguramente, y esto es lo que la llamarán: Jehová, justicia nuestra” (33:16). Esta profecía es la gran advertencia de Jehová a la teocracia, la cual por su pecaminosidad se había prostituido de tal manera que era necesario destruir su forma externa. La ciudad terrenal será destruida, pero algún día habitara seguramente—Jehová justicia nuestra.

Análisis

I. Arreglo lógico

Debe aparecer obvio aun después de un examen superficial, que el contenido de la profecía no está organizado en lo que para la mente occidental sería un orden lógico. Es verdad que existe cierto plan fundamental para el íibr6. Así por ejemplo, los capítulos 1-25 constituyen una unidad en sí mismos, conteniendo profecías tanto de calamidad como de prosperidad en contra de Judá. Pero el orden y el arreglo no son estrictamente cronológicos. Así también, los capítulos 26-45 que tratan sobre la vida personal del profeta, forman una unidad. Muchos críticos se rehusan a atribuirle estos capítulos al profeta, pero tampoco existe suficiente razón para negárselos. Los capítulos 46-51 forman también una unidad, siendo profecías en contra de naciones extranjeras. A propósito, el capítulo 25 el cual cierra la primera unidad por medio de su contenido prepara al lector para la sección de profecías que trata sobre las naciones extranjeras. Por último, tenemos en el capítulo 52 un apéndice histórico. Así pues, existe una unidad básica en el libro.
Sin embargo, es a menudo difícil de entender por qué ciertos pasajes aparecen precisamente en el lugar en que aparecen. ¿Por qué fueron arregladas las profecías en el orden en que aparecen? Como contestación a esta pregunta debemos recordar que Dios no sólo conservó y utilizó las características personales, de los escritores de la Biblia en la composición de los libros bíblicos, sino también las características nacionales y raciales. Estos escritores eran orientales, y los escritos orientales no siempre exhiben la pasión por el arreglo lógico y categórico que parece caracterizar al occidental. El Corán es un ejemplo notable de esto. Es probable que nos parezca que las profecías de Jeremías están algo diseminadas, pero su arreglo permite al escritor hacer énfasis en la repetición. Los temas de Jeremías son temas repetitivos—la pecaminosidad de la nación y la catástrofe amenazante. Tejió estos pensamientos en su libro, y al leerlo nos encontramos con ellos una y otra vez hasta que la impresión que nos causan, es verdaderamente poderosa y tremenda.
Se hacen necesarias estas observaciones acerca del arreglo de las profecías debido a que la Septuaginta presenta notables diferencias del texto hebreo. En primer lugar, en la Septuaginta, el orden de las profecías en contra de naciones extranjeras varía del texto hebreo. En la Septuaginta aparecen como Elam, Egipto. Babilonia, Filistia —Fenicia, Edom, Ammon, Kedar—Hazor, Damasco, y Moab. Además, aparecen en distinto lugar, esto es, después del capítulo 25:13. Es difícil decir por qué se adoptó esta clasificación. Probablemente Elam (la cual piensan los traductores que es Persia) fue colocada en primer lugar debido a que en aquel tiempo Persia era la nación con el más fuerte poderío mundial. También es probable que a Babilonia se le haya colocado después de Egipto ya que Egipto y Babilonia aparecen en otro lugar como una combinación de poderes hostiles hacia el pueblo de Dios. En segundo lugar, la Septuaginta es mucho más corta que el texto hebreo. De hecho, es más corta por aproximadamente una octava parte (cerca de 2700 palabras, o más o menos seis o siete capítulos).
¿Cómo es posible explicar estas divergencias? Se ha dicho que la Septuaginta representa al texto original (Workmann) y por lo tanto es superior al texto hebreo. Sin embargo, en lo general, el texto hebreo es superior. Puede ser que en ciertos casos se le deba dar preferencia a la Septuaginta, pero ciertamente no muy a menudo. Los traductores de la Septuaginta, debido a que eran judíos alejandrinos, sin duda estuvieron bajo la influencia de la filosofía griega. Por tanto puede ser que deliberadamente trataran de introducir lo que les pareció un arreglo más lógico de las profecías. Evidentemente, cuando menos hasta cierto punto, fueron impulsados por tales consideraciones. Por ejemplo, en la frase “Jehová de los ejércitos”, las palabras “de los ejércitos” por lo general no aparecen en la Septuaginta. También la frase “Jeremías el profeta”, encontramos que a menudo las palabras “el profeta” son omitidas. Por tanto no es exacto el hablar de dos revisiones críticas del texto, ni se debe tampoco dar preferencia a la Septuaginta sobre el texto masorético.

II. Arreglo cronológico

Las profecías de Jeremías, tal como aparecen, no están arregladas en orden cronológico, y es difícil hacer tal clasificación. Sin embargo, se da el siguiente orden como una idea general del orden en que se pronunciaron las profecías.
(1) Bajo Josías. Solamente el 1:1 y el 3:6-6:30 llevan la fecha del reino de Josías. Sin embargo, constituyen una parte integral de la sección a la cual pertenecen Podemos asignar por tanto, los siguientes pasajes al reinado de Josías.
(a) 1:1-19. La fecha es el año décimotercero de Josías, y Jeremías recibe su llamamiento al ministerio de profeta.
(b) 2:1-3:5. El pasaje contiene el primer mensaje del profeta a la nación pecadora. La frase de introducción “Y fue a mí palabra de Jehová” (2:1) sirve bien para iniciar la primera profecía después de la introducción general del capítulo 1. No existe razón alguna por tanto, para negar este mensaje inicial al tiempo de Josías.
(c) 3:6-6:30. Este es el segundo discurso del profeta, en el cual anuncia el castigo de Judá por medio de la venida de una nación que descenderá del norte. Por mucho tiempo se pensó que esta nación eran los escitas, pero es más probable que la referencia sea acerca de los babilonios.
(d) 7:1-10:25. Este mensaje fue pronunciado en la puerta de la casa de Jehová. Tiene como propósito el hacer despertar a aquellos que tienen colocada una falsa esperanza en el templo, y al a vez condena al pueblo por su idolatría, y lo amenaza con el exilio. Es difícil establecer la fecha de esta profecía. Algunos la colocan bajo el reinado de Joacím. Sin embargo, es muy probable que haya sido dirigida a aquellos que manifestaban externamente haber adoptado la reforma religiosa de Josías. Por tanto, puede haber sido declarada para respaldar la verdadera naturaleza de aquella reforma. Por lo que toca su carácter, es algo general, y parece no revelar la sombra babilónica lista para oscurecer al Judá. Yo me inclino por lo tanto a considerarla como si hubiera sido proclamada durante los días de Josías.
(e) 11:1-13:27. Esta sección comprende un mensaje en sí misma. Su énfasis sobre la violación del pacto puede ser una indicación de su fecha. Por otra parte, el cuadro tan terrible de la condición moral de Judá que aquí se describe, puede ser una indicación de una fecha subsecuente a Josías.
(f) 14:1-15:21. Aquí se nos da una representación de sequía y hambre.
(g) 16:1-17:27. Esta sección forma parte de la anterior. Ambas presentan cuadros de la desolación de Judá. Estos son generales en su carácter. Por tanto, es difícil determinar si pertenecen a la época de Josías o a la de Joacim.
(h) 18:1-20:18. Se representa simbólicamente al exilio por venir. El 19:14—20:3 nos da una narración del arresto del profeta bajo Pasur. Sin embargo, este incidente no nos capacita para poder situar cronológicamente al pasaje. Es cierto que en el 21:1, Sedequias envía a un tal Pasur a Jeremías; sin embargo, este es otro personaje evidentemente (hijo de Malaquías) y no el Pasur que se menciona en el 20:1-3 (el hijo de Imer).
(2) Bajo Joacaz. No se da la fecha de ninguna profecía durante este reinado, y el mensaje acerca de Joacaz, en el 22:11-12 fue pronunciado mientras Sedequías fue rey.
(3) Bajo Joacim. Como ya se ha sugerido, algunas de las profecías que he asignado a la época de Josías pueden más bien pertenecer al reinado de Joacim. Las que se dan a continuación se les da una fecha que pertenece a esta época.
(a) 26. Comienza el reinado de Joacim. Como el caso de los capítulos 7-10, este mensaje fue presentado en el patio de la casa de Jehová. En esta ocasión se mató a Unas, 26:20-24, quien había profetizado de acuerdo con Jeremías.
(b) 27. El versículo 1 también los da la fecha de este capitulo al principio del reinado de Joacim, pero como su contenido declara, pertenece al reinado de Sedequias. Aparentemente, la palabra “Joacim” es un error de un escriba quien en lugar de eso debió haber escrito “Sedequias”.
(c) 25. A esta profecía se le da la fecha del cuarto año de Joacim, esto es, el año en que Nabocodonosor vino a Jerusalén y la sitió (Dn. 1:1).
(d) 35. Esta profecía tiene que ver con los recabitas y fue proclamada en los días de Joacim.
(e) 36. Este capitulo pertenece al cuarto año de Joacim y narra la escritura de las profecías, su destrucción por Joacim y su reescritura.
(f) 45. Jeremías pronuncia un breve mensaje a Baruc en el cuarto año de Joacim.
(g) Los capítulos 46-49 son difíciles de situar por lo que toca a la fecha. El 46:2 pone en claro que fueron pronunciados después de la derrota de los egipcios en Carquemis. Driver sugiere que (con la excepción del 49) pueden pertenecer al cuarto año de Joacim y reflejar la profunda impresión que le causó a Jeremías la victoria de Nabucodonosor. Esto es muy posible, pero también es probable que algunas de estas profecías hayan sido pronunciadas tiempo después, cuando ya Joacim se había rebelado en contra de los babilonios y bandas de asaltantes que fueron enviadas en contra de él. Por otra parte, las profecías pueden pertenecer a un reinado posterior.
(4) Bajo Joacim. No existen profecías que expresamente se atribuyan a este período. Sin embargo se menciona a Joacim en el 22:24-30, en una profecía declarada durante el reinado de Sedequías.
(5) Bajo Sedequías.
(a) 21:1-22:30. Estas profecías se declararon cuando el rey envió a Pasur y a Sefanías con Jeremías para que le preguntaran sobre el resultado del sitio de Jerusalén. Con el y. 11, el profeta empieza a presentar a Sedequías la necesidad de justicia. En el capítulo 22, procede a evaluar a los tres reyes anteriores: Joacaz, 22:11, 12; Joacim, 22:18-23; Joacim, 22:24-30.
(b) El capitulo 23 continúa la profecía del 21 y 22. Está formado en su mayoría por declaraciones en contra de los falsos profetas, tanto los de Jerusalén como los que habían ido al exilio, los cuales habían proclamado falsas promesas de paz y seguridad.
(c) El capitulo 24 es un mensaje simbólico revelado al profeta después del cautiverio de Joacim.
(d) El 27, aun cuando lleva la fecha (y. 1) del principio del reinado de Joacim, sin embargo, como su contexto lo demuestra, pertenece al reinado de Sedequías. Este capitulo muestra cómo el profeta pudo contrariar el designio de las cinco naciones vecinas, Edom, Moab, Amon, Tiro y Sidón (y. 2), a inducir al rey de Judea para que se uniera con ellas en rebelión contra Babilonia. Jeremías le habló a Sedequías sobre la insensatez de tal acto, 12-22.
(e) El capítulo 28 también pertenece al principio del reinado de Sedequías, el cuarto año y el quinto mes. Narra la oposición de Jeremías al falso profeta Hananías.
(f) El 29 contiene la carta que Jeremías envió a los exiliados en Babilonia después de la captura de Joacim. Por tanto pertenece al reinado de Sedequías. Jeremías informa a los exiliados que deberían establecer casas en Babilonia, ya que el exilio no habrá de ser por corto tiempo, sino al contrario se extenderá a setenta años.
(g) El 30 y el 31 no tienen fecha, pero su contenido nos indica que la deportación ya se había llevado a cabo, por tanto, probablemente pertenezcan a los mensajes que se pronunciaron durante el reinado de Sedequías. Los capítulos sirven para enseñar a las naciones que aun cuando su presente sufrimiento es lastimoso, está por venir un futuro glorioso. El Señor establecerá un nuevo pacto en el cual habrá salvación espiritual (31:31 y siguientes).
(h) El 32 pertenece al décimo año de Sedequías. El profeta compra el campo de Anatot a su primo Hanameel y le entrega la evidencia de la compra a Baruc. Esta acción simbólica, era para demostrar que la tierra sería habitada y cultivada nuevamente.
(i) El 33, al igual que el 32, pertenece al período de encarcelamiento de Jeremías bajo Sedequías. Contiene una profecía Mesiánica (la cual se encuentra también, con algunas variaciones, en el 23:5 y sig.) y una promesa de la perpetuidad del trono de David.
(j) El 34 fue proclamado durante el sitio de Nabucodonosor. Narra el anuncio de Sedequías de su propio cautiverio y de la destrucción de la ciudad, 34:1-7. Sedequías ordena que el pueblo liberte a sus esclavos hebreos. El pueblo está de acuerdo, pero después falta a su palabra, por tanto el profeta los denuncia severamente.
(k) El capítulo 37 es histórico, ya que narra la coronación de Sedequías. Jeremías anuncia que los egipcios no ayudarían al rey, pero que los caldeos quemarían la ciudad. A Jeremías se le encarcela, pero más tarde se le reasigna al patio de la prisión.
(l) El 38 continúa con la narración de la prisión del profeta bajo Sedequías.
(m) El 39 es histórico, y narra la captura del rey y la destrucción de Jerusalén. Se le da la fecha del noveno año de Sedequías, al décimo mes.
(6) Bajo Gedalías. Aun cuando a ninguna profecía se le da la fecha del reinado de Gedalías, sin embargo, debemos asignar a este periodo las siguientes:
(a) El capitulo 40 es una profecía a revelada a Jeremías después del cautiverio (y. 1). Nabuzaradán pone a Jeremías en libertad, y le ofrece la alternativa de irse a Babilonia o de quedarse en la tierra (2-4). Jeremías va a Gedalías y mora con él (6, 7). A Gedalías se le advierte que Ismael busca matarlo, pero no da crédito al reporte.
(b) El 41 también pertenece a este período. Es histórico, y narra cómo Ismael mata a Gedalías, y el temor que el pueblo tenía de los caldeos.
(c) El 42 continúa la narración, y contiene el mensaje de Jeremías advirtiéndole al residuo de Judá que no vaya a Egipto.
Los capítulos 43:1-44:30 son en su mayor parte históricos, y narran cómo el pueblo rehusó escuchar a Jeremías y salieron de la tierra hacia allá llevándoselo con ellos. En Tafnes Jeremías llevó a cabo un acto simbólico con piedras, para demostrar que Nabucodonosor todavía invadiría a Egipto. En el capitulo 44, Jeremías explica la razón de la destrucción de Jerusalén y el exilio, y anuncia también que aquellos que viven en Egipto serán castigados, con excepción del residuo, el cual será salvo.
Los capítulos 50-52 requieren una mención especial. Se dice que los capítulos 50 y 51 son (51:59-64) la palabra que Jeremías envió a Babilonia con Seraías cuando él fue allá con Sedequías durante el cuarto año del reinado de este rey. Al llegar Seraías a Babilonia, debía leer este mensaje y después amarrarle una piedra y echarlo al Eufrates, simbolizando en esta forma la caída de Babilonia, el gran enemigo del pueblo de Dios.
Sin embargo, aquí surge una dificultad. Tal como está, la profecía parece implicar que el templo ya había sido destruido (por ejemplo, 50:28; 51:11, 51), un hecho que aún no había ocurrido en el cuarto año de Sedequías. Concluimos entonces, que o Jeremías está simplemente colocándose en el futuro y describiendo la destrucción del templo, o de otra manera, que estos capítulos presentan una forma amplificada del mensaje del profeta en contra de Babilonia, que él mismo había preparado en Egipto bajo inspiración divina después que el santuario en Jerusalén había sido ya destruido.
Existen otras consideraciones que parecen respaldar este último punto de vista. Por una parte, parece ser que el exilio ya se habla llevado a cabo, compárese 50:4 (observe la fuerza del verbo yavo’u, esto es, vendrán, de la esclavitud en la cual se encuentran ahora), 7, 17, 33; 51:34 y siguientes. De cualquier manera, no existe suficiente razón para negar a Jeremías la paternidad literaria de estos capítulos.
El capítulo 52 es histórico, siendo prácticamente el mismo que 2 Reyes 24-25. No creo que Jeremías haya sido el escritor original del pasaje, sino que más bien lo tomó del mismo lugar de donde fue tomado el pasaje de 2 Reyes.

Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

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