Nombre

El libro recibe su nombre de los gobernantes, “jueces”, (Shoph’ tim) que rigieron a Israel durante el periodo entre Josué y Samuel El mismo nombre aparece también en la Septuaginta (Kritai), y en la Vulgata.

Escritor

La crítica divisiva no considera al libro de Jueces como una unidad literaria, sino lo considera una recopilación de distintas fuentes. Se piensa que es esencialmente un libro deuteronómico, procedente de alrededor del año 550. Se supone que hay dos fuentes independientes, J y E, aun cuando estos símbolos no indican necesariamente una continuación de los anteriores J y E. De hecho, algunos eruditos piensan que están más íntimamente relacionados con las supuestas “fuentes” que se hallan en el libro de Samuel. Estas dos fuentes se unieron alrededor de 650-600 (JE). El redactor (RJE) también hizo algunas adiciones personales, la mayoría de las cuales se consideran armonísticas. Después de la destrucción de Jerusalén, se supone que se preparó una edición deuteronomista del libro, para convencer a los exiliados que el castigo les había venido debido a su violación del código deuteronómico. Asimismo se llevaron a cabo algunas redacciones más, hasta que el libro alcanzó su forma actual.
De acuerdo con el Talmud (Baba Bathra, 14b), “Samuel escribió el libro que lleva su nombre, el libro de Jueces y el de Rut”. Pero ¿cuán digna de confianza es esta tradición? Existe evidencia de que Jueces es un libro muy antiguo. De acuerdo con el 1:21, los jebuseos aún estaban en Jerusalén cuando se escribió el libro. Por tanto el libro tuvo que haberse editado antes de los acontecimientos que se registran en 2 5. 5:6 y siguientes (la captura de la ciudad por David). Se dice en el 1:29 que los cananeos vivían en Gezer, lo cual indica una fecha anterior a aquella en que Faraón entregó la ciudad a Salomón (1 R. 9-16). En el 3:3 Sidón y no Tiro es la principal ciudad fenicia. Esto nos indica una fecha anterior al siglo doce. Isaías 9 se refiere a Jueces 4, 5,6, y pasajes tales como 17:6; 18:1; y 21:25 parecen indicar una fecha temprana de la monarquía, cuando las bendiciones estaban aún frescas en la mente. (La forma original de 18:30 no es segura, y algunos la enmendarían para que leyera, “hasta el día de la captura del arca”, esto es, por los filisteos ha’aron en lugar de ha’aretz.)
Todo esto nos lleva a la conclusión de que el libro fue recopilado durante los primeros días de la monarquía, ya sea durante el reinado de Saúl, o los primeros días de David. Es muy posible que su escritor haya utilizado fuentes, tanto orales como escritas, pero la unidad sorprendente de la estructura del libro, hace a un lado cualquier forma de recopilación como la que trata de establecer la crítica divisiva.

Propósito

El libro de los Jueces sirve para mostrar que el pueblo teocrático necesitaba un rey justo. Sin un rey que gobernara bajo la autoridad especial de Dios, sobrevendría la confusión. “Cada uno hacia lo recto delante de sus ojos”. El libro así, pues, tiene un propósito negativo. Cuando el pueblo no tiene un gobernante, se necesita despertar en él las aspiraciones y deseos de un verdadero rey. En esta forma, a través del período de los Jueces, gradualmente se les hace reconocer su necesidad de un rey.
Durante este período, a los gobernantes del pueblo se les denominaba jueces. Sin embargo, estos no eran solamente magistrados civiles que administraban justicia y adjudicaban disputas. Primordialmente, eran libertadores (literalmente, ‘‘salvadores’’, moshe’im), capacitados con el poder del Espíritu de Dios, los cuales eran llamados a libertar y a gobernar al pueblo en tiempos de opresión y decadencia.
El libro de los Jueces lleva adelante la historia del pueblo desde el tiempo de la muerte de Josué hasta la elevación de Samuel como profeta de Jehová. Durante este período, el pueblo debía tomar posesión de la tierra que se les había asignado, echando fuera y exterminando a los cananeos restantes, a la vez que debía construir y establecer la nación teocrática. Sin embargo, pronto se cansaron de sus tareas, y a menudo se pusieron en términos amistosos con los cananeos y hasta en algunas ocasiones adoptaron sus dioses. Por tanto, como castigo, se les entregó a sus enemigos. Sin embargo, cuando se arrepintieron, el Señor levantó jueces, los cuales se convirtieron en salvadores y libertadores y sobre quienes él envió su Espíritu para libertar al pueblo y a la tierra de la opresión. Pero tan pronto como moría el juez, el pueblo caía nuevamente en la apostasía. Vemos, por tanto, en el libro de los Jueces, un período de constante alternación entre la apostasía y opresión consiguiente de parte de los enemigos, seguida por la liberación a manos de un juez. Este trágico estado de cosas preparó el camino para la institución de la profecía bajo Samuel.

Análisis

1. Jueces 1:1-2:5. La introducción

(1) 1:1 Introducción a todo el libro. Este versículo es una ofensa para algunos críticos de la escuela negativa, ya que se piensa que esta sección (esto es, 1:1-2:23) contiene una narración que no es subsecuente a la muerte de Josué, pero por lo menos paralela a la narración de Josué. Por tanto se considera a este versículo como una adición editorial. Sin embargo, esto es subjetivo y se hace para favorecer cierta teoría. No existe evidencia objetiva que demande tal punto de vista acerca de este versículo. Obsérvese que el versículo comienza igual que Josué 1:1. Claramente coloca los eventos después de la muerte de Josué (no Moisés, como Kittel sugiere). Estos acontecimientos deben ser considerados por tanto, como subsecuentes y no paralelos a las narraciones de Josué.
(2) 1:2-36. Un resumen de las condiciones políticas en existencia. Este resumen posee un énfasis nacionalista. Sin embargo, no esta en conflicto con lo que aparece en el libro de Josué. Ese libro presenta a Josué como un gran líder; mientras que esta sección coloca su énfasis en la labor de las tribus. No hay conflicto alguno.
En el 1:10 se dice que Judá substituye a Caleb (Jos. 15:13-19). Pero no hay conflicto. Caleb recibió una parte en Judá. ¿Por qué no podía tomar la iniciativa en contra de Hebrón? Así entonces, Judá, en la persona de Caleb, peleó contra Hebrón. En el 1:21 se dice que a Benjamín se le substituye por Judá (Jos. 15:63). Nuevamente, aquí no hay conflicto. Sin duda ambas tribus habían subido a la guerra en contra de Jerusalén, y en esa ocasión no habían podido sacar al jebuseo. Más tarde, sin embargo, se dividió la ciudad entre Judá y Benjamín. En el 1:8, se dice que Judá había tomado posesión de Jerusalén, y se alega que esto es incorrecto (contraste con 1:21), ya que Jerusalén fue primero tomada por David más tarde. Sin embargo, esta declaración (1:8) se hace con respecto a la narración de Adoni-bezek. Evidentemente, en esta ocasión Judá atacó a Jerusalén y la quemó. Sin embargo, no pudieron quedarse con ella permanentemente. Como lo manifiesta el 1:21, no echaron fuera a los jebuseos, pero el 1:8 era sin duda un esfuerzo en este sentido. Sencillamente, no conocemos lo suficiente acerca de la situación como para declarar que el 1:8 no es histórico. Se dice nuevamente que el 1:18 y 19 están en conflicto. Pero si en realidad lo están, el redactor debió estar dormido para haberlos colocado tan cerca. Sin embargo, no hay conflicto. El 1:18, narra la captura del territorio filisteo. Sin duda esto fue temporal. De cualquier manera, aun cuando se tomó el territorio, no se pudo echar fuera a los habitantes (“desposeídos”, lehorish). Judá podía tomar de sorpresa, pero no podía desposeer a los habitantes. El capítulo 1 manifiesta evidencias de una unidad literaria con algunas partes posteriores del libro. Así por ejemplo, (a) entregar en sus manos (nathan beyadh) ocurre en el 1:2; (J) 2:14, 23; (E2) 6:1; 7:7; 13:1; 15:12; 18:10; 20:28. (b) Poner fuego a (shillehu va’esh) ocurre en el 1:8 y 20:48. (c) Matar a cuchillo (hikkah lephi herev) ocurre en el 1:8, 25; 20:48. (d) Hasta hoy (adh hayyom hazzeh) ocurre en el 1:21; 6:24; 10:4; 15:19; 19:30. (e) Quiso habitar (yo’el lasheveth) 1:27, 35; 17:11; 19:6. Capítulo 1:12 debe compararse con el 20:18, 23, 27, y 1:16 con el 4:11.
(3) 2:1-5. El ángel de Jehová. Se reprende al pueblo por romper el pacto con Jehová.
II. Jueces 2:6-16:31.

Los Jueces de Israel

(1) 2:6-3:6. Las relaciones de Israel con Jehová. Se había levantado una nueva generación (2:10) que no conocía a Jehová, y la cual le abandonó para adorar a los dioses de Canaán (2:11, 12). Como resultado de esta apostasía, Jehová entregó al pueblo en las manos de los robadores (shosim, “saqueadores”), quienes les saquearon (2:14). Entonces se manifestó la misma gracia de Dios al levantar para ellos a los jueces quienes libertaron al pueblo de los saqueadores (2:16). A esto seguiría una recaída en la apostasía (2:19), por tanto, Jehová determinó dejar en la tierra a las naciones que Josué no había conquistado, para probar de esa manera al pueblo (2:22). En seguida se da la lista de estas naciones (3:1-6).
No nos enfrentamos aquí a una historia idealista, sino real. Sin embargo, se ha criticado severamente a esta sección. Así por ejemplo, se alega que el 2:23 no puede ser la secuencia original del 2:20-22 ya que el hecho de que Jehová no entregó a las naciones en las manos de Josué (2:23) no puede ser una consecuencia de lo que se llevó a cabo después de la muerte de Josué (y. 21). No podemos decir que esta objeción no tiene valor; pero como respuesta podríamos decir lo siguiente:
(a) La palabra “Josué” (2:23—esta es la palabra que ocasiona la dificultad) puede ser un error, y probablemente se le debería enmendar por “Israel” (Kittel). Sin embargo, esto no posee respaldo textual objetivo.
(b) Ya que es difícil dar una explicación de la introducción deliberada de este pasaje dificultoso, a menos que se lo atribuyamos al descuido de algún escriba, podemos permitir que el pasaje permanezca como está (lectio difficilior praestat) y asumir que la palabra “Josué” solamente equivale al pueblo como tal. En otras palabras, se convertiría en un equivalente de Israel.
Además, se dice que las razones por las que no se echó fuera a las naciones, son inconsistentes. En el 3:1-3, la razón que se da es que era para que Israel aprendiera el arte de la guerra, mientras que en el 2:22 y 3:4 es para que se pudiera probar moralmente a Israel. Pero seguramente aquí no existe conflicto alguno. “Enseñarlos en la guerra” significa aquí, como el contexto anterior parece mostrar, “aprender a depender en el Señor para ayuda en la lucha contra Canaán.” Por tanto, esto no era más que uno de los medios por los cuales se iba a probar moralmente a Israel.
Por último, se dice que la lista de las naciones en el 3:3, no está de acuerdo con la del 3:5, ya que la primera se refiere a aquellas que ocupaban ciertos distritos, mientras que la última representa a toda la población. Pero es necesario que se estudie el 3:3 la luz de Jos. 13:2-6. El capítulo 3:5 sirve entonces como una declaración general acerca de que los israelitas vivían en medio de los cananeos (enumerándose a seis grupos) para explicar en esa forma la apostasía de Israel. (Se encontrará una representación justa del punto de vista de la crítica negativa en A. B. Davidson: “The Prophetess Deborah” en The Expositor, Vol. 5, 1887, págs. 38-55).
(2) 3:7-11. El juzgado de Otoniel. Otoniel, el hijo de Cenez, li-berta a Israel de Cusan-risataim, rey de Mesopotamia. Obtuvo descanso para Israel por cuarenta años.
(3) 3:12-30. La victoria de Aod sobre los moabitas. Aod era de la tribu de Benjamín y zurdo. La opresión bajo Eglón, rey de los moabitas, había durado por dieciocho años (3:14). Sin embargo, después de la liberación, Israel tuvo paz durante dieciocho años (3:30). Aparentemente bajo Otoniel y Aod, Israel se levantó en contra de sus opresores. La frase “sacar espada” (shalaph herev) de 3:22, aparece también en 8:10, 20; 9:54; 20:2, 15, 17, 25, 35, 46.
(4) Samgar, el hijo de Anat, hirió a seiscientos Filisteos con una quijada de buey. A él no se le denomina juez, ni se toman en cuenta el período de sus trabajos en la cronología. Aparentemente no consiguió una victoria permanente. Parece ser que actuó motivado por un profundo interés, tomando lo primero que tenía a la mano.
(5) 4:1-5:31. La opresión de Jabín, y la liberación bajo Débora y Barac. Esta victoria, y la derrota del general de Jabín, Sísara, se describen en una oda poética, en el capítulo 5, la cual está considerada por todas las escuelas de pensamiento como muy antigua, habiendo llegado algunos a decir que es el escrito más antiguo de la Biblia. Por supuesto que esto es incorrecto. Sin embargo, es contemporáneo, es la obra de la misma Débora y lo incluyó el escritor del libro, el cual también escribió el cuarto capítulo. Debe observarse que no todo Israel participó en esta batalla. Rubén, Galaad, Dan y Aser no tomaron parte en este conflicto.
Se dice que el capítulo 4 difiere del capítulo 5 en importantes detalles:
(1) En la batalla participaron dos tribus y no seis (cf. 4:10 con 5:14, 15, 18). Pero estos no son relatos mutuamente exclusivos. El 4:10 simplemente declara el acto inicial de Barac. El capítulo 5, siendo poético, naturalmente menciona a las demás tribus. Obsérvese que el 4:23, 24 no limita la victoria a dos tribus, sino la concede a los hijos de Israel.
(b) Mientras Sísara duerme, Jael lo atraviesa (4:21); pero en el capitulo 5 se dice que le hirieron en la cabeza “mientras tomaba leche fuera de la tienda” (Pfeiffer, IOT, pág. 329). Sin embargo, las dos declaraciones son suplementarias. Con sólo leerlas, nos podremos dar cuenta que no existe contradicción alguna. El relato poético (cap. 5) no trata de presentar todos los detalles, sino pone el énfasis en la muerte de Sísara (p. ej., 5:27, el cual es obviamente poético).
(c) El capítulo 4 habla de Jabín el rey, mientras que el 5:19 menciona a los “reyes” de Caná con Sísara, no Jabín como jefe (Driver). Pero de nuevo, el 5:19 es poético, y puede ser que la palabra ‘‘reyes” se refiera únicamente a los líderes bajo la orden de Jabín. Pero a la vez, el capítulo 5 no dice que Sísara sea el jefe de los reyes. Como general de Jabín, sin duda tenía una parte importante, y de allí la prominencia que se le da en ambos capítulos, el 4 y el 5.
(d) Algunos han llegado a negar que Débora haya sido un personaje histórico y afirman que las palabras “madre de Israel” (5:7), indican una metrópolis, no una persona. Sin embargo, en On. 35:8, la palabra Débora claramente se refiere a una persona histórica. El capítulo 4 nos provee con ciertos detalles que no se encuentran en el capitulo 5, y los cuales son necesarios para una comprensión adecuada del cántico. (Véase una espléndida defensa de la integridad e historicidad del cántico, en el artículo de Burton L. Goddard: “The Critic and Deborah’s Song”, WThH, Vol. III, págs. 93-112).
En los capítulos 2 al 5, se presenta la primera etapa en la actitud de Jehová hacia el pueblo rebelde. En Bochím, el ángel de Jehová amenaza al pueblo (2:1-5). Así entonces se dice, “Los cananeos serán por azote para vuestros costados, y sus dioses por tropiezo” (2:3). La opresión de esta etapa, provenía de afuera y duró más bien por largo tiempo. Entre cada período de opresión, había largos intervalos de paz. El Espíritu de Dios conmovió a Otoniel y a Aod; Barac fue llamado a la guerra por la profetisa Débora.
(6) 6:1-8:35. La obra de Gedeón. Los madianitas opresores son derrotados por Gedeón, cuya historia está relatada con bastante detalle, en el relato contenido en este pasaje, ya que tan claramente manifiesta la obra especial de un Dios fiel que establece su pacto para liberar a su pueblo. Esta narración se distingue por ciertas peculiaridades literarias. Algunos piensan que se ha hecho uso de dos (o tres) fuentes, y que habían dos narraciones de Gedeón. Esto lo basan el tales consideraciones como el hecho de que a Gedeón algunas veces se le llamaba con el nombre de Jerubaal. Sin embargo, el relato es una unidad, y cualquier esfuerzo por dividirlo en documentos debe clasificarse como un fracaso.
(7) 9:1-57. El episodio de Abimelec. En esta sección aparece la sorprendente parábola de los árboles,
(8) 10:1-5. Tola y Jair sirven como jueces, sirviendo durante veintitrés y veintidós años respectivamente.
Podemos representar la estructura de los capítulos 6 al 10:5 de la siguiente manera:
Jehová de nuevo amenaza a su pueblo, esta vez por medio de un profeta (6:7-10). Dice el texto: “Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, mas no habéis obedecido a mi voz” (6:8-10). La opresión de los madianitas duró siete años, y la siguen cuarenta años de descanso obtenido por Gedeón (8:1-3), y bajo Tola y Jair aparentemente hubo cuarenta y cinco años de paz (10:2,3). Este período está caracterizado porque durante él, aparece una seria desorganización y división interna. Efraín se pone sumamente celoso de Gedeón y sus tribus victoriosas; Succoth y Penuel niegan ayuda (8:4-9, 14-17). No sólo todo
Israel no pelea contra el enemigo, pero ni siquiera a todo el ejército de Gedeón se le permite que luche. Jehová obtiene la victoria a través de solamente trescientos hombres, para que el pueblo no se jacte delante de El.
(9) 10:6-12:7. Liberación por medio de Jefté. Jefté el hijo de una ramera, fue invitado por los ancianos de Galaad para que se convirtiera en su líder, pero este aceptó sólo con una condición: que en caso de ganar, él continuara siéndolo. Juré que si salía victorioso, presentaría como sacrificio a Jehová a la primera persona que saliera a las puertas de su casa a recibirlo. Esta persona fue su hija. Como cumplimiento al voto hecho, probablemente la dedicó a perpetua virginidad, pero no podemos estar seguros de esto.
Se dice que E (11:34) representa a Jefté como un respetable propietario en Mizpa, mientras que J (11:1-3) lo representa como el hijo de una ramera que se convirtió en un bandido. Pero si estas declaraciones constituyeran una contradicción, ¿entonces por qué las habla de colocar un redactor en el mismo capitulo? ¿Acaso no es obvio de Jefté mientras estaba en el exilio juntó un ejército en un hombre a quien se le debía todo respeto?
(10) 12:8-15. Tres jueces, Ibzán, Elón, y Abdón, gobernaron durante siete, diez y ocho años respectivamente,
(11) 13:1-16:31. La historia de Sansón. Para la historicidad de Sansón, véase He. 11:32. El poder divino desplegado en los jueces, tiene su culminación en Sansón, quien poseyó este poder por virtud de ser un nazareo. Sin embargo, en su carácter natural, era un hombre sumamente débil.
La estructura de los capítulos 10:6 al 1:631, es como sigue: El pueblo es nuevamente amenazado por Jehová: “Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos: por tanto, yo no os libraré más. Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido, que os libren en el tiempo de vuestra aflicción” (10:13,14). La decadencia interna se vuelve cada vez más aparente. Los ancianos de Galaad llaman a Jefté, y a Sansón se le separa desde el vientre de su madre.

III. Jueces 17:1-21:25. Dos apéndices

(1) 17:1-18:31. El episodio de Micás el efrainita y el levita el
cual es consagrado sacerdote en su casa. La unidad de esta narración es obvia. Aun la crítica negativa considera que estos dos apéndices pertenecen a la parte más primitiva del libro. Estos episodios dejan muy en claro la necesidad que en ese tiempo existía de un rey. Pfeiffer, siguiendo la idea de Arnold, analiza estos documentos, no en fuentes, sino en una narración junto con la cual se ha incorporado un comentario posterior y algunos comentarios.
(2) 19:1—21:25. El crimen en Gabaa de Benjamín y su castigo.
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Biblioteca
Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO ONCE


JUECES