La Revelación de Jesucristo

Apocalipsis

por Gabriel Otero

Con el estudio de este apasionante libro, hemos llegado al final de nuestro viaje aéreo a través de la Biblia. Esta es nuestra última estación y con ella habremos cumplido con el propósito que nos impusimos al iniciarlo, es decir, llevar a nuestros lectores en un rápido viaje por toda la Biblia tratando de extraer de cada libro que la compone, el mensaje y la aplicación espiritual para nuestra vida.



Apooalipsis o Revelación, como dice la Biblia española, antigua versión de Casiodoro de Reina-año 1569. Revisada por Cipriano de Valera-año 1602. Para este nuestro último estudio, vamos a usar precisamente, por razones didáctica, esta versión que es anterior a la revisión 1960, la cual hemos estado usando hasta ahora.



Explicar el libro de Apocalipsis es por cierto una tarea bastante difícil, una tarea en la cual muchos hombres han intentado o tratado de hacerlo, pero sabemos que la interpretación del libro depende exclusivamente del punto de partida que adoptamos. Por lo tanto y en consideración de las diferentes interpretaciones que tenemos sobre este libro a través de la historia eclesiástica, nosotros vamos a hacer solamente algunas referencias generales para luego obtener una aplicación práctica de la verdad espiritual que encontramos en este libro.



Comencemos presentando al autor del libro el cual sin lugar a dudas es el apóstol Juan, puesto que Jesús le revela a este discípulo amado hechos que han de ocurrir en la historia humana en la cual estará involucrada muy particularmente la iglesia. Sin embargo el autor directo es Jesucristo ya que dice el Cap.1:1: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dió, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo." Notamos en este versículo que Jesucristo interviene directamente y le da a Juan la inspiración necesaria para escribir el libro. Ahora bien, el tema primordial del Apocalipsis diríamos que es: El conflicto moral a través de las edades. La figura central del libro es el Cordero que representa la persona de Cristo Jesús. Y el propósito espiritual es presentar a Jesús como el principio y el fin de todas las cosas. En el Cap.1:8, leemos así acerca de Jesús: "Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." Tenemos pues en este versículo que describe a Jesús, "el que era"; a Jesús, "el que es"; y a Jesús, "el que ha de venir". Y esto significa de que Jesús está en tiempo pasado, presente y futuro, y como dice aquí la Escritura él es el principio, el Alpha, y el fin, la Omega. (primera y última letra del alfabeto griego). Por eso hemos titulado al estudio de este libro bajo el propósito espiritual de: "Jesús, Jesús".

Bien, ahora vamos a mirar en el último capítulo de este libro, es decir, que no hemos de intentar explicar los detalles íntimos, detalles sinópticos del libro, pero sí vamos a tomar una lección muy práctica que encontramos en el último capitulo cuya explicación dividiremos en tres puntos: El primero, la última promesa; el segundo, la última invitación; y el tercero, la última advertencia. Vamos entonces a mirar con cuidado esta lección práctica respecto de Jesús, el que era, que es, y que ha de venir.



La última promesa la encontramos en el Cap.22:11: "El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es sucio, ensúciese todavía; y el que es justo, sea todavía justificado; y el santo sea santificado todavía." En otra palabra, encontramos que si morimos bajo las circunstancias expresadas en este versículo, vamos a sufrir las consecuencias de esta última promesa que el libro nos menciona. Vamos a tratar de explicar este concepto que a alguien se le puede presentar como cosa rara. Aquí se nos da a entender que si llegamos al cielo vamos a encontrar que allí no hemos de cambiar; aquí en la tierra las cosas pueden cambiar, nuestra posición de la vida puede cambiar, nuestra situación puede cambiar, pero las cosas alli no han de cambiar. El que es injusto sea injusto; aquel que hizo injusticia tendrá su injusticia como qué presentar a Dios. El que es sucio, tendrá que presentar su suciedad ante Dios. Y el que es justo, entonces será justificado de parte de Dios, y el que es santo, o sea el que es creyente será santificado eternamente. En otra palabra, es importantse que nosotros tengamos en cuenta nuestra estadía aquí en la tierra, pues en el cielo no podremos cambiar los resultados o consecuencias de nuestra vida. La justicia que Dios nos ha dado, su gracia y su salvación han de permanecer en el cielo intactas tal cual la hemos recibido. Pero si somos injustos y seguimos siéndolo, no seremos justificados delante de Dios, como dice Romanos Cap.5:1: "Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios..." Si no tenemos esa paz para con Dios perfectamente delineada en las Escrituras, en lugar de encontrarnos con un Padre eterno, un Padre amante, hemos de encontrarnos un Juez soberano que ha de ver nuestra injusticia. Pensemos pues en esta última promesa: en la manera en que morimos, es la manera en que apareceremos en el cielo. Dios lo promete y así será. Quizás alguna persona se pregunte: ¿Si yo muriera a dónde iré? ¿si yo muriera volveré a vivir? Fue la pregunta que Job se hizo (Job 14:14) y por supuesto que volverá a vivir. Pero no podremos cambiar en el cielo nuestra situación personal. Tal cual es nuestra relación aquí en la tierra, tal cual ha de manifestarse allí en los cielos. Por lo tanto es mejor entonces que arreglemos nuestra situación ahora y no después. ¿Nos damos cuenta por qué nosotros debemos presentar el evangelio con urgencia? ¿Nos damos cuenta por qué debemos insistir en que nuestra vida debe ser limpiada por el Cordero de Dios, que nuestra vida debe tener un arreglo personal con Dios? ¿Nos damos cuenta por qué nosotros debemos influenciar en el inconverso para que conozca al Dios de la Biblia? Indudablemente que sin el Espiritu de Dios no podrá conocerlo. Pero nosotros debemos tener sumo interés en que reconozca a ese Dios, que se exponga ante el Dios de la Biblia, para que como resultado de ello pueda encontrar en Jesucristo el medio de reconciliación para con Dios. Vemos entonces en la última promesa algo que nos habla en forma positiva: Hemos de enfrentar al Dios de la Biblia en la misma manera en que lo hemos tratado aquí en la tierra.

En segundo lugar, en el Vr.17, se nos habla de la última invitación hecha al ser humano. Dice así: "Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven." (el Espíritu es el Espíritu de Dios; la Esposa es la iglesia) Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiere, tome del agua de la vida de balde." Esta es la última invitación antes que los cielos sean instalados. La palabra de Dios nos dice que los que están en el cielo y el Espíritu de Dios, claman vivamente para que aquellos que no conocen a Dios, que no tienen a Dios, vengan a él. Ahora bien, fijémonos lo que este versículo dice: "El Espíritu y la Esposa dicen: Ven..." Para que tengamos bien claro en nuestra mente qué quiere decir la palabra Esposa, (observemos que la palabra Esposa está con mayúscula) leamos en la epístola a los Efesios Cap.5:32: "Este misterio grande es; (refiriéndose al del esposo y la esposa) mas yo digo esto con respecto a Cristo y a la iglesia." Es decir, cuando Pablo nos habla de la relación mutua entre el esposo y la esposa, él nos da a entender que esa relación mutua representa simplemente la iglesia de Cristo, la cual es llamada en la Biblia la Esposa de Cristo. Y aquí entonces el Señor a través de la invitación que Juan nos escribe, dice algo tremendamente positivo: "Y el Espiritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga;..." Aquí está la condición: Aquel que tiene sed de verdad, aquel que quiere conocer la verdad, aquel que quiera saber cuál es la verdad de Dios, tal persona debe venir a Dios. Debemos pensar bíblicamente y muy seriamente en este asunto, puesto que nosotros no tenemos otra cosa que una única esperanza: nuestra vida en los cielos. Pero es oportuno preguntarnos: ¿Hemos escuchado la invitación de Dios diciéndonos: Ven? Ninguna persona puede venir a Dios por sus propios medios, ninguna persona puede salvarse por sus propios medios o dando a otros dinero para pagar por su salvación. Tiene que haber escuchado el llamado de Dios que dice: Ven. Veamos un cuadro demostrativo de este llamado en el Evangelio según San Juan Cap.11. Cuando murió Lázaro y lo sepultaron, Jesús indicó que retiraran la piedra que cubría el sepulcro. Dicen los Vrs.41-43: "Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído. Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera." He aquí el poder de Dios, la invitación a la salvación. Por eso en este libro de Apocalipsis encontramos la última invitación. El Espíritu y la iglesia claman: Ven, Ven. ¿Lo hemos escuchado? ¿Hemos escuchado el llamado de Dios? ¿Hemos sentido el llamado poderoso de Dios como lo sintió Lázaro? Esta última invitación se encuentra expresada por las palabras de Jesús que dice: Ven, a través del Espíritu y del testimonio de la iglesia.



Finalmente encontramos la última advertencia. En los Vrs.18-19, leemos así: "Porque yo protesto a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro." Notamos que aquí tenemos la última advertencia a los cristianos y particularmente a aquellos que estudian la palabra de Dios. Miremos esta última advertencia en detalle. Lo primero que se nos dice es que no podemos añadir nada más a la palabra de Dios. Y tampoco vamos a tener otra revelación fuera de la palabra de Dios ya escrita, o sea más allá del Cap.22 del libro de Apocalipsis. No podemos decir fulano o mengano recibieron una inspiración de Dios y nos dan una nueva profecía acerca de la iglesia. No, porque dice aquí el Vr.18 que hemos leido, no podemos añadir nada más a las escrituras de este libro. Muchas personas piensan que a "este libro" se refiere al libro de Apocalipsis. No pensamos asi, pensamos que cuando la Escritura dice a "este libro", se refiere a la Biblia en su integridad. Pero supongamos que dijera a "este libro" y como este libro fue el último escrito, ¿no se aplica acaso esta verdad a toda la Biblia? Si quitásemos el Cap.22 de Génesis, ¿no estaríamos quitando un capítulo de la Biblia? Si quitamos el Cap.13 del Evangelio de San Mateo, ¿no estamos quitando un capítulo a Mateo y consecuentemente a toda la Biblia? ¿Nos damos cuenta del poder de las Escrituras? La última advertencia dice que no podemos tener una revelación nueva, no podemos añadir otra cosa a la revelación que Dios nos ha dado. Y con respecto al Vr.19, digamos que si alguien viniera y nos dijera, bueno, ya no podemos creer más en el libro de Jonás porque es pura mitología hebrea, diríamos entonces que tal persona no es creyente. Pues como dice aquí, no tendrá parte en el reino de los cielos si juega con la palabra de Dios. Debemos de estar atentos y sujetos a la palabra de Dios. Encontramos entonces que en el libro de Apocalipsis se cierra la Escritura con una última advertencia. Cuidado con decir "tengo una revelación de Dios y cuidado con quitarme la revelación de Dios", porque esas son señas de incredulidad.

Vamos a hacer un pequeño resumen de lo que hemos aprendido acerca de este libro. Dijimos que el tópico central y espiritual es que Jesús es el principio y fin de todas las cosas. Y en el Cap.22 saltando todos los detalles del libro, encontramos tres importantes notas para poder recordarlas. La última promesa: en la manera que morimos, es la manera en que apareceremos en el cielo. La última invitación: Dios dice: Ven. La última advertencia: No añadamos a la palabra de Dios, no pongamos "una milla extra" a lo que ya Dios ha dado. No hay una nueva revelación, excepto la que él nos ha dado con la cual ha cerrado su propio libro. Dios nos bendiga.


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