Nombre

El primer libro de los profetas anteriores lleva el nombre de su personaje principal, Josué. En el Hebreo, el nombre tiene cuatro formas distintas: yehoshu’a (Dt. 3:21), yeshoshu’a (por ejemplo, Jos. 1:1 y por lo general); hoshe’a (Dt. 32:44) y yeshu’a (Neh. 8:17). En la Septuaginta el nombre aparece como lesous Naus, esto es, Josué el hijo de Nun; y la Vulgata tiene Liber Josue.

Posición en el canon

En la versión siriaca, el libro de Job por lo general aparece entre el pentateuco y Josué. Esto se debe a la creencia de que Moisés fue el escritor de Job. Pero en el canon hebreo, Josué sigue al pentateuco e introduce la segunda división del canon del Antiguo Testamento, y este es su lugar apropiado.
Es cierto que en la iglesia antigua a veces leemos de un Octateuco y de un Heptateuco. Algunas listas griegas contaban desde Génesis hasta Rut y le llamaban Oktateuchos, y otras listas latinas contaban desde Génesis hasta Jueces y le llamaban Heptateuchus. También Ambrosio, al escribir sobre el Salmo 119 dice, “Inveni Heptateuchum, inveni regnorum libros, inveni prophetarum scripta”, etc. (PL, SV, col. 1584). Sin embargo, estas expresiones pudieron haber sido simplemente términos de conveniencia. La gran distinción entre la Ley, por una parte, y los libros subsecuentes por la otra, parece que nunca pudo quebrantarse en la iglesia; y la razón de esto es bastante clara, ya que Cristo mismo hizo esta distinción (p. ej., Lc. 24:27, 44).
Se recordará que fue Alejandro Geddes quien incluyó a Josué en el Pentateuco como una unidad, y aparentemente, él fue quien primer hizo tal cosa. De cualquier manera, desde su época, muchos otros eruditos han hablado de un Hexatcuco en lugar de un Pentateuco. (Véase “The Alleged Secondary Deuteronomic Elements in the Book of Joshua” escrito por el presente autor en The Evangelical Quarterly, Oct. 1953, págs. 142-157). La pregunta a la que debemos enfrentarnos es, ¿pertenece Josué al Pentateuco como una unidad o es correcta la distinción, honrada por el tiempo y aprobada por Cristo, entre Moisés y los Profetas? En otras palabras, ¿empieza el Antiguo Testamento con un Pentateuco o con un Hexateuco? Podemos darnos cuenta de que el término Hexateuco es incorrecto a través de las siguientes consideraciones:
(1) No existe evidencia histórica alguna que apoye la creencia que se haya considerado el libro de Josué en época alguna como formando una unidad con el Pentateuco. Por otra parte, la Ley siempre está separada de los libros subsecuentes. Eclesiástico hace una distinción entre la Ley y los Profetas (48:22—49:12). Josefo (Contra Apionem, 1:7 y siguientes), se refirió a los cinco libros de Moisés y claramente los distinguió de lo que seguía. Cristo también respaldó este punto de vista, y este hecho es determinante. El apunte masorético al final del Pentateuco habla de la totalidad de los versículos de la Ley, y dice que “los cinco quintos de la ley están completos”. Además, debemos observar que en los sistemas anuales y trienales de la lectura de la Ley, no se incluía a Josué. Cuando se agregó la Haphtoroth (esto es, la lectura de porciones de los Profetas) a la lectura de la Ley, se incluyeron también selecciones de Josué entre ellas.
(2) Los samaritanos se posesionaron solamente del Pentatcuco, y no de Josué. Esto es inexplicable si en verdad existía un Hexateuco. Y es particularmente inexplicable si recordamos cómo favorece el libro de Josué a los samaritanos (cf. 24:1, 32). ¿No es ésta acaso una evidencia terminante que los samaritanos no consideraban a Josué como parte integrante de la Ley?
(3) Existen ciertas peculiaridades lingüísticas en el Pentateuco que no aparecen en Josué. Así por ejemplo, del pronombre hu’ se utiliza para ambos géneros; ha’el para ha’elleh, y por extraño que parezca, el nombre Jericó se deletrea yereho en lugar de yeriho. Por otra parte, la expresión “Jehová, el Dios de Israel”, la cual ocurre catorce veces en Josué, es muy rara en el Pentateuco. Por supuesto estos argumentos no son conclusivos, pero tienen su lugar.
(4) Esta idea de un Hexateuco en realidad es un gran tropiezo para la hipótesis documentaria. En el Pentateuco, P es el documento fundamental, pero en Josué P aparece solamente en los capítulos 13-21. (Véase Holzinger: Einleitung iii den Hexateuch, 1893, especialmente los esquemas). Si las supuestas fuentes del Pentateuco son continuas, y se encuentran a través de Josué, ¿a qué se debe que se haya efectuado esta drástica división entre los dos? ¿Cómo y cuándo se hizo? Estas son preguntas que no tienen respuesta. De acuerdo con Holzinger (pág. 501), el redactor separó a Josué de JED, y la separación de Pg fue aun anterior. Pero esto es solamente una especulación subjetiva. Si las supuestas fuentes en realidad consideraron la conquista como una continuación apropiada de la época mosaica, ¿a qué se debe que se efectuó tal división? La inhabilidad de la crítica negativa para contestar esta pregunta, revela un punto débil en el análisis documentario.
(5) Chapman (An Introduction to the Pentateuch, 1911, pág. 7) declara, “El Israel ideal tiene al Hexateuco como su Biblia”, y apela a Nedarjm 22b: “Si Israel no hubiera pecado, estaría leyendo solamente los cinco libros de la Ley y el libro de Josué”. Pero la interpretación de Chapman de este pasaje es errónea. Las palabras fueron dichas por Adda hijo de Hanina, que expresamente hace una distinción entre el Pentateuco por un lado, y el libro de Josué por el otro. La razón por la cual él menciona a Josué, es que “registra la colocación de Palestina” (entre las tribus). Por tanto, el punto de Adda, es que el único libro además del Pentateuco que Israel habría necesitado si no hubiera pecado era el de Josué, lo cual es un concepto bastante distinto de la idea moderna del Hexateuco.
Concluimos así que el Hexateuco es un fantasma. Josué no pertenece a la Ley como su complemento, sino pertenece apropiadamente a los Profetas Anteriores.

Escritor

De acuerdo con la posición de la crítica negativa dominante, el libro de Josué no es una unidad literaria, compuesta por un solo escritor. Se dice que más bien aquí se encuentran presentes las supuestas fuentes del Pentateuco. Se cree que las dos fuentes primitivas son J (c. 950-850) y E (c. 750). Estas fueron reeditadas y se formó JE (c. 650), haciéndose a un lado la mayor parte de J. Se supone que este editor introdujo declaraciones armonistas. La escuela deuteronómica hizo la revisión total de JE (c. 550), lo cual proveyó la introducción (cap. 1) y la conclusión. Esta revisión continúo hasta cerca del 400. Al final del quinto siglo, un redactor sacerdotal (Rp) agregó P. Otras adiciones posteriores se llevaron a cabo en el tercer siglo y aun más tarde, como en el segundo siglo.
Por tanto a Josué se le considera esencialmente como un libro deuteronómico, mientras que el Pentateuco se supone que tuvo un bosquejo sacerdotal. Incidentalmente, este es un poderoso argumento en contra de la idea general de un Hexateuco.
Por lo que a nosotros toca, no podemos aceptar el análisis documentario como se aplica a Josué. Estamos demasiado impresionados con la unidad interna del libro, para dar crédito a tal análisis. Además, es muy cierta la observación de Steinmueller: “Los argumentos literarios de los críticos están basados fundamentalmente en falsos conceptos religiosos del desarrollo evolucionario de la religión de los hebreos, los cuales no pueden respaldarse” (A Companion to Scripture Studies, Vol. II, 1942, pág. 73).
Se dice que ciertas partes del libro las escribió el mismo Josué (24:26). Otras partes parecen ser la obra de un testigo presencial (por ejemplo, 5:1, “hasta que hubieron pasado”, aun cuando algunos manuscritos tienen “hubimos”; 5:6; 16:4; y las descripciones detalladas de los capítulos 7-8). De aquí podemos concluir que existió una base escrita por Josué.
Sin embargo, en su forma actual, el libro no pudo haber sido escrito por Josué, ya que registra acontecimientos que no se llevaron a cabo sino hasta después de su muerte. Entre estos está la conquista de Hebrón por Caleb, de Debir por Otoniel y de Leshem pro los danitas. Y los relatos de la muerte de Josué y de Eleazar manifiestan que el libro es posterior a la época de Josué. (Una tradición judía alega que Eleazar agregó el relato de la muerte de Josué, y que Phineas agregó el relato de la muerte de Eleazar).
Aunque el libro en su forma actual no proviene de la mano de Josué, sin embargo, es muy antiguo. Con toda seguridad fue escrito bajo inspiración divina, posiblemente por un anciano (Keil) quien había sido un testigo presencial de la mayor parte de los acontecimientos que se registran en el libro.

Propósito

El propósito del libro es mostrar cómo Dios llevó a la nación teocrática del desierto a la tierra prometida. Sirve en esta forma para continuar la historia contenida en el Pentateuco y para trazar la historia de la teocracia bajo Josué. Asimismo, demuestra cómo Josué fielmente desempeñé la tarea que Dios le había encomendado, y como Dios, en cumplimiento a sus promesas, le dio a su pueblo la tierra prometida.
Análisis

1. Josué 1:1-12:24. La conquista de Canaán

(1) 1:1-9. Introducción a todo el libro. Josué recibe instrucciones para proceder con el pueblo y cruzar el Jordán, y se le confirma que si es fiel a la ley, tendrá buen éxito. El versículo 1 conecta el pensamiento con el Pentateuco, siendo este último la base sobre la cual escribió el autor de Josué. El idioma de esta sección se aproxima mucho al de Dt. 11:22-25 (cf. 1:9 con Dt. 3:21 y siguientes; 31:6-8, 23). Esto no indica una redacción secundaria D (D2). Solamente muestra que el autor meditaba profundamente en la Palabra de Dios. El pasaje del Salmo 1:2 evidentemente está basado en Jos.
1:8.
(2) 1:10-2:24. Los preparativos para cruzar el Jordán. Josué efectúa preparaciones inmediatas para su tarea. Le recuerda a Rubén, a Gad y a la media tribu de Manasés, que ellos también debían ayudar en la conquista de la tierra, y ellos prometen hacer esto. Se envían dos espías a Jericó y regresan. La descripción de la casa de
Rahab indicando que estaba adosada a la pared del muro (2:15) parece ser evidencia de antigüedad. En las excavaciones arqueológicas se ha llegado a comprobar que se acostumbraba construir casas sobre los muros (véase JJ, pág. 132).
Aunque esta sección constituye una unidad indudable, está sin embargo, dividida en documentos por algunos críticos. Así por ejemplo, OR analiza: E. 1:10, ha; 2:1-9 (también a J); 2:12-16; 22-24. J. 2:1-9 (también a E); 2:17-21. D, 1:11b-18; 2:10-11.
(3) 3:1-4:25. El cruce del Jordán. Se efectúan preparativos para hacer el cruce, 3:1-6; se inicia éste, 3:7-17; descripción del mismo 4:1-14; conclusión, 4:15-24.
De acuerdo con 5. R. Driver, hay repeticiones superfluas y hasta contradicciones en esta sección. Este autor establece tres argumentos que podemos considerar brevemente:
(a) En el 3:17, el pueblo ha cruzado el Jordán, pero el 4:4, 5, l0b implica que aún no han cruzado. De hecho, se cree que el 4:11 nos deja donde estábamos en el 3:17. Como contestación podemos decir que si esta es una contradicción, entonces el escritor ha mentido lamentablemente. ¿Pero es verdaderamente una contradicción? De ninguna manera. El 3:17 narra en forma de sumario el cruce del pueblo y el hecho de que los sacerdotes permanecieron en el centro del río hasta que todo el pueblo hubo terminado de pasar. Después de esto, Josué dio instrucciones para levantar las piedras memoriales (4:1-10). Durante todo este tiempo, los sacerdotes aún estaban parados en el río. El 4:10, sirve como un resumen de todo lo que ha ocurrido y añade la información de que la gente había pasado rápidamente. El 4:11, conecta con el 4:10 (no con el 3:17) y completa la narración declarando que por último, (esto es, después que el pueblo hubo cruzado), los sacerdotes y el arca pasaron el río.
(b) Se dice que el 4:8 y 9 hablan de dos ceremonias distintas. Se afirma que el y. 8 es una secuencia del y. 3, mientras que el y. 9 se piensa que va con los vv. 4-7. Pero el argumento de Driver no es serio. El versículo 3 da la orden de levantar las piedras (en Gilgal). Los versículos 4-7 dan una explicación del significado de este hecho. El versículo 8 narra el cumplimiento de la orden. El versículo 9 se relaciona con un acto de Josué distinto al que se menciona en los versículos 3-8. Podemos presumir sin temor a dudas, que Josué estaba actuando bajo órdenes divinas aun cuando no se menciona la orden expresa.
(c) Se dice que el 3:12 es superfluo si pertenece a la misma narración que el 4:2. Pero esto de ninguna manera es así. El 3:12 hace un repaso de lo que está por suceder. Después del cruce, se repite la orden porque ha llegado el tiempo en que se debe cumplir. Para llevar esto a cabo, Josué repite las palabras exactas de la orden, lo cual es mucho más efectivo que una vaga alusión, tal como en el 4:4 (“los doce hombres los cuales había él ordenado”). El hecho de que no se mencione ningún cumplimiento de la orden en el 3:13-17, es una fuerte evidencia de la unidad del pasaje entero.
(4) 5:1-12. Los incidentes en Gilgal. La narración es una unidad. El versículo 2 (“en aquel tiempo”) se conecta con el y. 1, y los vv. 3-9 obviamente se están reflejando en el y. 2. El y. 10 continúa la narración y narra la observancia de la pascua. El y. 11 se conecta con el y. 10 (después de la pascua), y el y. 12 se conecta con el y. 11 (“fruto de la tierra”). Sin embargo, algunos críticos niegan esta hermosa unidad. Así por ejemplo, OR asigna a E, 5:2-3, 8-9; D, 5:1; P, 5:4-7, 10-12.
(5) 5:13-6:27. La captura de Jericó. El ángel de Jehová anima a Josué. Rodean a la ciudad por seis días, y luego la toman. Rahab se salva. La historicidad del evento lo prueba He. 11:30-31. (Véase JJ, págs. 145-147 para la confirmación arqueológica de la caída de Jericó. Cf. también 6:26 con 1 R. 16:34).
Pfeiffer cree que existen dos narraciones distintas de la caída de Jericó. Una en 6:3b, 4,6,; la otra en 6:3,5,7, 10, l6b, 17. Pero por siete días los guerreros debían marchar alrededor de la ciudad. Durante seis días debían hacer esto una vez al día, pero en el séptimo día debían hacerlo siete veces. Es obvio por ejemplo, que 3b se refiere a 3a. (Koh en este lugar se refiere a lo que le precede, como en el caso de Gn. 15:5). El versículo 5, también claramente se conecta con el y. 4, “tocarán las bocinas” (bimeshok). A menos que esto se refiera a los “sacerdotes” del y. 4 no tiene sentido.
(6) 7:1-26. El robo de Achán. Como en el caso de Jericó, Dios se había mostrado misericordioso para con Israel, en igual forma ahora en Hai, debido al pecado de Achán, manifiesta su justicia. El intercambio entre el singular y el plural en los versículos 25, 26, es solamente para mostrar la prominencia de Achán en el castigo. El apelar a esto como una evidencia de confusión, va más allá de lo conveniente.
(7) 8:1-35. La destrucción de Hai, vv. 1-29. Edificación del altar sobre el Monte Ebal, vv. 30-35. Muchos escritores hacen énfasis sobre la dificultad ocasionada por la mención de los 30,000 hombres a emboscarse en la noche, y en la siguiente mañana despachó a otros 5,000 al mismo lugar con el mismo propósito. Pero el orden de los acontecimientos parece haber sido el siguiente: Cuando Josué recibió la seguridad divina del buen éxito, escogió a 30,000 hombres (y. 3) y los envió (y. 9). También narra lo que él mismo hizo (y. 9b). En los vv. 10, 11 Josué comienza una narración detallada. Pasó revista a las tropas, y al acercarse a Hai, apartó a 5,000 para que se emboscaran. En otras palabras, el y. 9 es una declaración del resumen de la ejecución de la orden, cuyos detalles principian en el y. 10. Esto parece explicar el texto, pero admito que es extremadamente difícil. De cualquier manera, difícil como es, basándose en tal pasaje, no estamos justificados para concluir que esta sección es una recopilación de fuentes distintas.
Tampoco el 8:30-35 está mal colocado. Es cierto que Ebal está a cierta distancia de Hai-Bethel. Pero después de todo, la distancia era de sólo unas veinte millas y no hay razón para poner en duda la integridad del texto. Además, estos versículos tienen el estilo del resto. No poseen las características de una interpolación.
(8) 9:1-27. El engaño de los gabaonitas. Los versículos 1, 2 sirven para introducir los capítulos 9-11. Los gabaonitas, al obtener por medio de la astucia una alianza con Israel, son condenados a la servidumbre perpetua. El versículo 27 manifiesta la antigüedad del pasaje, ya que el sitio del templo no había sido aún designado.
(9) 10:1-43. La conquista del sur de Canaán. Josué primero derrota a los cinco reyes de Bet-oron, y luego se posesiona de las ciudades del sur. Keil consideraría al y. 12 como un versículo que contiene solamente una declaración poética y en favor de esto establece un buen caso. Pero los versículos parecen enseñar más bien que se había realizado un verdadero milagro. Sin embargo, es difícil decir cuál fue exactamente la naturaleza precisa del mismo. Evidentemente el día se prolongó. (Como introducción a este asunto, el lector debe consultar: E. W. Maunder: “Joshua’s Long Day”, en Journal of Transactions of Victoria Institute, Vol. LIII, 1921, págs. 120-148; R. D. Wilson: “What Does ‘The Sun Stood Still’ Mean?” PTR, Vol. 16, 1918, págs. 46-54).
Los versículos 12-14 forman un paréntesis, un extracto introducido aquí por el autor de Josué del libro de Jasher, con la excepción por supuesto, de la pregunta en medio del y. 13. Este era un libro antiguo y poético (cf. también 2 S. 1:18).
(10) 11:1-15. La conquista del norte de Canaán. En las aguas de Merom, Josué derrota a la confederación encabezada por Jabín, y se posesiona de sus pueblos. El Jabín de Jueces 4:2 es evidentemente un sucesor del que aquí se menciona.
(11) 11:16-12:24. Terminación de la conquista y lista de los reyes derrotados. El 11:16-23 da un repaso de toda la conquista. El 12:1-6 resume la derrota de los reyes del este del Jordán por Moisés, y el 12:7-24 es un sumario de la derrota de los reyes en Palestina por Josué. Ya que este capítulo contiene información que hasta ahora no se había dado, sirve como un apéndice necesario al 1-11, el cual es indispensable para completar la historia.

II. Josué 13:1-24:33. La distribución del territorio

(1) 13:1-7. Las ciudades que aún no han sido tomadas, y la orden de dividir la tierra entre las nueve tribus y media. Obsérvese que en los versículos 4-6, Sidón parece ser la principal ciudad fenicia, mientras que más tarde (aún en la época de Salomón), Tiro se convierte en la más importante. Esto es una evidencia de antigüedad.
(2) 13:8-21. Los territorios de las tribus orientales.
(3) 14:1-19:51. Los territorios de las tribus occidentales. Los territorios que han de distribuirse por suerte, 14:1-5; la petición de Cale, vv. 6-12; Josué da Hebrón a Caleb, vv. 13-15; la heredad de Judá, capítulo 15; la heredad de José, capítulos 16, 17; el tabernáculo edificado en Silo, 18:1; preparativos para la segunda distribución, 18:2-10; herencia de Benjamín, 18:11-28; Simeón, 19:1-9; Zabulón, vv. 10-16; Issachar, vv. 17-23; Aser, vv. 24-31; Neftalí, vv. 32-39; Dan, vv. 40-48; Josué recibe Timnath-sera, vv. 49-51.
En esta sección aparecen ciertas señales de antigüedad. En el capitulo 15, se menciona a los pueblos de Canaán con sus viejos nombres: y. 9, Baala, más tarde Quiriat-jearim; y. 49, Quiriat-sana, más tarde Debir; y. 54, Quiriat-arba después Hebrón. En el 16:10, los cananeos están en Gezer, pero en los tiempos de Salomón (1 R. 9:16) fueron destruidos por Faraón. En el 18:16, 28, es evidente que Jerusalén no es aún la capital de los israelitas.
Se han mencionado ciertas objeciones en contra de esta sección. Se dice que Bet-arabá está asignada a Judá (15:6), después a Benjamín (18:22), pero evidentemente, este desierto (15:61) estaba en la frontera. Por tanto, pudo haber pertenecido a ambos (en el 18:18 se le llama solamente Arabá), o de otra manera, se le asignó primero a Judá y más tarde se le dió a Benjamín. Por lo que toca a Bet-semes (Ir-semes en el 19:41), estaba en la frontera de Judá, y no se le dió a Dan, sino a los levitas (21:16). Ciertas ciudades, como por ejemplo, Tapúa, dentro del territorio de Manasés, se le asignó a Efraín. Existen varias razones para esto; sin embargo, esto no es evidencia de contradicción o de tradiciones opuestas.
Además, se alega que en algunos pasajes se dice que la heredad de los hijos de José es una (16:1; 17:14-18), mientras que en otros es doble (16:5, 8; l7:la). Esta objeción no tiene peso. Para que Manasés no se fuera a separar de Efraín, los descendientes de José sacaron una suerte. Sin embargo, inmediatamente se dividió su herencia (16:6-8). No existen tradiciones opuestas en este pasaje. Véanse los comentarios más antiguos (Calvino, Keil, y otros). Después de describir la frontera sur de José (16:1-3), se dice que la narración comienza de nuevo (16:4), y repite la descripción (16:5-8). Sin embargo, esto no es correcto. El versículo 4 es una declaración de resumen de los vv. 1-3. Sirve como una conclusión. El versículo 5 comienza entonces a especificar la frontera de Efraín. Esta descripción, (difícil como lo es) debe distinguirse sin embargo de la de los vv. 1-3.
(4) 20:1-9. Las ciudades de refugio.
(5) 21:1-45. Las ciudades para los sacerdotes y levitas.
(6) 22:1-34. Las dos tribus y media. Estas regresan a su tierra, y edifican un altar junto al Jordán.
(7) 23:1-24:33. Conclusión. Introducción al primer discurso de Josué, 23:1, 2. Le recuerda al pueblo los actos misericordiosos de Dios, vv. 3-13, y después hace un sumario de sus pensamientos, vv. 14-16. El capitulo 24:1-28 describe la renovación del pacto en Sichem, y los vv. 29-33 mencionan la muerte de Josué y de Eleazar.
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Una Introducción
al
Antiguo Testamento

por
Edward J. Young

Profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Teológico Westminster
Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

CAPÍTULO DIEZ


JOSUÉ

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